Un regreso a la realidad






La gobernadora Carreras detectó que el conflicto por la toma en El Foyel tendrá sus inconvenientes, pero interpreta al suceso como punto de inflexión para su gobierno.


Una retraída ilusión acarreó el ensayo turístico. Pero sirve a la gobernadora Carreras, que acumula sólo preocupaciones. La prueba en Bariloche aportó poco, pero suficiente para abrir expectativas en jornadas desoladas.

Los casos de covid no ceden, y las tomas de tierras ya no son problemas exclusivos de Nación. La ocupación de un predio en El Foyel por parte de la comunidad mapuche Lof Gallardo Calfun desvió a Carreras de su atención turística. Detectó que ese conflicto arrastrará inconvenientes, pero es un punto de inflexión para su gobierno en la temática.

Hilos políticos ordenaron y apuraron los pasos judiciales. Pero el juez Ricardo Calcagno no facilitó el desalojo pretendido y ordenó una misión igual de difícil para la Policía: la captura de dos personas entre una cuarentena de ocupantes, muchos encapuchados. Los fiscales -en la línea gubernamental- apelaron e insisten con la expulsión.

Otra muestra de la rotación estatal. En Cipolletti, la jueza Rita Lucía ordenó desalojos en una toma y dispuso rebeldías.

Carreras finalmente se inquietó con el futuro financiero de Río Negro cuando entrecruzó las reales complicaciones con los obstáculos nacionales para acceder a la ayuda pensada. Abandonó su extremado optimismo de septiembre que construyó en la reunión con el presidente Fernández.

La verdad llegó con las contrariedades transmitidas por Interior y Economía. Sus diseños nacionales -cuando se insinúan- no tienen el volumen necesario y, en todo caso, son préstamos o herramientas financieras. Nada de los soñados aportes no reintegrables.

Maltrecho el vínculo con el senador Martín Doñate, Carreras pidió un aporte a Alberto Weretilneck y su principal gestión recayó ante el ministro Wado de Pedro. Al senador lo acompañó el diputado Luis Di Giacomo y al funcionario lo secundó su segunda, Silvina Batakis, que acopia y hurga en los números provinciales. La reiteración del respaldo parlamentario al andar oficial no fue suficiente, pues De Pedro y su segunda machacaron con la paradoja de un desesperado pedido de recursos cuando se otorgó una fuerte y marginal suba salarial a los estatales. No existía margen de respuestas, salvo que Di Giacomo aludió a los aparatosos envíos de ATN para Buenos Aires. Existieron reproches, y faltaron garantías de auxilio.


Weretilneck incursiona en Nación por fondos para Río Negro, y el ministro De Pedro se quejó por el nivel de la suba salarial otorgada para sus maltrechas finanzas.


Carreras viajó a Neuquén por el lanzamiento del nuevo plan petrolero con un propósito secreto: retomar alguna charla con el presidente o los ministros De Pedro o Martín Guzmán. Tampoco se hizo de alguna seguridad.

Días antes, ya con este marco poco confortable, la gobernadora sinceró públicamente que “no tiene vocación” de otro mandato. La confesión no sorprendió para adentro. Su gabinete y los intendentes habían escuchado -reiteradamente- que lo suyo sería de un período. Eso ya la debilitaba, pero este testimonio despedazó más aún su poder.

Carreras fue sincera y, otra vez, políticamente incorrecta. Weretilneck sabía de ese rasgo cuando la eligió. Él balancea temores entre la carencia de fondos estatales y su subordinación nacional, y la obligada pericia electoral para el año próximo que requiere no caer en la confusión con el FdT. Si, por lo menos, quiere ofrecerse como opción parlamentaria.

Ese apartamiento desafía al “rebenque nacional”, interpreta un dirigente oficialista. Ese rasgo crítico recae en el titular del bloque de Juntos, Facundo López. Su natural acometida al peronismo choca con el objetivo gubernamental de complacer a Nación. Las transcripciones de las nuevas censuras de López al gobierno de Fernández de la última sesión ya están en los escritorios nacionales.

Esa anomalía en la duplicidad de mensajes zarandea -por momentos- al oficialismo por sus maniobras erráticas, pero también por ideas y simpatías cruzadas.

El propio Frente de Todos se desorienta, aún más, con este plano de críticas y escenarios irritantes que le proponen.


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