Un relato sin pobres

La buena noticia es que, según los organismos internacionales más prestigiosos, en la mayor parte del planeta la pobreza extrema está batiéndose en retirada al sumarse cada año decenas de millones de personas más a la clase media mundial, sobre todo en Asia oriental. La mala es que, en la Argentina, hay señales de que la pobreza está ganando terreno nuevamente y parece inevitable que aumente aún más en los años próximos. Puesto que, por razones que ya son de dominio público, el gobierno nacional y popular prefiere no difundir estadísticas sobre el tema –insiste el jefe de Gabinete Aníbal Fernández en que “no es la tarea del gobierno” estimar “la cantidad” de pobres–, los interesados en averiguar lo que está sucediendo en el país tienen que depender de los números suministrados por consultoras privadas, universidades y entidades relacionadas con la Iglesia Católica, según las cuales por lo menos la cuarta parte de la población ya vive por debajo de la línea de pobreza oficial y en los meses últimos la situación se ha agravado. Por desgracia, no existen motivos para suponer que exageran. Para no verse obligados a reconocer que, en este ámbito fundamental, la estrategia socioeconómica elegida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus asesores ha fracasado por completo, voceros oficialistas como el ministro de Economía Axel Kicillof y el titular del Indec, Norberto Itzcovich, están procurando hacer pensar que en el fondo lo que más importa no es la pobreza como tal sino la metodología empleada para medirla. Parecería que en su opinión, antes de adoptar una política determinada, el gobierno tendría que decidir cuál de las “6.000 formas” de calcular la pobreza que supuestamente se dan le sería más práctica, para entonces poner manos a la obra, lo que es un disparate. Así y todo, por estar tanto en juego, es en cierto modo comprensible que esté intentando engañar a la ciudadanía un gobierno que se asevera resuelto a hacer de la Argentina un paraíso igualitario y que, para más señas, está comprometido con un “relato” triunfalista en el que la pobreza se ha reducido tanto que ya es un fenómeno residual atribuible a la crueldad de gobiernos neoliberales, en especial el encabezado por el presidente Carlos Menem. Al fin y al cabo, a pocos meses de las elecciones presidenciales, al oficialismo le sería suicida confesar que “el relato” es sólo un cuento. Por perverso que les parezca no sólo a los populistas sino también a los marxistas y otros convencidos de que el bienestar popular depende casi exclusivamente del Estado, lo único que a la larga suelen lograr los gobiernos que comparten sus ideas es aumentar la cantidad de pobres. Puede que en la fase inicial de una gestión se anoten algunas victorias, pero siempre resultan efímeras, ya porque se resisten a pensar en el futuro, ya porque los esquemas manejados por funcionarios y burócratas nunca son más eficientes que los que conceden un papel protagónico a la libre empresa. Al concentrarse el gobierno de Cristina en estimular el consumo sin preocuparse por asuntos aburridos como el ahorro, las inversiones, la productividad o, desde luego, la disciplina monetaria, aseguró que, luego de una etapa posibilitada por el boom de los commodities en la que los índices le sonreían, todo comenzara a deshacerse. Es como si los kirchneristas se hubieran propuesto confirmar la validez del refrán popular: “Pan para hoy, hambre para mañana”. Además de negarse a aprovechar una coyuntura insólitamente favorable para concretar reformas que hubieran servido para que resultara sostenible el crecimiento a tasas supuestamente chinas, el gobierno permitió que distorsiones de diverso tipo siguieran acumulándose por temor a que cualquier esfuerzo por corregirlas lo privaría de buena parte de su capital político. También incidió en la conducta del gobierno kirchnerista la convicción de que modificar el rumbo le resultaría tan costoso que le sería mucho mejor persistir en él, dejando a su sucesor la responsabilidad nada grata de tratar de restaurar un mínimo de orden sin que, de resultas de sus esfuerzos, la proporción de pobres en el país llegue a ser aún más alta de lo que era en mayo del 2003, cuando Néstor Kirchner inició su gestión presidencial.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Jueves 23 de abril de 2015


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