Tiempo de incertidumbre

Por Redacción

Entre otras cosas, el desplome socioeconómico de más de una década atrás convenció a buena parte de la ciudadanía de que los economistas llamados “ortodoxos” no sabían nada y que por lo tanto sería mejor no prestar atención a sus advertencias sobre las consecuencias a largo plazo de la estrategia voluntarista elegida por el gobierno kirchnerista. Y, en efecto, durante mucho tiempo el vigoroso crecimiento macroeconómico, atribuible al “viento de cola” que soplaba con fuerza desde China y al ajuste fenomenal que, sin habérselo propuesto, llevó a cabo el gobierno del presidente interino Eduardo Duhalde, pareció justificar tal postura. Con todo, últimamente la situación así supuesta ha cambiado mucho. La inflación y las medidas draconianas tomadas por el gobierno para frenar el éxodo de capitales y para obstaculizar la entrada de importaciones, además de los problemas energéticos, hacen pensar que el temido “largo plazo” ya ha llegado y que en los próximos meses el país comenzará a pagar un precio elevado por el boom de consumo que disfrutó antes de las elecciones de octubre del 2011. El turismo, una actividad que el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner –ella misma dueña de un hotel– siempre ha privilegiado, está brindando un síntoma de la desconfianza que se ha difundido por todo el país. Los operadores turísticos locales festejaron el cepo cambiario porque suponían que beneficiaría mucho a los balnearios de la costa atlántica y a las sierras de Córdoba, pero ya les parece evidente que se equivocaban. Para disgusto de quienes habían previsto que, debido a lo difícil que les sería conseguir monedas extranjeras, los habituados a aprovechar las vacaciones de verano para visitar Uruguay, Brasil o el Caribe, en esta oportunidad optarían por ir a localidades en el país, la primera fase de la temporada ha sido muy decepcionante. No ha aumentado la cantidad de turistas y, según los empresarios del sector, la mayoría procura reducir al mínimo sus gastos. Según algunos, la causa de la merma que se ha detectado podría encontrarse en las deficiencias de la oferta, pero es más lógico imputarla al cambio de clima social que se registró en los últimos meses del año pasado y que desde entonces no ha dejado de agravarse. Luego de casi una década signada por la confianza en el futuro inmediato, muchos han comenzado a sentir que “el modelo” socioeconómico reivindicado por la presidenta Cristina tiene los días contados; que, una vez más, la negativa del gobierno de turno a modificar el rumbo significaría que tarde o temprano la economía se precipitaría en una crisis sumamente grave. Así las cosas, puede entenderse la cautela de quienes, en otras circunstancias, gastarían mucho dinero en un lugar turístico. Por desgracia, la falta de confianza en las perspectivas económicas frente al país dista de ser un fenómeno meramente psicológico, una cuestión de expectativas que un gobierno astuto podría manejar, como intentaba el entonces presidente Néstor Kirchner cuando ordenó al Indec confeccionar estadísticas destinadas a hacer pensar que la inflación no planteaba un problema significante. Se debe a hechos concretos que no se prestan tan fácilmente a la manipulación. El dólar “blue” se ha alejado mucho del oficial. Se ha ampliado tanto la brecha entre la inflación del Indec, del 10,8% anual –una tasa que ya estaría entre las más altas del planeta pero que, conforme a las generosas pautas locales, parece muy baja–, por un lado y, por el otro, la medida por consultoras privadas avaladas por legisladores opositores y por los sindicatos, del 25,6%, que no habrá forma de remediar el desaguisado que se ha producido. Asimismo, la caída estrepitosa de las inversiones, combinada con la intensificación de la presión impositiva, hace prever que sectores cada vez más extensos de la población se verán afectados por el desempleo y por la reducción del poder adquisitivo que, desde luego, tendría un impacto muy negativo en el consumo que, según los economistas gubernamentales, es el principal motor del “modelo” kirchnerista. Así las cosas, no es demasiado sorprendente que la incertidumbre que tantos sienten se haya visto reflejada en el turismo, una actividad que por su naturaleza depende mucho del estado de ánimo de los integrantes de la clase media nacional.


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