Sumar y restar

Quiroga concretó su lanzamiento con muchas adhesiones. Pero a veces tener a todos es como tener a ninguno. Rioseco ahora está requerido por quiroguistas y kirchneristas. Aunque solo tampoco puede ganar.

Por Redacción

DOMINGO A DOMINGO

La oposición es un caldero caliente donde se cocina un guiso cuya consistencia nadie conoce aún. Apremiados por la aceleración de los tiempos políticos que Sapag provocó según su antojo, los comensales ya se han puesto la servilleta pero ninguno sabe todavía qué lugar ha de ocupar en el banquete, ni siquiera si alcanzará a sentarse a la mesa.

Sapag ha dicho que adelantará las elecciones a «mayo o junio», pero todos sospechan que mayo es mucho, que el plan es dejarlos pedaleando sin tiempo para nada y que las hará en abril.

Por eso, aunque la verdadera bandera de largada es el 30 de noviembre, cuando se sepa el resultado de la interna del MPN, esta semana toda la oposición -Quiroga, Rioseco, el Frente para la Victoria y los radicales- se lanzó al ruedo.

Quiroga concretó su lanzamiento en un acto en el que sumó adhesiones variopintas, desde Mauricio Macri a Mirta Tundis, pasando por Sergio Massa, Julio Cobos y José Manuel de la Sota. Todo eso es mucho, demasiado; con tantos y tan disímiles amigos la suma algebraica puede dar cero.

El hecho de que el intendente haya elegido para su fasto un casino habla mucho de sus expectativas y de los sectores a los que intenta seducir. También, de la decisión de no andarse con rodeos, de decir lo que piensa y lo que quiere aunque eso suene inconveniente; aunque a algunos no les guste y a otros que sí les gusta prefieran ocultarlo.

Claro que Quiroga y quienes lo asesoran saben que el guiso, para resultar exitoso, necesita de otros condimentos. De ahí que, sin disimular su cuño conservador y anti «populista» (¿antipopular?), el discurso de «Pechi» se centró en denostar al gobernador, su partido y la «familia gobernante». A esos a quienes sus asesores le han prometido «desalojar del poder luego de 50 años» con una receta tan áspera como audaz.

Para que se entienda mejor: la nueva ley de hidrocarburos es, según da a entender Quiroga, una calamidad que carga en la cuenta de Sapag y su partido, y no tanto sobre las espaldas del gobierno nacional, a quien también detesta (por lo menos de palabra) pero se preocupa de dejar una puerta entornada.

¿Por qué todo esto?

Perón decía que para hacer guiso de liebre primero hay que conseguir la liebre. Y en la oposición nadie está convencido de que efectivamente la tiene. Por eso, y como el objetivo es barrer al MPN, nadie puede descartar a ninguno y Quiroga ni siquiera al FpV.

Otro ejemplo es la molestia que «Pechi» se tuvo que tomar esta semana para ir a saludar en su propio rancho a Ramón Rioseco. Luego de bajarle el precio con incontables desaires cada vez que éste le proponía una alianza, Quiroga se ha lanzado ahora a capturarlo para su juego.

La cuestión es sencilla, el intendente neuquino todavía piensa que va arriba y que no le daría una interna a su par de Cutral Co ni loco. Pero aun así se da cuenta de que lo necesita para la fórmula si quiere asegurarse alguna posibilidad de éxito. Y eso es así gane Sobisch o Gutiérrez la interna del oficialismo. Para Quiroga -para todos, bah- si es el primero es mejor porque presenta más flancos, pero igual necesita una alianza para no quedarse con las ganas.

A Rioseco le pasa algo parecido. Aunque tuvo su minuto de gloria esta semana cuando kirchneristas y quiroguistas se lo disputaron en el acto por el aniversario de Cutral Co, Ramón sabe que sin Quiroga no llega. Claro que ahora los papeles se han invertido y «Pechi», que por lo visto creía que lo iba a comprar al final y rebajado, ahora corre detrás suyo. Y el homenajeado se entusiasma pensando que, ahora sí, tal vez será él quien vaya primero.

El Frente para la Victoria también se agita detrás del cronómetro que echó a andar Sapag. Además de ofrecer una interna abierta en febrero a sus aliados, esta semana mandó a todos sus intendentes a rodear a Rioseco. El intendente de Cutral Co es una figurita difícil pero sin él el FpV puede salir tercero.

El jueves Parrilli reunió a la tropa neuquina en la Rosada. Les comunicó que no será candidato a gobernador y que el hombre del PJ será Bertoldi.

Pero planteó la necesidad de llevar también a Rioseco a una interna, cuestión de tener posibilidades reales, poco importa quién vaya arriba. Eso aunque al final de cuentas, como es uso y costumbre en la política criolla, no haya tal interna y decidan las encuestas.

¿Será eso todo? ¿Se contentará el FpV con meter a Rioseco en el corralito o estará dispuesto a tragar el sapo de arreglar con Quiroga?

En más de una oportunidad durante los últimos años, el gobierno nacional ha resignado la posibilidad de pujar por el poder en la provincia y se ha contentado con tener un aliado -o algo parecido- al timón. Pero esta vez puede ser diferente, y en todo caso todos los protagonistas saben que eso va a depender en buena medida del resultado de la interna oficialista.

En este tren de cosas Rioseco, requerido como está, siente que debe dilatar todo lo posible cualquier decisión porque, a diferencia de lo que ocurría antes, ahora el tiempo juega a su favor, y eso vale tanto para Quiroga como para el kirchnerismo.

Claro que en este juego compulsivo y audaz en que se ha convertido la política -como el del casino donde se largó Quiroga- un solo error basta para quedar afuera.

Además, en política dos más dos no siempre es cuatro y por más que unos y otros propongan colocar la elección provincial bajo un «paraguas» que la mantenga al margen de la puja nacional y les permita adoptar el pragmatismo más descarado, ganarle al MPN no es la panacea universal.

Inclusive, aunque muchos no lo crean, la gente tiene su forma de ver el mundo y así como algunos dejarían de votar por Quiroga si fuera abrazado con Rioseco, otros no harían menos en la hipótesis opuesta.

Por Héctor Mauriño