25N: tras el femicidio de Leticia, su mamá cría sola y sin empleo a sus hijas

La joven tenía 26 años cuando fue asesinada por su expareja en Roca en 2018. La crianza de sus dos hijas quedó a cargo de Blanca, su mamá, que no tiene empleo formal. Aún no accedieron a la Ley Brisa. La condena no agota la responsabilidad del Estado con las sobrevivientes. Hoy se conmemora el día internacional de la no violencia contra las mujeres.





Todos los días, Blanca Bustamante lleva caminando a sus dos nietas a la escuela. Al salir de la casa mira el auto color bordó estacionado en la puerta, en una calle del barrio San Martín, en Roca. Lo cuida amorosamente aunque no le pertenece. No lo usa porque no sabe manejar. No lo puede vender porque no está a su nombre. Blanca apoya la mano en el vidrio trasero donde está pegada la foto de su hija Leticia Gómez, víctima de femicidio, que le sonríe desde el pasado. “Mi Leti”, dice, “me la mataron hace tres años. Este auto es lo único que le dejó a mis nietas”.

Leticia tenía 26 años cuando fue asesinada por su expareja, Mario Bravo, el 21 de junio de 2018. Era de noche y volvía de la escuela cuando él la abordó y la apuñaló en plena calle, en la puerta de su casa en el barrio Aeroclub, donde vivía con su mamá y sus hijas. Nueve meses después, el 9 de abril de 2019, fue condenado a prisión perpetua. Fue la primera condena de este tipo en Roca por el delito de femicidio. En el juicio quedó acreditado que la violencia de género que Leticia vivió fue física, económica y psicológica (ver aparte).

Un femicidio genera efectos de diversa índole. Los hijos e hijas de las mujeres asesinadas no sólo son los sobrevivientes inmediatos de esa violencia, sino que además hay impactos a futuro en relación a su cuidado. En general, quienes asumen la mayor responsabilidad de estas tareas son las familias maternas donde el peso mayor recae en las abuelas.

Blanca debió sobreponerse a la trágica muerte de su hija a medida que asumió a su cargo el cuidado personal, el sostenimiento de la vida cotidiana y la educación de sus nietas que hoy tienen 6 y 11 años. Su hija mayor Daisi, tía de las niñas, la ayuda económicamente y está muy presente en la vida de las pequeñas. La más grande es hija de una pareja anterior de Leticia, y la más chica, fruto de la relación con Bravo. Ambos padres están imposibilitados de asumir su rol y sus familias no tienen vínculo con las niñas.

Según el Registro Nacional de Femicidios del Observatorio de Violencias “Ahora que Sí Nos Ven”, hubo 213 femicidios entre el 1 de enero y el 31 de octubre de este año en todo el país. En este período, son 161 los niños y niñas que perdieron a sus madres por femicidio.

En el caso de las hijas de Leticia, Blanca, asegura que hasta ahora “no reciben ni la asignación universal ni la Ley Brisa. La tengo que gestionar en Anses pero llamo y no me dan respuesta. Mi hija escribió y le salta que está saturado el sistema. Yo fui a sacar turno dos veces y me dijeron que no estaban dando. Con un subsidio del municipio pago el alquiler de la casa donde vivimos, el año que viene me aumenta y no sé cómo voy a hacer. Yo les gestioné a las nenas la tarjeta Nutre y con eso vamos tirando, igual la que nos mantiene es Daisi”.

¿Hasta dónde llegan las astillas de lo que un femicidio destruye en las vidas de las mujeres niñas y adultas sobrevivientes? ¿Hasta cuándo? Blanca reconoce que la situación se les complicó porque “teníamos que pagarle a la abogada por los papeles de las nenas para tener la tutela. El padre de la más grande nos hizo un permiso para que nos hiciéramos cargo. Después de 3 años y cinco meses, los papeles salieron pero justo vino la pandemia y todavía no pude iniciar el trámite”, cuenta.

Las manifestaciones en pedido de justicia por la joven. Foto Andrés Maripe.

El aislamiento impactó en la gestión presencial de distintas reparticiones públicas pero también en este caso se sumaron la falta de crédito en el celular para hacer llamadas, el no poder leer ni responder mensajes de Whatsapp hasta llegar a un lugar con wifi gratis, el no tener con quién dejar a las nenas para ir a una oficina a averiguar… Cuando la Justicia llega ¿puede reparar un tejido social detonado por la violencia de género? Pese a los avances en materia de derechos que intentan reparar desigualdades, siguen existiendo dificultades en la primeras instancias de acceso, como en la obtención de un turno.

“Una vida golpeadora’’

Blanca es migrante chilena, madre de cuatro hijas y también sufrió violencia machista por parte de su expareja. Las dos hijas mayores nacieron en Chile y quedaron al cuidado de su abuela cuando ella formó nueva pareja y se casó en 1986.

Un año después vino al Alto Valle con quien sería el padre de sus hijas menores, Daisi y Leti. “Mi vida fue un calvario con él”, sostiene, “primero fue todo color de rosa pero después me maltrataba y hacía lo que quería conmigo. Los vecinos del barrio Brentana saben lo que pasé. Cuando me separé me ayudaron mucho porque tuve que pedir alojamiento con mis hijas. De ahí nunca nos separamos las tres y por eso eran muy pegotas mías”. “Mire usted, la decadencia”, reflexiona, “porque a mí mamá la golpeaban, a la madre de mi ex también la golpeaban. Yo fui golpeada y después Leticia. Así que tuvimos una vida golpeadora”.

Sin hija, sin casa y sin trabajo

Tras el femicidio, el mundo de Blanca estalló en mil pedazos. A la pérdida de su hija, se sumó el desempleo y el hecho de que ya no podía seguir viviendo con sus nietas en ese lugar. Ella trabajaba en el geriátrico que era propiedad de Bravo o. Abogados mediante llegaron a un acuerdo económico por la desvinculación, que luego se cayó por falta de pago y más tarde se declararon en quiebra. “Cobré las primeras cuatro cuotas y después nunca más. Dependía de ese sueldito para mantener a las nenas y vestirlas”, cuenta.

Señala: “Cuando mataron a Leticia en el barrio Aeroclub no podíamos seguir viviendo ahí porque todo había pasado abajo. Entonces salimos a buscar un alquiler urgente y justo nos alquiló este señor donde vivimos ahora. Fue a ojos cerrados, sin pedirme un papel”.

Un sorteo

En 2014, Blanca se ganó el auto en un sorteo y cuando se lo entregaron lo puso a nombre de Leticia porque su DNI estaba en trámite. “Quedó a nombre de ella y ahora es de las nenas, no lo puedo vender. Me dicen que puedo hacer transferencia pero no, para mí sería como un delito porque es el futuro de las nenas y por eso yo lo cuido”, explica.

La foto de Leticia que está pegada en el vidrio también tiene su historia y su razón de ser. Quedó de las primeras marchas que encabezaron como familia para pedir Justicia. Es una de las fotocopias que mandaron a hacer sus compañeras de colegio. “Nunca más se sacó y nunca se va a sacar. Incluso tenía pensado poner otra”, agrega, “es como que ella está ahí. Cuando lavo el auto siento que está ahí, con su risa contagiosa”.

Blanca acaricia la foto y el auto que cuida como un tesoro, símbolo de un pasado feliz que quedó detenido en el tiempo y del futuro de sus nietas.


Un juicio emblemático


Mario Bravo fue juzgado y condenado a prisión perpetua por el asesinato de la joven en 2019. Foto archivo.

*Fue la primera condena a perpetua por el delito de femicidio en la segunda circunscripción judicial de Río Negro (Roca) con el nuevo Código Procesal Penal.

*El tribunal, integrado por los jueces Daniel Tobares, Oscar Gatti y Gustavo Quelín, lo declaró responsable por unanimidad.

*Los familiares afirmaron en el juicio que existía violencia psíquica por parte de Bravo, quien agredía a su pareja con términos como “pendeja”, “putita” o “trolita”.

*“La circunstancia de ser ‘un buen padre’ o ‘un buen compañero de trabajo’ (como sostuvieron testigos), no lo exime de haber mantenido una relación conflictiva con su joven pareja, sometiéndola a violencia de género”, dijeron los jueces en el fallo.

*El Tribunal de Impugnación confirmó la condena de prisión perpetua al año siguiente.

*En 2018 además del femicidio de Leticia hubo otras dos mujeres asesinadas en Roca: Evangelina Cayuleo y Patricia Parra.


En qué consiste la reparación


*La ley Brisa es una reparación económica para niñas, niños y adolescentes cuyas madres fueron asesinadas por violencia de género. Se promulgó el 26/07/18.

*Consiste en una suma mensual otorgada por el Estado nacional equivalente a una jubilación mínima, que hoy es de $25.922 y una cobertura de salud.

*Si los hijos o hijas son menores de 18 años el beneficio lo percibe la persona encargada de su cuidado. Desde los 18 hasta los 21 años quienes son titulares lo cobran directamente.

*En personas con discapacidad el beneficio es de por vida.

*Es compatible con la Asignación Universal.


¿Qué pasa después de los femicidios?, lo analizó Natalia López en RN RADIO:


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