Un daño que deja huellas

El abuso sexual pudo durar minutos o meses, pero en muchos casos el daño que provocó a su víctima no se borra con el tiempo.

Por Redacción

NEUQUÉN

Para la defensora adjunta del Niño y el Adolescente, Marcela Robeda, «depende de las herramientas de cada persona si pueden rearmarse, pero todos requieren un espacio terapéutico acorde a cada uno».

Sin embargo, hay casos en los que el daño es físico e incluso irreversible. Uno de esos casos es del pequeño Agustín, un nombre ficticio creado para narrar su historia.

El niño tenía cuatro años cuando comenzó a ser violado por su propio padre, quien recientemente fue condenado a diez años de prisión.

Ahora Agustín tiene seis años y va a la escuela. Pero a raíz de los abusos tiene problemas de contención intestinal y según creen los médicos los tendrá por el resto de su vida.

En el caso de «A», como eligió ser llamada, el daño emocional parece no poder repararse. Ella fue violada por un desconocido cuando era una adolescente. Pudo terminar el colegio y va a la universidad, pero vive con temor. Tomó cursos de defensa personal y está siempre preparada, porque precisamente todos los días teme volver a ser atacada cuando salga de su casa.


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