Un país dividido con un gobierno que carece de apoyo popular
Por Peter Prengaman y Mauricio Savarese
AP
Datos
- La destitución de Dilma Rousseff culmina un año de enfrentamientos que paralizaron al país más grande de Latinoamérica y puso al descubierto hondas brechas en la población en todos los ámbitos, desde las relaciones raciales hasta el gasto social.
- La colosal pugna política está lejos de concluir.
- La oposición, que siempre dejó en claro que la única opción era destituir a la presidenta, dice que las maniobras contables de las que se la acusó ocultaron amplios déficits causados por el elevado gasto y que exacerbaron la recesión, en un país que disfrutó de un estatus destacado entre las economías emergentes. Rousseff recordó que otros presidentes ya usaron esas prácticas y denuncia que su salida es un golpe motorizado por elites adineradas molestas con las políticas populistas que ella y el PT aplicaron en 13 años.
- Como telón de fondo de la crisis esta la investigación de multimillonarias sobornos en la petrolera estatal Petrobras. Han ido a parar a la cárcel decenas de empresarios y políticos de todas las tendencias, y muchos de los legisladores que votaron contra Rousseff están envueltos. Dilma argumenta que la sacan para poder interferir con la investigación, algo que ella se había negado a hacer.
- Pero muchos brasileños la consideran responsable de la corrupción, aun cuando no se viera directamente implicada. Argumentan que no había forma de que no supiera lo que estaba pasando.
- Ahora, quien fuera su vicepresidente, concluirá el mandato hasta 2018. Pero los brasileños ya han visto a Michel Temer actuar y no les convence. Las encuestas señalan que prefieren nuevas elecciones para salir de la crisis. Pero para ello Temer tendría que renunciar, algo que no tiene intenciones de hacer. O ser retirado, algo improbable en este momento.