Tributo desde el alma a los clásicos del rock

Los talentosos Relics y El Viejo Rey, o Pink Floyd y Los Redondos del Alto Valle.

Redacción

Por Redacción

Los reconocen, los adoran, escucharon su música durante años y pueden contar su historia, con lujo de detalles, una y mil veces. Los músicos que deciden ofrecer un tributo a las bandas legendarias de las que fueron (y son) fanáticos confesos, saben que jamás sonarán igual, que aquello que alguna vez latió con los originales –que marcaron camino y dejaron huella–, no volverá en vivo. Aunque lo saben, pretenden rescatar, de alguna manera, la esencia de esa magia que en aquel presente se transformó en sonido, frente a las multitudes que se encontraron a sí mismas a partir de su lírica y su música. Quizás como les sucede hoy a ellos mismos. Por estos días, en la región sonaron y seguirán sonando bandas que ofrecen un homenaje a quienes fueron (y son) referentes del rock del país y del mundo. Algunas llegan de otros sitios y fueron reconocidas en escenarios lejanos, y otras evolucionaron como “nacidas y criadas” en la zona. Las une el disfrute por esas melodías clásicas, que atravesaron géneros y generaciones. No todos optan por “lookearse” como aquellos artistas admirados (y tal vez no les haga falta: es una opción que puede sumar o no) pero sí, como los músicos talentosos y profesionales que son la mayoría, buscan hermanarse en el sonido: meticulosos, casi obsesivos, pretenden “sonar como ellos”. Muchos lo logran. Sorprenden a la audiencia y conmueven cada vez. En la mayoría de los casos, esta alternativa significa, además, una fuente de trabajo para los músicos que no siempre pueden compartir su propuesta ni sostener un ingreso que les permita desarrollarse y evolucionar. Tal vez The Beats, con una trayectoria más amplia (25 años sobre los escenarios del mundo) resulten los más reconocidos en el país. Aunque, en la zona, los dos últimos tributos que convocaron a un público numeroso fueron los experimentados rosarinos de Dios Salve a la Reina (tributo a Queen, en Neuquén) y los poderosos y precisos Cuatro Palos (tributo a Led Zeppelin, que sorprendieron en Centenario). “Trabajamos las versiones lo más exactamente posible –habían dicho a “Río Negro” los Dios Salve a la Reina–. Intentamos pensar como si fuéramos Queen para adaptar las canciones al vivo. ¿Qué hubiera hecho la banda?”. Probablemente, algo similar ocurra en todos los casos. Con todo, en los próximos días, una sucesión de melodías clásicas sonará en vivo en los escenarios de la región (ver recuadros). Sobredosis de Soda (¿hace falta aclarar?) serán los primeros: el 24 de mayo, en Centenario. Un día más tarde, el 25, subirán por primera vez a un escenario de la capital neuquina los muchachos de Attitude for Destruction (tributo a Gun n’ Roses, para quienes requieren aclaración). Quedará para julio (sin fecha todavía) el tributo a Pink Floyd, The End, que debió ser reprogramado por cuestiones ajenas a la producción. Claro que también hay tributos “de acá”. Los locales Relics (sí, les suena este homenaje a Pink Floyd, con músicos de Neuquén, Cinco Saltos, Fernández Oro, Cipolletti, Roca y Villa Regina), que ya subió y cosechó aplausos y bises en varias salas de ambas provincias, y que ahora iniciarán una nueva serie de recitales desde 8 de junio. Además, desde el 15 del mismo mes, se multiplicarán las misas ricoteras en la región, con El Viejo Rey. Dos propuestas bien distintas, las locales. Al margen de las diferencias obvias (de estilos, de contenido, de despliegue de recursos sobre el escenario), ambas bandas cuentan con un evidente trabajo previo a cada presentación; se muestran profesionales, suenan potentes, “prolijas” y sólidas en cada recital” y, sin dudas, recuperan y aportan su propia mirada a la esencia de esas bandas a las que rinden tributo. Tal vez por todas estas características es que amplias audiencias las acompañan. Porque, incluso con los cuestionamientos que puedan hacer los más puristas del rock, tal vez sea una forma de revivir aquella mística.

Histrionismo y fuerza. La voz líder de Queen suena de nuevo en vivo en la piel su doble, Pablo Padín, de Dios Salve a la Reina.

Paula Gingins pgingins@rionegro.com.ar


Los reconocen, los adoran, escucharon su música durante años y pueden contar su historia, con lujo de detalles, una y mil veces. Los músicos que deciden ofrecer un tributo a las bandas legendarias de las que fueron (y son) fanáticos confesos, saben que jamás sonarán igual, que aquello que alguna vez latió con los originales –que marcaron camino y dejaron huella–, no volverá en vivo. Aunque lo saben, pretenden rescatar, de alguna manera, la esencia de esa magia que en aquel presente se transformó en sonido, frente a las multitudes que se encontraron a sí mismas a partir de su lírica y su música. Quizás como les sucede hoy a ellos mismos. Por estos días, en la región sonaron y seguirán sonando bandas que ofrecen un homenaje a quienes fueron (y son) referentes del rock del país y del mundo. Algunas llegan de otros sitios y fueron reconocidas en escenarios lejanos, y otras evolucionaron como “nacidas y criadas” en la zona. Las une el disfrute por esas melodías clásicas, que atravesaron géneros y generaciones. No todos optan por “lookearse” como aquellos artistas admirados (y tal vez no les haga falta: es una opción que puede sumar o no) pero sí, como los músicos talentosos y profesionales que son la mayoría, buscan hermanarse en el sonido: meticulosos, casi obsesivos, pretenden “sonar como ellos”. Muchos lo logran. Sorprenden a la audiencia y conmueven cada vez. En la mayoría de los casos, esta alternativa significa, además, una fuente de trabajo para los músicos que no siempre pueden compartir su propuesta ni sostener un ingreso que les permita desarrollarse y evolucionar. Tal vez The Beats, con una trayectoria más amplia (25 años sobre los escenarios del mundo) resulten los más reconocidos en el país. Aunque, en la zona, los dos últimos tributos que convocaron a un público numeroso fueron los experimentados rosarinos de Dios Salve a la Reina (tributo a Queen, en Neuquén) y los poderosos y precisos Cuatro Palos (tributo a Led Zeppelin, que sorprendieron en Centenario). “Trabajamos las versiones lo más exactamente posible –habían dicho a “Río Negro” los Dios Salve a la Reina–. Intentamos pensar como si fuéramos Queen para adaptar las canciones al vivo. ¿Qué hubiera hecho la banda?”. Probablemente, algo similar ocurra en todos los casos. Con todo, en los próximos días, una sucesión de melodías clásicas sonará en vivo en los escenarios de la región (ver recuadros). Sobredosis de Soda (¿hace falta aclarar?) serán los primeros: el 24 de mayo, en Centenario. Un día más tarde, el 25, subirán por primera vez a un escenario de la capital neuquina los muchachos de Attitude for Destruction (tributo a Gun n’ Roses, para quienes requieren aclaración). Quedará para julio (sin fecha todavía) el tributo a Pink Floyd, The End, que debió ser reprogramado por cuestiones ajenas a la producción. Claro que también hay tributos “de acá”. Los locales Relics (sí, les suena este homenaje a Pink Floyd, con músicos de Neuquén, Cinco Saltos, Fernández Oro, Cipolletti, Roca y Villa Regina), que ya subió y cosechó aplausos y bises en varias salas de ambas provincias, y que ahora iniciarán una nueva serie de recitales desde 8 de junio. Además, desde el 15 del mismo mes, se multiplicarán las misas ricoteras en la región, con El Viejo Rey. Dos propuestas bien distintas, las locales. Al margen de las diferencias obvias (de estilos, de contenido, de despliegue de recursos sobre el escenario), ambas bandas cuentan con un evidente trabajo previo a cada presentación; se muestran profesionales, suenan potentes, “prolijas” y sólidas en cada recital” y, sin dudas, recuperan y aportan su propia mirada a la esencia de esas bandas a las que rinden tributo. Tal vez por todas estas características es que amplias audiencias las acompañan. Porque, incluso con los cuestionamientos que puedan hacer los más puristas del rock, tal vez sea una forma de revivir aquella mística.

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