Sueños no peronistas
Entre otras cosas, las elecciones legislativas del domingo pasado sirvieron para confirmar la hegemonía peronista, sobre todo en la provincia de Buenos Aires donde, sumadas, tres listas lideradas por compañeros obtuvieron más del 80% de los votos, pero así y todo tanto los es de suponer centroizquierdistas del aglomerado de radicales, socialistas y afines como los presuntamente derechistas de PRO se sintieron alentados por su propia cosecha hasta tal punto que todos creen que uno de sus jefes podría triunfar en el 2015. De los cinco presidenciables que figuran en los cálculos de quienes ya están pensando en la lucha por la sucesión, dos, el radical mendocino Julio Cobos y el socialista santafesino Hermes Binner, son considerados progresistas, mientras que otro, el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri, suele calificarse de conservador. Lo que tienen en común los tres es que no son peronistas o, cuando menos, no han militado en el movimiento multifacético que fue fundado por el general Juan Domingo Perón. Asimismo, apuestan a que las diferencias entre los kirchneristas, los massistas y los sciolistas continúen siendo tan grandes que el peronismo siga dividido y que el espectáculo indecoroso brindado por sus reyertas internas termine desprestigiando a todos los dirigentes. Prevén que en tal caso habría balotaje en las próximas elecciones presidenciales, lo que daría a un candidato no peronista la posibilidad de ganar. A pesar de protagonizar una serie impresionante de catástrofes políticas y económicas que han depauperado a muchos millones de personas, los peronistas han sabido aprovechar sus propios fracasos desdoblándose, para que la alternativa a un gobierno surgido de su propio movimiento no sea uno formado por un partido opositor o una coalición sino otro de origen peronista. Es lo que está ocurriendo en la actualidad. Hasta ahora, por lo menos, los más beneficiados por los errores cometidos por el gobierno peronista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no han sido los dirigentes radicales, socialistas o conservadores, como sería el caso si la Argentina fuera un país democrático “normal”, sino disidentes peronistas, en esta ocasión liderados por Sergio Massa. Aunque el intendente de Tigre parece representar una corriente ajena a la encabezada por Cristina y los “militantes” que la rodean, no cabe duda de que es un producto de la misma cultura política. Puede entenderse, pues, el escepticismo de quienes ven en él un oportunista respaldado por peronistas conscientes de que, a menos que su movimiento experimente una de sus mutaciones periódicas, perderían el poder al que se han acostumbrado. Lo mismo que los políticos del frente porteño Unen que, en la campaña previa a las PASO, aprovecharon las vicisitudes de su propia interna para acumular más votos a costa del PRO –el que, para decepción de Elisa Carrió, los recuperó el domingo pasado–, los peronistas saben muy bien cómo sacar provecho de las divisiones. En la provincia de Buenos Aires, muchos ciudadanos que en otras circunstancias hubieran votado por un radical, izquierdista o conservador, decidieron votar por Massa por tratarse de la forma más eficaz de incomodar a Cristina. Mal que bien, en nuestro país la polarización interna suele ser una auténtica máquina de fabricar mayorías electorales para un movimiento que sea lo bastante flexible como para permitirse tal lujo. Por lo demás, a los perdedores peronistas coyunturales no les será difícil trasladarse al campo de los ganadores: todos forman parte de la misma familia, por decirlo así, se guían por los mismos códigos y por lo tanto están habituados a reincorporar a sus filas a los pasajeramente extraviados. En el peronismo rige una variante implícita de la ley de lemas, de suerte que siempre habrá un lugar para aquellos compañeros que, como Massa, optan a tiempo por oponerse a un liderazgo en vías de agotarse. Desde hace varios meses Massa está tentándolos a abandonar a Cristina. Su voluntad de darles una bienvenida amistosa ha sido elogiada por quienes lo felicitan por su amplitud de miras, como si se tratara de algo novedoso, no de una modalidad ya tradicional que a través de los años ha contribuido a hacer del peronismo un movimiento capaz de fortalecerse a base de desastres que destruirían a agrupaciones más exigentes.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Viernes 1 de noviembre de 2013
Entre otras cosas, las elecciones legislativas del domingo pasado sirvieron para confirmar la hegemonía peronista, sobre todo en la provincia de Buenos Aires donde, sumadas, tres listas lideradas por compañeros obtuvieron más del 80% de los votos, pero así y todo tanto los es de suponer centroizquierdistas del aglomerado de radicales, socialistas y afines como los presuntamente derechistas de PRO se sintieron alentados por su propia cosecha hasta tal punto que todos creen que uno de sus jefes podría triunfar en el 2015. De los cinco presidenciables que figuran en los cálculos de quienes ya están pensando en la lucha por la sucesión, dos, el radical mendocino Julio Cobos y el socialista santafesino Hermes Binner, son considerados progresistas, mientras que otro, el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri, suele calificarse de conservador. Lo que tienen en común los tres es que no son peronistas o, cuando menos, no han militado en el movimiento multifacético que fue fundado por el general Juan Domingo Perón. Asimismo, apuestan a que las diferencias entre los kirchneristas, los massistas y los sciolistas continúen siendo tan grandes que el peronismo siga dividido y que el espectáculo indecoroso brindado por sus reyertas internas termine desprestigiando a todos los dirigentes. Prevén que en tal caso habría balotaje en las próximas elecciones presidenciales, lo que daría a un candidato no peronista la posibilidad de ganar. A pesar de protagonizar una serie impresionante de catástrofes políticas y económicas que han depauperado a muchos millones de personas, los peronistas han sabido aprovechar sus propios fracasos desdoblándose, para que la alternativa a un gobierno surgido de su propio movimiento no sea uno formado por un partido opositor o una coalición sino otro de origen peronista. Es lo que está ocurriendo en la actualidad. Hasta ahora, por lo menos, los más beneficiados por los errores cometidos por el gobierno peronista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no han sido los dirigentes radicales, socialistas o conservadores, como sería el caso si la Argentina fuera un país democrático “normal”, sino disidentes peronistas, en esta ocasión liderados por Sergio Massa. Aunque el intendente de Tigre parece representar una corriente ajena a la encabezada por Cristina y los “militantes” que la rodean, no cabe duda de que es un producto de la misma cultura política. Puede entenderse, pues, el escepticismo de quienes ven en él un oportunista respaldado por peronistas conscientes de que, a menos que su movimiento experimente una de sus mutaciones periódicas, perderían el poder al que se han acostumbrado. Lo mismo que los políticos del frente porteño Unen que, en la campaña previa a las PASO, aprovecharon las vicisitudes de su propia interna para acumular más votos a costa del PRO –el que, para decepción de Elisa Carrió, los recuperó el domingo pasado–, los peronistas saben muy bien cómo sacar provecho de las divisiones. En la provincia de Buenos Aires, muchos ciudadanos que en otras circunstancias hubieran votado por un radical, izquierdista o conservador, decidieron votar por Massa por tratarse de la forma más eficaz de incomodar a Cristina. Mal que bien, en nuestro país la polarización interna suele ser una auténtica máquina de fabricar mayorías electorales para un movimiento que sea lo bastante flexible como para permitirse tal lujo. Por lo demás, a los perdedores peronistas coyunturales no les será difícil trasladarse al campo de los ganadores: todos forman parte de la misma familia, por decirlo así, se guían por los mismos códigos y por lo tanto están habituados a reincorporar a sus filas a los pasajeramente extraviados. En el peronismo rige una variante implícita de la ley de lemas, de suerte que siempre habrá un lugar para aquellos compañeros que, como Massa, optan a tiempo por oponerse a un liderazgo en vías de agotarse. Desde hace varios meses Massa está tentándolos a abandonar a Cristina. Su voluntad de darles una bienvenida amistosa ha sido elogiada por quienes lo felicitan por su amplitud de miras, como si se tratara de algo novedoso, no de una modalidad ya tradicional que a través de los años ha contribuido a hacer del peronismo un movimiento capaz de fortalecerse a base de desastres que destruirían a agrupaciones más exigentes.
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