Un maestro que no se calla

El escritor Guillermo Saccomanno publicó el libro “Un maestro”.



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HISTORIAS BIEN CERCANAS

El libro cuenta la historia dramática de un país que vio desaparecer a una generación, aunque a la vez destila optimismo.

Criado en un campo de Pellegrini, provincia de Buenos Aires, al Nano le tocó hacer la colimba en Junín de los Andes, donde compartió la experiencia de soldado con Saccomanno. Las vueltas de la vida hicieron que el escritor, de visita en San Martín hace un par de años se enterara de que Balbo, en lugar de estar desaparecido como presumía, estaba vivito y coleando en Neuquén. Se reencontraron y de esa amistad recuperada nació el libro, basado en un pacto sencillo y práctico que el Nano resumió así: “Yo cuento, vos escribís”.

La historia del Nano no es muy diferente de las de miles de jóvenes que en los ‘70 despertaron al compromiso social y a la militancia. Está atravesada por las alegrías y las desdichas que signaron a una generación: la revalorización del peronismo, la militancia política, la desaparición, la cárcel, la tortura, el exilio, el difícil retorno a un país que ya no era el mismo.

El libro está contado en primera persona, con un lenguaje coloquial y ameno que lo hace de fácil lectura. Pero no por ello se trata de algo liviano; una y otra vez la tragedia que se abatió sobre la Argentina sacude el relato. No obstante, en el balance final queda una sensación de optimismo empujada por la nobleza del protagonista, su amor a la vida, a la gente, al país. Tanto como su pasión por la docencia, nacida en la escuelita del cuartel de Junín, su admiración por Paulo Freire y su valiosa experiencia como maestro en la Cordillera.

“Un Maestro” es también una denuncia contra la Argentina canalla, la de los represores como Guglielminetti -fue quien dejó sordo a Nano en la tortura-, y la de los muchos otros que prefirieron mirar para otro lado mientras el país se convertía en un campo de concentración o se contentaron con la miseria de la teoría de los dos demonios. De ellos dice Nano que lo hicieron en parte porque “se creyeron ese discurso falsamente ético y en parte por vergüenza”.

De la crítica, tampoco se salvan las organizaciones armadas, en particular los Montoneros, a quien el autor censura entre otras cosas por su ceguera militarista y su moralina pequeñoburguesa.

El libro rescata la figura de De Nevares, sin cuya valentía las consecuencias de la represión en la zona hubieran sido aún peores, y la de otros luchadores, como Noemí Labrune, fundadora junto con el obispo de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Guiado por la pluma de Saccomanno, que se confunde eficazmente con el autor, el libro describe también el exilio del Nano en Italia, las dificultades para hacer ver a los europeos el cuño criminal de la dictadura argentina, y el retorno al país con la maravillosa experiencia como maestro rural en Huncal, un rincón de la Cordillera habitado por la comunidad mapuche Millain Currical. Luego, la actividad gremial como secretario general de ATEN, el combativo gremio de los docentes.

Por último, y como flotando en el relato, la larga espera de la segunda parte del juicio a los represores de Neuquén y el Alto Valle, en la que será juzgado su verdugo, Guglielminetti, y en la que Nano debe y quiere atestiguar porque, como bien dice, “que esté sordo no quiere decir que me calle”.

“Un maestro” es una historia dramática impregnada por el dolor de un país que vio desaparecer a una generación pero que, sin embargo, destila optimismo, generosidad y ganas de vivir.

Héctor Mauriño


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