Sting jugó de local y le robaron el bolso

Después de superar un mal trago al saber que le habían robado un bolso durante la prueba de sonido, Sting brindó un recital en el que volvió a demostrar que su música supera todas las barreras y que mantiene el apoyo de los argentinos.

Buenos Aires, (Télam/Reuters).- Después de 3 años de ausencia, Sting cumplió su quinta visita a la Argentina con el concierto que ofreció en el estadio porteño de Vélez Sarsfield, donde unas 26 mil personas le concedieron al músico británico el certificado de artista local, aunque el cantante británico pasó un mal rato al enterarse que durante un ensayo le habían sustraído de su camarín un bolso con pertenencias personales.

«Sting se presentó el martes a las 15 en el estadio para una prueba de sonido. Cuando regresó a la media hora se dio cuenta que le faltaba del camarín un bolso con sus pertenencias», señaló Cecilia Barrieri, portavoz de la Policía Federal.

Media hora después, Gordon Matthew Summer -el nombre verdadero del artista- formalizó la denuncia en una comisaría cercana al estadio.

El caso fue caratulado como «hurto» por la policía, la que no proporcionó más detalles argumentando el secreto sumarial.

Así como Los Ramones, Iggy Pop, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat y ahora Lou Reed fueron adoptados por los argentinos como hijos dilectos, Sting demostró con su show que consigue cautivar a la gente desde un código que supera barreras idiomáticas y culturales.

Con clásicos de The Police entre los que se contaron «Roxanne» y «Message in a Bottle» y los temas más conocidos de su carrera solista como «Together», «Englisman» y «Magic», el vocalista y bajista inglés logró, apostando a lo seguro, que el público se emocionara, cantara, aplaudiera y riera (lo que no es poco en estos tiempos).

Abordando casi todos los géneros musicales desde una perspectiva personal y un tanto reiterativa, el artista, de 49 años, lució al frente de numerosa banda su voz y su imagen intactas.

El recital arrancó a las 21.40 en el marco de una noche apacible a la medida del show, frente a una colmada platea VIP que convirtió a la cancha en una suerte de teatro al aire libre, pero de esa sensación de confort y cercanía no pudieron disfrutar ni el resto del campo de juego, ni las plateas, ni la popular.

Una delegación de la Asociación de Abuelas de Madres de Plaza de Mayo -que previamente se reunieron con el músico en forma privada-, María Fiorentino y Silvina Chediek fueron algunas de las personalidades que formaron parte de un público que en su mayoría superaba los 30 años y exhibió sus deseos de recordar.

Las 22 canciones que integraron el set fueron ambientadas con una delicada puesta de luces que estampó diferentes formas sobre el telón de fondo del escenario.

A tono con la pulcritud del anfitrión, su sexteto se sumó con solidez al viaje musical que recaló en el jazz, el pop y el rock, dentro de una atmósfera marcadamente «cool». Durante unas dos horas de recital, Sting desplegó una versión experimental y alternativa de «Roxanne», «Set Them Free» y el hit radial «Magic», intercalados con temas no tan conocidos como «After the Rain», «Perfect Love», «Fill Her Up», «Bring on World» y «Brand New Day», a las que el público, fiel a su carácter condescendiente, no dejó de ovacionar.


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