Tandil, el paraíso encontrado de Boca
El ‘xeneize’ hace allí su décima pretemporada
La Posada de los Pájaros, en Tandil. Fue el lugar donde Bianchi armó, en un crudo invierno de 1998, su primer gran Boca campeón. Varios años después le llegó el turno a Basile, también en otro invierno. Y el Coco armó su Boca campeón. Tres vueltas olímpicas, dos sudamericanas y una local, completaron un semestre inolvidable. “Bien, bien. Vamos muchachos”, se escuchó por todo Tandil. Eran las arengas de Alfio Basile para sus dirigidos. Vestido de short y remeras azules, con una gorra diferente a las que venía usando, el entrenador obliga a no relajarse, ni dormirse en los laureles. Ya no están ni Rolando Schiavi, ni Diego Cagna, pero siguen históricos como Guillermo Barros Schelotto, Martín Palermo o Roberto Abbondanzieri. Y no se quedan atrás los nuevos ídolos, como Rodrigo Palacio o Daniel Bilos, quienes junto a los chicos de la casa, como Fernando Gago, se preparan para un semestre raro para Boca, porque después de seis años no jugará la Copa Libertadores. “Las expectativas de esta pretemporada son las de siempre, aunque tengo claro que mi presente no es el mismo, pero sí las ilusiones de lograr muchas cosas se mantienen”, dijo Fernando Gago. Después de trabajar el sábado por la tarde bajo una persistente lluvia, ayer salió el sol y los dirigidos por Basile comenzaron con los ejercicios en triple turno. A buen tiempo mejor cara. A las 7.30 comienza el primer turno. Luego un pequeño refrigerio en la Posada y otra vez a correr. Al mediodía sólo queda tiempo para almorzar y descansar, esperando que a la tarde Basile tenga piedad, le saque la batuta a su preparador físico, Carlos Dibos, para que la pelota comience a girar. Cuando parecía que la ida de Bianchi iba a ser una larga pesadilla de la que Boca no podría despertar, apareció Diego Maradona para bajarle el pulgar a Julio César Falcioni y contra todos, apostó todo por Basile. Está claro que Maradona no lo hizo sólo por una cuestión de amistad, sino que lo hizo con hechos fundados. El tiempo le dio la razón. Ya nadie pone en duda al ex entrenador de la selección. “Vamos muchachos”, se escucha a kilómetros de distancia el vozarrón de Alfio Basile, mientras sus jugadores dejan el alma en cada práctica, en cada carrera, en cada pique corto. Es que saben deben seguir haciendo historia, como hasta ahora, como siempre.
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