Un pensador libertario
El mes pasado estuvo entre nosotros Fernando Savater, un español a quien, lectores de sus admirables ensayos, miramos como un filósofo distinguido entre los de habla castellana; en tanto él, que enseñó treinta años en la universidad, se presenta habitualmente como periodista. No faltan quienes ponen armonía entre esas dos profesiones suyas ubicándolo a la par de españoles históricos como Unamuno y Ortega, que han filosofado pero sin someterse al rigor de la filosofía “stricto sensu”. Él se considera, a lo más, un periodista de la filosofía diciendo que por eso sólo escribe “para niños o para ignorantes, para cómplices modestos y devotos con quienes conecto porque comprendo su perplejidad, su confusión, y las comparto”. Este pensamiento suyo refleja cuál es el centro de sus preocupaciones filosóficas. Está, efectivamente, en el arte de vivir, en la ética, como puede inferirse a través del título de varios de sus libros (“Invitación a la ética” (1982), “Ética para Amador” (1991) –éste es el nombre de su hijo– y “Ética de urgencia” (2012), una actualización del anterior centrada en la educación, que presentó el 26 de octubre en Buenos Aires). Su perfil personal está reflejado en la autobiografía publicada en 1993 que tituló “Mira por dónde”. Es un alegre y desinhibido epicúreo, un tipo maduro que no teme escandalizar. Arguye que no hay nada más natural que buscar excitaciones. Partidario de descriminalizar el consumo de drogas, relata incluso sus experiencias con marihuana y LSD, consciente por su propia experiencia de que la mayoría de quienes lo hacen son capaces de prudencia. Es cierto, dice “cum grano salis”, que muchos mueren a causa de las drogas, estén prohibidas o no, pero muchos otros sufren lo mismo a causa de la religión, la política, por el sexo o por escalar montañas. Las prohibiciones no salvan a la gente de ellos mismos. Deplora las persecuciones a los fumadores y comenta que durante años ha vivido en complicidad con los cigarros y el alcohol. “Seguro que me están matando, pero les agradezco la parsimonia con que lo hacen y el entretenimiento que al mismo tiempo me han deparado. Puedo decir lo mismo de esa encantadora sustancia llamada marihuana”. Políticamente, sus ideas reflejan también su devoción libertaria. Ha tenido y tiene una intensa vida política que refleja a menudo la televisión y el periodismo de su patria. En su juventud fue opositor visceral de la dictadura de Franco y por ello conoció el exilio. Le indignaban, desde su alegría de vivir, la arrogancia ideológica y la hipocresía del franquismo, la represión de todo lo que era placentero, divertido y excitante para un joven. Adoraba a Voltaire y compartía su rechazo por una sociedad curialesca y pacata como era la España del Caudillo. Cuando en 1975 y en las escaleras de un subte de París leyó un titular de diario que decía “Franco est mort”, sintió como un rayo que todo había cambiado. Esto lo confirmó la transición que sobrevino, de dictadura a democracia que transcurrió como algo mágico, un fenómeno sociopolítico sumamente extraño. Por qué, se pregunta en ese libro del 2003, no hubo en España caza de brujas, venganzas y justicieros a montones como los hubo en otros países de raíz ibérica que se habían liberado de dictaduras sangrientas. Halla que una razón principal fue la muerte del dictador, el hecho de su desaparición total, física y psicológica, algo que no tuvieron la Argentina o el Chile liberados, donde los tiranos seguían vivos todavía. Nacido en San Sebastián, otra de sus pendencias políticas ha sido el nacionalismo regional en su país vasco. Ha ridiculizado permanentemente el declarado fundamento de limpieza étnica de sus partidarios y, a causa de esas críticas, los terroristas de la ETA lo incluyeron en la lista de sus amenazados de por vida, obligándolo a tener guardaespaldas por años. Ahora mismo, ante el fuerte movimiento independentista de Cataluña que convulsiona al país, se ha pronunciado tajantemente en contra. A todo separatismo lo califica en una nota de una semana atrás en “El País” como una enfermedad política de carácter oportunista que ataca a Estados debilitados. Uno de los mensajes que participó a su auditorio argentino en la presentación de sus últimos libros que hizo el mes pasado en Buenos Aires se refirió a su concepto de democracia y responsabilidad social en cuanto a su ejercicio. Dijo que vivimos en sociedades que pagan y consumen para dejar de tener preocupaciones. “Pero la democracia funciona cuando somos conscientes de que todos somos políticos y que los representantes son nuestros mandados porque los hemos mandado mandar”. En esta oportunidad no debió sufrir reprimendas por sus dichos, a diferencia de lo que le ocurrió en abril del 2011 cuando, en oportunidad de la Feria del Libro, irritó pelos sensibles con declaraciones como “Algunos gobiernos quieren que el intelectual sea como un perrito diciendo sí con la cabeza”, “El populismo es la democracia de los ignorantes” o “Proclamarse peronista es como llamarse “Tyrannosaurus rex”, que le valieron el fulmíneo anatema de un ministro en oficio de Torquemada: “Metete en lo tuyo. Andá a opinar a España y cerrá el pico”. (*) Doctor en Filosofía
HÉCTOR CIAPUSCIO (*)
El mes pasado estuvo entre nosotros Fernando Savater, un español a quien, lectores de sus admirables ensayos, miramos como un filósofo distinguido entre los de habla castellana; en tanto él, que enseñó treinta años en la universidad, se presenta habitualmente como periodista. No faltan quienes ponen armonía entre esas dos profesiones suyas ubicándolo a la par de españoles históricos como Unamuno y Ortega, que han filosofado pero sin someterse al rigor de la filosofía “stricto sensu”. Él se considera, a lo más, un periodista de la filosofía diciendo que por eso sólo escribe “para niños o para ignorantes, para cómplices modestos y devotos con quienes conecto porque comprendo su perplejidad, su confusión, y las comparto”. Este pensamiento suyo refleja cuál es el centro de sus preocupaciones filosóficas. Está, efectivamente, en el arte de vivir, en la ética, como puede inferirse a través del título de varios de sus libros (“Invitación a la ética” (1982), “Ética para Amador” (1991) –éste es el nombre de su hijo– y “Ética de urgencia” (2012), una actualización del anterior centrada en la educación, que presentó el 26 de octubre en Buenos Aires). Su perfil personal está reflejado en la autobiografía publicada en 1993 que tituló “Mira por dónde”. Es un alegre y desinhibido epicúreo, un tipo maduro que no teme escandalizar. Arguye que no hay nada más natural que buscar excitaciones. Partidario de descriminalizar el consumo de drogas, relata incluso sus experiencias con marihuana y LSD, consciente por su propia experiencia de que la mayoría de quienes lo hacen son capaces de prudencia. Es cierto, dice “cum grano salis”, que muchos mueren a causa de las drogas, estén prohibidas o no, pero muchos otros sufren lo mismo a causa de la religión, la política, por el sexo o por escalar montañas. Las prohibiciones no salvan a la gente de ellos mismos. Deplora las persecuciones a los fumadores y comenta que durante años ha vivido en complicidad con los cigarros y el alcohol. “Seguro que me están matando, pero les agradezco la parsimonia con que lo hacen y el entretenimiento que al mismo tiempo me han deparado. Puedo decir lo mismo de esa encantadora sustancia llamada marihuana”. Políticamente, sus ideas reflejan también su devoción libertaria. Ha tenido y tiene una intensa vida política que refleja a menudo la televisión y el periodismo de su patria. En su juventud fue opositor visceral de la dictadura de Franco y por ello conoció el exilio. Le indignaban, desde su alegría de vivir, la arrogancia ideológica y la hipocresía del franquismo, la represión de todo lo que era placentero, divertido y excitante para un joven. Adoraba a Voltaire y compartía su rechazo por una sociedad curialesca y pacata como era la España del Caudillo. Cuando en 1975 y en las escaleras de un subte de París leyó un titular de diario que decía “Franco est mort”, sintió como un rayo que todo había cambiado. Esto lo confirmó la transición que sobrevino, de dictadura a democracia que transcurrió como algo mágico, un fenómeno sociopolítico sumamente extraño. Por qué, se pregunta en ese libro del 2003, no hubo en España caza de brujas, venganzas y justicieros a montones como los hubo en otros países de raíz ibérica que se habían liberado de dictaduras sangrientas. Halla que una razón principal fue la muerte del dictador, el hecho de su desaparición total, física y psicológica, algo que no tuvieron la Argentina o el Chile liberados, donde los tiranos seguían vivos todavía. Nacido en San Sebastián, otra de sus pendencias políticas ha sido el nacionalismo regional en su país vasco. Ha ridiculizado permanentemente el declarado fundamento de limpieza étnica de sus partidarios y, a causa de esas críticas, los terroristas de la ETA lo incluyeron en la lista de sus amenazados de por vida, obligándolo a tener guardaespaldas por años. Ahora mismo, ante el fuerte movimiento independentista de Cataluña que convulsiona al país, se ha pronunciado tajantemente en contra. A todo separatismo lo califica en una nota de una semana atrás en “El País” como una enfermedad política de carácter oportunista que ataca a Estados debilitados. Uno de los mensajes que participó a su auditorio argentino en la presentación de sus últimos libros que hizo el mes pasado en Buenos Aires se refirió a su concepto de democracia y responsabilidad social en cuanto a su ejercicio. Dijo que vivimos en sociedades que pagan y consumen para dejar de tener preocupaciones. “Pero la democracia funciona cuando somos conscientes de que todos somos políticos y que los representantes son nuestros mandados porque los hemos mandado mandar”. En esta oportunidad no debió sufrir reprimendas por sus dichos, a diferencia de lo que le ocurrió en abril del 2011 cuando, en oportunidad de la Feria del Libro, irritó pelos sensibles con declaraciones como “Algunos gobiernos quieren que el intelectual sea como un perrito diciendo sí con la cabeza”, “El populismo es la democracia de los ignorantes” o “Proclamarse peronista es como llamarse “Tyrannosaurus rex”, que le valieron el fulmíneo anatema de un ministro en oficio de Torquemada: “Metete en lo tuyo. Andá a opinar a España y cerrá el pico”. (*) Doctor en Filosofía
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