“Teología de la Liberación”
El pasado 14 del corriente, en la página 23 del “Río Negro”, apareció un artículo sin firma donde se menciona que “el papa Francisco recibió al creador de la Teología de la Liberación”. Y en el que dice: “El creador de la corriente marxista de la Iglesia Católica, la Teología de la Liberación…” Al respecto siento el deber de expresar que respeto sinceramente la doctrina marxista y, aunque no la comparto, sí entiendo que es un aporte –como tantos otros– al análisis de la realidad histórica. Con la misma sinceridad quiero afirmar que es totalmente falso que la Teología de la Liberación se nutra de la doctrina marxista. Que haya habido coincidencias en sus maneras de reflexionar no quiere decir que haya nacido o crecido vestida de marxismo, por lo tanto es un grave error decir que ahora “reaparecería despojada del marxismo propio de la época en la que surgió”. La Teología de la Liberación, desde su concepción original y su interpretación a lo largo del tiempo, siempre se ha enraizado en la más estricta doctrina de la Iglesia Católica contenida en el Evangelio de Jesús. Desde su encarnación hasta su andar como palabra de Dios padre dicha cotidianamente en los caminos de la Galilea, es la auténtica raíz de la Teología de la Liberación. Y ésta nunca ha sido condenada ni rechazada por la Iglesia. Que no le haya gustado a algunos hombres y mujeres de la institución, incluso a miembros de la curia vaticana, no quiere decir que estuviera condenada. Que haya habido intervenciones preocupadas y preocupantes por altos miembros de la jerarquía eclesiástica en varias partes del mundo, y en el mismo Vaticano, no quiere decir que esta teología fuera rechazada por la Iglesia. Que alguna persona, creyente o no, la haya malinterpretado o mezclado con ideologías extrañas a nuestra manera de creer, no quiere decir que ésa sea la Teología de la Liberación. Ciertamente hay hombres y mujeres, muchos de ellos creyentes, algunos de sotana, casi todos siempre cercanos al poder político y especialmente económico, que han tratado de desprestigiar, confundir e intentar condenar esta teología. El hecho de que esta reflexión teológica parta desde la realidad de los pobres como “lugar” desde donde se hace teología, inquieta muchas veces a tantos que les interesaría que el pobre sea objeto de ayuda por su necesidad y no sujeto de derechos que casi siempre le son negados. Que una teología tome al pobre y lo ponga, en su identificación con Cristo, como esa presencia real del Jesús que nos compromete, muchas veces incomoda a quien considera la práctica religiosa como un accionar del alma que garantiza el cielo, y no una manera de amar la tierra con todos sus seres, especialmente al ser humano y de manera preferencial al pobre, para que esta manera de asumir la vida se prolongue para siempre. Y esto es desde el amor de Jesús, por eso constituye materia propia de toda teología, no sólo de la llamada “de la Liberación” porque, en definitiva, ella debe ser de “liberación” porque si no, no sería teología cristiana, sería un darle la razón a la conocida afirmación: “La religión es el opio de los pueblos”. No soy teólogo, pero sí creyente. Y como tal sentí el deber, por amor a la verdad, de compartir esta aclaración porque guardar silencio sería avalar el grave error expresado en la nota periodística citada. Rubén Capitanio, DNI 5.222.846 Centenario
Rubén Capitanio, DNI 5.222.846 Centenario