Un biólogo de la Patagonia ganó el “Óscar verde” por salvar al macá tobiano

Es Ignacio “Kini” Roesler, del Conicet y Aves Argentinas. Vive en Bariloche. Ganó el premio del Fondo Whitley de Inglaterra. Lleva adelante una iniciativa para recuperar a las poblaciones del ave, amenazadas por el cambio climático y especies exóticas

Desde 2002, tras la crisis financiera, Argentina se convirtió en un destino económico y atractivo para los extranjeros. El boom turístico trajo aparejado también una proliferación de empresas que proponían al turista la observación de aves. Fue en ese momento cuando los guías se percataron que cada vez era más difícil encontrar ejemplares de macá tobiano, un ave que habita lagos y lagunas occidentales de la provincia de Santa Cruz.

Se necesitaba saber qué le estaba pasando a esa especie de ave a través de monitoreos y censos poblacionales. En ese proceso, Ignacio Roesler, miembro de Aves Argentinas desde 1995, una de las ONGs de conservación más importantes de Argentina y la más antigua de Latinoamérica, se convirtió en el principal promotor de la conservación del macá tobiano en el país.

El proyecto que encabezó desde entonces  lleva más de 10 años y ahora fue reconocido con el Premio Whitley de conservación natural, conocido como el “Óscar Verde''. Este premio que entrega el Fondo Whitley para la Naturaleza (Whitley Fund for Nature) pretende reconocer las contribuciones a la conservación de la vida silvestre en Asia, África y América Latina.

“Esa primera campaña del 2010 estuvo liderada por Aves Argentinas y Ambiente Sur, una ONG local y participaron guardaparques nacionales. Después se formalizó el proyecto y empezamos a tomar otros roles más formales”, contó a RIO NEGRO Roesler, investigador del Conicet y actual director científico de Aves Argentinas.

P -¿Cómo se logró concretar esa primera campaña de monitoreo  del macá tobiano?

R-  Las poblaciones del macá tobiano pasan la primavera y el verano en las mesetas del oeste de Santa Cruz, entre la ruta 40 y Los Andes y, desde el lago Buenos Aires hasta el sur de Calafate. Esa es la distribución. Esas mesetas de altura son lugares difíciles de acceder. No hay rutas y las únicas personas que llegan son los dueños de campos y los puesteros en el mejor de los casos. La mayoría de esas estancias están abandonadas. En esa primera campaña intervinieron voluntarios y participaron guardaparques nacionales de Monte León. Fuimos en cuatro vehículos y nos repartimos los lugares donde se conocía que estaba el macá para hacer un muestreo y “tener una foto”.

P -¿Qué encontraron?

R- Lo que se encontró fue tremendo porque en los años ochenta había más de 5.000 individuos de macá. En esa campaña, detectamos menos de 700. Es decir, una reducción del 80% en 25 años. Lo que generó ese primer muestreo fue que, de inmediato, se formalizó la relación entre Aves Argentinas y el Conicet para otras campañas de monitoreo y para conocer las amenazas o los factores que generaban que la especie se redujera de esa manera.

El macá vive en la Patagonia Austral. Nidifica en Santa Cruz, en los lagos y lagunas de las mesetas de altura, paralelas a Los Andes. En invierno migra hacia la costa atlántica, a los estuarios de los ríos Coyle, Gallegos y Chico-Santa Cruz. Foto: gentileza de Gonzalo Pardo y Adrián Sanz

P-¿Cuáles son esas principales amenazas de la especie?

R- El cambio climático global afecta a todo el mundo. El aumento en la velocidad del viento y las sequías reducen el hábitat reproductivo del macá. Pero también el efecto de especies invasoras resultó más importante de lo que se creía. El visón americano, una especie de hurón pequeño que vive en el agua, genera un problema agudo. Lo trajeron de Norteamérica antes de los años 50. El tema es que depreda a los macaes jóvenes y adultos y terminan perdiéndose individuos de una población que ya de por sí, es muy pequeña. Los macaes evolucionaron sin ese tipo de depredadores, entonces no tienen estrategias para defenderse. Una vez, detectamos que un visón mató a 30 adultos en una laguna en solo una noche.

P-¿Hay otros impactos?

R-También inciden los salmónidos, las truchas arcoíris introducidas del hemisferio norte con fines comerciales. En este caso, no tienen un efecto directo. Lo que hacen las truchas es cambiar las estructuras: se comen los mismos invertebrados que el macá. Otro impacto se da por la expansión de una especie nativa, como la gaviota cocinera. Siempre estuvo más asociada a la costa marina pero con más asentamientos, ovejas que se mueren y basureros, la gaviota encuentra más comida en el continente y empiezan a expandirse. No mata a un macá adulto pero ataca a las colonias al comerse los huevos. El efecto es que el éxito reproductivo de los macaes resulta bajo debido a las gaviotas.

P- ¿Qué hicieron para controlar esas amenazas?

R- Se intenta evitar que el  visón llegue a las lagunas donde hay macaes. Es la primera experiencia de control de visón a gran escala y de larga duración. Se trata de planes de trampeo en las cuencas cerca de las mesetas donde habitan los macaes a gran escala, algo que se trabaja en conjunto con la provincia de Santa Cruz y Parques Nacionales. Hay que destacar que el visón está en toda la Patagonia y resulta un problema para muchas especies. Por eso, la idea es replicar esta acción para mejorar la calidad de conservación de otras especies. Con las truchas es más fácil porque se va con los productores a sacarlas de las lagunas más importantes para el macá. En relación a las gaviotas, se trabaja con los municipios y la provincia para mejorar las condiciones de los basureros y que la gaviota no tenga así tanto recurso.

P-¿Qué significa haber recibido el Premio Whitley?

R-Más de 100 proyectos se presentaron como potenciales candidatos. Ganarlo significa mucho. Es un  incentivo económico para seguir trabajando. Garantiza continuar lo que venimos haciendo. Además, ayuda a gestionar otros apoyos y a trabajar con las autoridades  Pero también desde lo emocional nos están diciendo que el proyecto generó suficientes resultados.  Es un trabajo que hacemos con pasión. Otros de los proyectos que recibieron el premio tenían mayor antigüedad. Pero nosotros en 10 años logramos posicionarnos como proyecto de categoría mundial.

Roesler, que vive en Bariloche, coordina la iniciativa con la investigadora del CONICET en la Administración de Parques Nacionales, Laura Fasola, y el investigador del Conicet, Julio Lancelotti. También participa la ONG Ambiente Sur, una organización de Río Gallegos. Foto: gentileza de Gonzalo Pardo y Adrián Sanz.

Cría de huevos abandonados

El biólogo Ignacio Roesler consideró que el mayor éxito del proyecto reconocido con el Premio del Fondo Whitley para la Naturaleza (Whitley Fund for Nature) ha sido frenar la reducción poblacional del macá tobiano. Este año, contaron 750 individuos. “Logramos que no haya más depredación y empezamos a limpiar lagunas con truchas”, dijo el biólogo, quien reside en Bariloche.

Resaltó que el macá tobiano es endémico de Santa Cruz y si bien del otro lado de la cordillera, hay registros de ejemplares, solo nidifica en Argentina.

El ave pesa alrededor de 500 gramos y se caracteriza por su color blanco y negro. “De ahí, el nombre Tobiano porque hace referencia al pelaje de los caballos. También tiene una corona castaña rojiza muy llamativa”, describió.

Roesler destacó que, desde la primera campaña, nunca se paró de trabajar y desde hace siete años, funciona la estación biológica “Juan Mazar Barnett”, al sur de la meseta del Lago Buenos Aires, lindera al parque nacional Patagonia. Esta base de operaciones permite el trabajo del equipo que lidera el proyecto pero también está abierta a la comunidad científica; de modo que investigadores del Conicet y de otras instituciones nacionales e internacionales han trabajado en más de veinte proyectos.

En esa zona, Roesler y su equipo también están abocados a la cría de huevos abandonados de macá en incubadoras y a la instalación de plataformas flotantes para favorecer la nidificación del macá.

“Un éxito importante del proyecto es que hasta la fecha pasaron más de 300 voluntarios de todas las provincia y 14 países del mundo. Entonces, un impacto local de conservación es fuente de capacitación de gente que se replica en todo el mundo”, indicó. 


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