Un día agitado
Ya venía mal de anoche. Se quedó hasta tarde resolviendo un caso complicado en Londres, en 1883; y para colmo la alarma no sonó (¿o fue una excusa?).
La jornada laboral pasó, y fue hora de volver a casa.
Su hijo confirmaba que el mundo ha vivido equivocado.
La hija, por su parte, huía de la Policía del Pensamiento y desentrañaba los misterios de la Habitación 101.
Todo en orden.
Se cambió, se puso cómodo y, para relajarse, partió otra vez a Londres.
Era hora de averiguar qué pasaba con el sabueso de los Baskerville.