Su pareja no puede entender cómo pasó
«Ojalá encuentren a los que hicieron esto, por Dios», manifestó entre lágrimas la pareja de Ana Zerdán, Juan Carlos Aguirre. Luego de declarar en la comisaría Judicial de esta ciudad, el hombre le dijo a «Río Negro» que no puede comprender lo que pasó. Aguirre trabaja como organizador de rifas a distintas instituciones, entre ellas, la Policía.
Apenas salió de declarar, el hombre manifestó que no puede entender qué sucedió. «La policía tiene varias hipótesis», reconoció.
Pero dijo que él no podía arriesgar ninguna. «Ana era buenísima». Aguirre fue quien encontró a Zerdán brutalmente asesinada en su laboratorio de análisis clínicos, ubicado en la calle San Martín 930.
Los investigadores lo sometieron a un amplio interrogatorio, e incluso secuestraron su vehículo, que anoche le fue devuelto.
«Servidora comunitaria»
Ana Zerdán era «una servidora comunitaria constante y permanente», fue la definición que dejó el diputado Hugo Medina, y que sintetiza muchos aspectos de la trayectoria social de la bioquímica asesinada ayer.
Zerdán había llegado a Cipolletti desde Salta en la década del 70 y su inserción en el hospital y entre los grupos más humildes fue inmediata. Su especial carácter le abrió las puertas de todas las capas sociales.
Desde la vicepresidencia de la Cooperadora del Hospital se movía a destajo y por su persistencia y tesón se lograron donaciones y apoyos.
El hospital, coinciden muchos, fue la segunda casa para la bioquímica Zerdán, porque además trabajaba en el laboratorio de ese centro de salud.
Su laboratorio privado también era «a puertas abiertas» y tanto allí como cuando tuvo otro local en la zona de los barrios «de cada 10 que iban pagaban tres», según se aseguró.
Su presencia militante en el comité radical le otorgó el espacio suficiente para una candidatura a concejal, y además integraba otras comisiones relacionadas con lo social. Colaboraba asimismo con la «Asociación Cipolletti», una entidad de relación indirecta con el radicalismo que organiza talleres con salida laboral.
Se la veía siempre, por lo menos tres veces por semana, por barrios muy carenciados, como Puente 83, Puente de Madera y otros .