Un legado de Raúl Lozza que enorgullece a Neuquén

Por Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén



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El 27 de enero se cumplió un nuevo aniversario de la muerte del artista plástico argentino Raúl Lozza, cuyo mural más complejo se encuentra en nuestro MNBA Neuquén por donación de su autor.
Lozza fue un infatigable trabajador de la geometría y el color, investigación que plasmó en su libro “Teoría Estructural del Color”. En los años cuarenta integró la Asociación Arte Concreto-Invención, pero tiempo después se distanció de esa corriente y fundó su propio y personal movimiento artístico conocido como “perceptismo”, el cual hizo su aparición pública en esos años y sobre el cual Lozza publicaría numerosos artículos.

Grande fue el aporte de Lozza al arte moderno a partir de sus investigaciones, de rango casi científico, acerca de las relaciones entre la línea, la geometría y el color y que se tradujeron en innumerables pinturas y murales y que se explican en un libro de quien fuera amigo y colaborador suyo, Abraham Haber, titulado “Raúl Lozza y el Perceptismo”.

Pero Lozza fue también un inquieto escritor que publicó en varias revistas de arte que él ayudó a fundar, como Contrapunto y Arturo, en sus tiempos concretos, y más adelante Perceptismo, además de haber sido un autor de novelas de ficción como “Toda una historia en un trozo de vida” o “Patricia y yo”·.

Según apuntó la investigadora española Carmen Alcaide en uno de sus trabajos sobre el arte concreto, para Lozza ni el arte concreto ni el arte no figurativo habían logrado enteramente terminar con la representación ni tampoco librarse de ciertos resabios de la figuración y crear una realidad artística absoluta.

El “perceptismo”, pues, concretaría una nueva realidad, el plano de color o la forma color, que es una realidad en sí misma y que se organiza en estructuras situadas, no ya sobre un falso fondo, sino sobre otra realidad incontrovertible que es la propia pared.

La pintura perceptista –dice la autora- es un grupo de planos geométricos de color aislados unos de otros, pero organizados de acuerdo con un criterio compositivo impuesto por las particularidades de sus formas y sus colores. Toda representación ha sido suprimida.

El propio Lozza expresó alguna vez que “el perceptismo impone al observador una actitud dinámica hacia la acción y exhaltación de la propia facultad creativa y crea nuevas condiciones para la visión y la emoción estética”.

Este modo de ver el arte que tenía Lozza se traducía en una compleja disciplina a la hora de crear sus obras. En el caso del mural que hoy se exhibe en el MNBA Neuquén, sobre la entrada al Salón Auditorio, su creación data de los años cuarenta y es el más complejo –consta de siete elementos- de todos cuantos ha realizado su autor.

Cuando Lozza decidió donar ese histórico trabajo a nuestro museo, requirió saber de qué color era el muro sobre el cual se colocaría su mural, para así trabajar las tonalidades de los siete objetos que lo forman.

De esa actitud absolutamente creativa y novedosa de un mural de los años cuarenta recreado en el tercer milenio para un museo neuquino nació su nuevo nombre: Gran Mural Neuquén. En él puede uno apreciar en forma directa la aplicación de sus teorías acerca del plano y la forma color y que conforman la columna vertebral de su pensamiento y compromiso.


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