“TC, policías buenos… policías malos”
El viernes 1 de marzo fuimos con tres amigos a la carrera de Turismo Carretera de Centenario. Todo bastante bien hasta el sábado a la tarde, que comencé a tener problemas con mi presión arterial (presión alta). Hacia la una de la madrugada del domingo, mi presión era muy alta y, con la compañía de dos de mis amigos, salimos a recorrer el autódromo en busca de una ambulancia o algún lugar de atención médica. Para nuestra sorpresa no encontramos nada en la zona destinada al público o por lo menos no estaba a mano o señalizada. Fue así que nos dirigimos a un puesto policial ubicado a unos 500 metros de donde estábamos instalados y nos encontramos con un grupo de policías tomando mate y charlando. Saludé al conjunto, sin retribución, y me dirigí al que parecía ser el de mayor grado. Le expliqué mi situación y le pedí si me podía solicitar una ambulancia. Mirándome de mala manera, hizo una llamada de mala gana. Para esto mi estado de salud empeoraba a cada instante. Le volví a preguntar si venía la ambulancia y no me contestó ni que sí ni que no. Yo estaba cada vez peor, temblaba como una hoja al viento. Por suerte, a pocos metros había otros agentes de policía con un joven oficial al mando que, al ver mi situación, en un noble gesto me acercaron algo para sentarme y un vaso de agua, además uno de ellos se sacó la campera y me abrigó la espalda. Para todo esto los “chicos malos”, con soberbia junto al inhumano oficial, seguían en lo suyo como si nada. Le pregunté el nombre al oficial y se negó a dármelo. Por suerte el oficial de los “chicos buenos” se comunicó con el subcomisario Pizarro, encargado del operativo de seguridad en el autódromo, el cual ordenó que con un móvil me acercaran hasta la salida del autódromo para esperar allí la ambulancia del hospital de Centenario, que había solicitado el mismo Pizarro. El oficial de los “chicos buenos” se dirigió al chofer del móvil policial y le comunicó lo que había dicho Pizarro para que me llevara a la salida. Este agente, que estaba en medio de una animada charla con una mujer policía, dijo que “él no llevaba a nadie”. Ante la negativa, el oficial de los “chicos buenos” y un ayudante pusieron su propio vehículo particular para llevarme hasta la salida. Hecho esto y cuando llegó la ambulancia, ya en la salida del autódromo, vemos que llega el oficial de los “chicos malos” en moto y comienza a increpar al oficial de los “chicos buenos” delante de todos nosotros. Por suerte, después de este episodio, pude seguir casi con normalidad el espectáculo deportivo. Luego de lo sucedido, me caben estas reflexiones: • El oficial y el chofer del móvil policial, son unos inhumanos. Eso que ellos hicieron, a mi humilde entender, es abandono de persona, faltando a sus deberes de bregar por el bienestar de la población. • Además, para ir a increpar al oficial de los “chicos buenos” a la salida del autódromo, sí tenía vehículo y voluntad, pero para asistir a un ciudadano en apuros no. • Los organizadores de la prueba les están faltando el respeto a los miles de espectadores que, a pesar de pagar una entrada, no tenemos acceso a ningún tipo de asistencia sanitaria y, si la había, estaba mal ubicada o no se la señalizó. Deseo agradecer públicamente y de corazón a los policías buenos y a su joven oficial por la predisposición a ayudar. Al personal de la ambulancia y al de la Guardia del hospital de Centenario por su profesionalismo y humanidad. Y a mis amigos, por el acompañamiento. Todos ennoblecen esto de vivir en comunidad. Por otro lado espero que el subcomisario Pizarro o los superiores a los que les corresponda tomen cartas en el asunto y disciplinen al oficial, al chofer del móvil y a los malos policías que con su actitud sólo desprestigian y manchan el uniforme que usan. Juan Carlos Barbato, LE 7.367.428 Allen
Juan Carlos Barbato, LE 7.367.428 Allen
El viernes 1 de marzo fuimos con tres amigos a la carrera de Turismo Carretera de Centenario. Todo bastante bien hasta el sábado a la tarde, que comencé a tener problemas con mi presión arterial (presión alta). Hacia la una de la madrugada del domingo, mi presión era muy alta y, con la compañía de dos de mis amigos, salimos a recorrer el autódromo en busca de una ambulancia o algún lugar de atención médica. Para nuestra sorpresa no encontramos nada en la zona destinada al público o por lo menos no estaba a mano o señalizada. Fue así que nos dirigimos a un puesto policial ubicado a unos 500 metros de donde estábamos instalados y nos encontramos con un grupo de policías tomando mate y charlando. Saludé al conjunto, sin retribución, y me dirigí al que parecía ser el de mayor grado. Le expliqué mi situación y le pedí si me podía solicitar una ambulancia. Mirándome de mala manera, hizo una llamada de mala gana. Para esto mi estado de salud empeoraba a cada instante. Le volví a preguntar si venía la ambulancia y no me contestó ni que sí ni que no. Yo estaba cada vez peor, temblaba como una hoja al viento. Por suerte, a pocos metros había otros agentes de policía con un joven oficial al mando que, al ver mi situación, en un noble gesto me acercaron algo para sentarme y un vaso de agua, además uno de ellos se sacó la campera y me abrigó la espalda. Para todo esto los “chicos malos”, con soberbia junto al inhumano oficial, seguían en lo suyo como si nada. Le pregunté el nombre al oficial y se negó a dármelo. Por suerte el oficial de los “chicos buenos” se comunicó con el subcomisario Pizarro, encargado del operativo de seguridad en el autódromo, el cual ordenó que con un móvil me acercaran hasta la salida del autódromo para esperar allí la ambulancia del hospital de Centenario, que había solicitado el mismo Pizarro. El oficial de los “chicos buenos” se dirigió al chofer del móvil policial y le comunicó lo que había dicho Pizarro para que me llevara a la salida. Este agente, que estaba en medio de una animada charla con una mujer policía, dijo que “él no llevaba a nadie”. Ante la negativa, el oficial de los “chicos buenos” y un ayudante pusieron su propio vehículo particular para llevarme hasta la salida. Hecho esto y cuando llegó la ambulancia, ya en la salida del autódromo, vemos que llega el oficial de los “chicos malos” en moto y comienza a increpar al oficial de los “chicos buenos” delante de todos nosotros. Por suerte, después de este episodio, pude seguir casi con normalidad el espectáculo deportivo. Luego de lo sucedido, me caben estas reflexiones: • El oficial y el chofer del móvil policial, son unos inhumanos. Eso que ellos hicieron, a mi humilde entender, es abandono de persona, faltando a sus deberes de bregar por el bienestar de la población. • Además, para ir a increpar al oficial de los “chicos buenos” a la salida del autódromo, sí tenía vehículo y voluntad, pero para asistir a un ciudadano en apuros no. • Los organizadores de la prueba les están faltando el respeto a los miles de espectadores que, a pesar de pagar una entrada, no tenemos acceso a ningún tipo de asistencia sanitaria y, si la había, estaba mal ubicada o no se la señalizó. Deseo agradecer públicamente y de corazón a los policías buenos y a su joven oficial por la predisposición a ayudar. Al personal de la ambulancia y al de la Guardia del hospital de Centenario por su profesionalismo y humanidad. Y a mis amigos, por el acompañamiento. Todos ennoblecen esto de vivir en comunidad. Por otro lado espero que el subcomisario Pizarro o los superiores a los que les corresponda tomen cartas en el asunto y disciplinen al oficial, al chofer del móvil y a los malos policías que con su actitud sólo desprestigian y manchan el uniforme que usan. Juan Carlos Barbato, LE 7.367.428 Allen
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora