La Davis en Neuquén: profesionalismo y espíritu de equipo

En una disciplina acentuadamente individual donde el yo suele devorarse al nosotros, la delegación albiceleste brindó un verdadero mensaje de sobriedad y espíritu colectivo.

Por Marcelo Antonio Angriman

En el corazón energético del país, el tenis argentino inscribió su victoria número 100 en la historia de la Copa Davis al superar a Turquía.

Pero más allá de la fría aritmética de los números o de la lógica clasificación a los Qualifiers de 2027, el verdadero triunfo radicó en las formas. En una disciplina acentuadamente individual donde el yo suele devorarse al nosotros, la delegación albiceleste brindó un verdadero mensaje de sobriedad y espíritu colectivo.

Hay una abismal distancia de jerarquía entre figurar en el puesto 23 del ranking mundial —como Francisco Cerúndolo—, o situarse entre los primeros cincuenta —como Mariano Navone (45) y Thiago Tirante (52)—, y afrontar a rivales turcos relegados cerca del escalafón 300.

Esas brechas de rangos suelen encender las trampas de la displicencia. Sin embargo, la preparación no concedió margen al azar: desde la temprana citación el lunes previo, pasando por la adaptación a la superficie del estadio neuquino, hasta la seriedad con la que se disputó cada juego, la premisa fue no regalar ni un solo set, ni dar por sentada la victoria.

Aun cuando el marcador sufrió un sacudón inesperado tras la caída en el encuentro de dobles, Cerúndolo saltó a la pista sin fisuras psicológicas. Con una sobriedad implacable y desplegando un tenis de altísimo vuelo, resolvió la llave frente a Mert Alkaya por un contundente 6-1 y 6-0 en apenas 48 minutos. Un testimonio de cómo la plenitud física, trabajada en el silencio de cada ciclo de entrenamiento, cobra acabada sentido al ponerse al servicio del equipo.

Pero si hay un episodio que sintetiza la verdadera atmósfera de esta serie sureña, fue la lección de grandeza de Mariano Navone.

La alta competencia encierra decisiones crueles: aun ostentando la segunda mejor ubicación del equipo en el ranking, el capitán Javier Frana determinó relegarlo de los partidos individuales. En cualquier vestuario gobernado por la vanidad, semejante trago amargo hubiera derivado en muecas de resentimiento o aislamientos silenciosos.

El de 9 de Julio quien hace pocos días venció nada menos que a Novak Djokovic y con sus familiares en la tribuna, eligió el camino opuesto: desde el banco fue la sonrisa más genuina y el aliento siempre dispuesto para sus compañeros.

Esa generosidad conmovedora no pasó desapercibida para el propio capitán, quien con acierto y en plena entrevista televisiva lo hizo pasar al frente para señalarlo con emoción como “el mejor” de todos, sin haber tocado una sola pelota durante el fin de semana.

Celebrar que este espectáculo haya recalado por primera vez en suelo patagónico es un acto de merecida justicia. La convergencia entre el Gobierno de la Provincia, la empresa YPF y la Asociación Argentina de Tenis dio respuesta a una comunidad ávida de eventos de elite.

El Ruca Che lució imponente, con sus sectores bien delimitados y un público fervoroso que vistió las gradas con camisetas y banderas de la Selección, reactivando esa hermosa memoria emotiva de los últimos mundiales de fútbol.

Solo resta formular un par de reparos que no empañan el festejo, pero invitan a la reflexión. Sorprendió notar ciertos claros y butacas vacías -conté personalmente nueve lugares sin ocupar, en la jornada del sábado, al lado de mi ubicación en sector de plateas preferenciales y otros-, cuando la venta oficial había anunciado un vertiginoso agotado en cuestión de pocas horas. Esos huecos duelen en una región,  donde cientos de personas se quedaron con ganas de presenciar un hito histórico.

Asimismo, la realización de un quinto punto testimonial —permitiendo la salida a cancha de Navone o Tirante, aun con la serie resuelta— hubiera sido un gesto de enorme gratitud hacia el espectador local y una merecida caricia para deportistas habituados al rigor de ser visitantes en el circuito internacional.

Neuquén y sus ciudades vecinas ya no son una promesa; es el epicentro productivo del país y camina a paso firme hacia su consolidación como una gran metrópoli.

Si pretendemos afianzar a la región como un verdadero polo de atracción turística y cultural que complemente su Centro de Convenciones, los cuidados paseos costeros y el anhelado proyecto del Arena Neuquén, resulta imperioso proyectar obras de infraestructura vial y una mayor conectividad aérea con el resto de las provincias y el exterior.

Porque cuando el talento individual se rinde ante la humildad colectiva, los estadios se llenan de alma.

La Patagonia ya abrió sus puertas a la elite del deporte mundial; ahora toca estar a la altura del desafío para que el deporte, el trabajo en equipo y la vida nos vuelvan a convocar.

*Abogado. Prof. Nac. de Educación Física. Docente Universitario. angrimanmarcelo@gmail.com


En el corazón energético del país, el tenis argentino inscribió su victoria número 100 en la historia de la Copa Davis al superar a Turquía.

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