Tradición e identidad en la música de Alarcón
El cantante de Chos Malal difunde los sonidos y las vivencias del norte neuquino
CHOS MALAL (ACHM).-Décimas, tonadas y cuecas, forman parte del acervo cultural del norte neuquino. Atilio Alarcón es uno de los cantores populares que pretende que no se pierda la tradición que al igual que muchas cantoras y cantores han heredado de sus padres y abuelos.
Este músico que el viernes pasado presentó su trabajo «Astillas del mismo palo» al referirse a la música genuina de la zona norte dice en sus canciones: «éste es el canto neuquino, el que cantan las cantoras las que son animadoras de nuestras fiestas camperas, que cantan noches enteras, divirtiendo al paisanaje llevando un vivo mensaje con encendidos cogollos».
Atilio Alarcón tiene 49 años y desde los 10 se ha dedicado a cultivar el canto popular que en los últimos años le ha posibilitado realizar cuatro grabaciones, dos de ellas en compañía de su hija Janet Alarcón de 18 años. Ellas son «Por las huellas del criancero», «Al corazón de mi gente» e «Identidad con sentimiento neuquino».
«Astillas de un mismo palo» es la última y la presentación la hizo el viernes. La mayoría de las composiciones le pertenecen, pero además cuenta con temas de Luisa Calcumil y Marcelo Berbel.
Las canciones y el canto popular «es la herencia de nuestros antepasados» indica Alarcón al referirse a su madre Teresita Castillo . «Argentino como el mate, neuquino y a pura cepa, se mi parió una cantora, cómo no cantarte cueca…», señala.
Cantor de calladitos, cuecas y tonadas, Atilio inculca a su familia la importancia de continuar con la tradición y es así que además de Janet, su hija Ailén también aspira a convertirse en una cantora popular pese a su corta edad, al igual que su sobrina Patricia.
El trabajo de Atilio por «defender nuestra identidad» es también el de muchos pobladores de la región que a través de eventos, recopilación de materiales, participación en las fiestas populares y difusión tratan de rescatar a las cantoras del norte neuquino.
«Atizando el fuego» es un programa radial, que se emite por LRA 52 Radio Nacional Chos Malal, en el que Atilio desde hace quince años refleja el compromiso con la identidad de la región.
«Uno está siempre tentado de cantar chacareras, zambas y chamamé además de los corridos y rancheras que tanto alegran a nuestros paisanos. Música proveniente de distintas culturas que se han afincado en la zona, pero tenemos que mostrar nuestro folclore e ir enseñando para que esto no se pierda».
Indicó que si bien tiene un parecido con la música de Chile, la cueca y la tonada del norte neuquino «es auténtica y típica de los campesinos del norte provincial».
En sus trabajos se refleja la idiosincrasia de la gente de la zona norte, sus costumbres y creencias, pero además la situación social y la desocupación.
«Sabe estoy sin trabajo, usted entiende como es eso, llegar a soñar con un peso, hablar solo y por lo bajo, sentir el hambre carajo y enfrentarse cada día con la indiferencia fría de los que viven mejor sintiendo como el peor si me han quitado hasta la hombría», dice una de sus canciones.
En «Astillas del mismo palo» incluyó el tema «Mi viaje en avión» de Coco Díaz, al que le hizo arreglos adaptándola a la realidad de la zona, otra que denominó «Por amor a la vida» compuesta en homenaje a René Favaloro y a la importancia de donar los órganos.
La canción «Oración y amistad» pretende contar la forma particular en que se viven los velatorios en las familias campesinas, donde el mejor homenaje a quienes se acercan a acompañar es compartir un asado.
También se refiere en una de sus canciones a San Eduardo «un pueblo que generó muchas fuentes de trabajo y sin embargo desapareció». Se pregunta «si correremos la misma suerte cuanto el petróleo y el gas se terminen» y agrega «donde iremos a parar, mi tierra empobrecida muy sola quedará».
La vida de Atilio Alarcón transcurre entre Chos Malal y Curaco junto a su esposa, seis hijos y los animales. «Con temas rústicos pero hechos con sentimiento y con el corazón pretendo homenajear a mi gente» puntualizó.
Con nostalgia recuerda su primera guitarra fabricada por su hermano Ramón con una lata de dulce de batata.
Después «como no hay mal que por bien no venga un gaucho que había participado de la Fiesta de San Sebastián rodó del caballo junto a su guitarra y quedó todo el clavijero, las cuerdas y esta vez mi hermano me hizo una guitarra de madera».
El canto le posibilita reflejar las características de la gente y los acontecimientos que se viven en la zona y también su economía familiar. La crianza de los animales y el esmero puesto de manifiesto para la elaboración de los trabajos le ha merecido el reconocimiento de la gente y con todo ello suma esfuerzos para que sus hijos puedan estudiar.