Una actriz camaleónica

La actriz cutralquense Aymará Rovera encarna a mujeres fuertes y complejas en el cine.

Por Redacción

Aymará –flor entre las piedras– Rovera nació en Cutral Co y es actriz de cine, teatro, y televisión. Inquieta, luminosa, de mirada profundamente bella, es una actriz a la que lo directores como Juan José Campanella o Juan Solanas le asignaron roles para nada livianos, mujeres a las que les toca pelear duro para ser, existir, hacer su propio camino. “Lo que me gustó entre ‘El décimo infierno’ (de Juan Pablo Méndez Restrepo y Mempo Giardinelli) y “Nordeste” (de Solanas), es que son personajes absolutamente opuestos. Una de vida muy acomodada y otra muy humilde. Griselda, la chaqueña, es una mujer de mucho dinero sumergida en una gran crisis existencial, que tiene vacíos, ira, resentimiento y se mueve en la hipocresía de las relaciones sociales que la rodean. Los personajes femeninos de Mempo Giardinelli son maravillosos, increíblemente desarrollados y el que me haya elegido fue jugar con algo que me gusta: dar vida a personajes diferentes, ser una actriz camaleónica que no explota sólo un perfil”. – Tan al filo. – Esa es la palabra. Tan al borde. Juana en “Nordeste”, Griselda, la de “Extranjera” también… Y la de “Industria Argentina”, cuyo marido, Juan (Carlos Portaluppi), se queda sin trabajo en medio de la crisis del 2001; ella está al borde de parir, al filo de la angustia por sostener a su hija pequeña más su embarazo. Imagino que me eligen porque pongo mucha pasión por lo que hago, soy una actriz jugada y apasionada. Normalmente, cuando me gusta un proyecto se lo pido al director, soy de las que toma el teléfono y lo llama. En “El décimo infierno”, cuando leí el libro le dije al director colombiano (Méndez Restrepo) –el primero que me entrevistó– que lo quería hacer. Él hizo una primera selección y me convocó luego a una librería –el mejor lugar– para charlar con Mempo… A él le dije que nadie lo iba a hacer como yo, tengo todo, la locura, la pasión. Ambos se fueron y no supe más hasta que me llamaron y me anunciaron que sería Griselda. Fue una jugada grande para ambos, optar por una actriz que venía de un rol francamente opuesto. Quizás sea suerte… Yo daba lo que ellos querían, medio italiana, pero norteña sin acento de Buenos Aires ni chaqueño, mujer latina, grandota. Eso les cerró y también que fuera una cara nueva. La película es de ira, violencia, sexo, y mi personaje es muy jugado y difícil. El 20 de este mes la voy a ver por primera vez. – Dijiste, hablando de Griselda, “esta mujer que armé”… ¿Cómo explicarías ese armado, esa construcción? – Juan Pablo Méndez Restrepo me hizo ver muchas películas de David Lynch, un director norteamericano interesantísimo cuyos personajes femeninos son seres normales que en determinado momento comienzan a transformarse en demonios y todo empieza a suceder a través del impulso, la ira, la pasión sin mirar atrás. “El décimo infierno” es una película de carretera, mi Griselda y el rol de Patricio Contreras van en camioneta por la ruta. Filmamos casi todo el tiempo de noche, va a ser algo muy diferente y con un gran peso literario. Está escrita por Mempo… Él me dirigió constantemente y juntos la fuimos construyendo. Es un rol difícil de armar porque debía encontrar de dónde sale, por dónde explota. Al principio era una mujer chaqueña normal, de alta sociedad… Hablé con muchas señoras así y me llamó la atención el peso de la iglesia, esa omnipresencia de la represión, del control, del pecado. Se pasan la vida siendo correctas pero, en realidad, son infelices. Tener un amante es como el pecado más interesante que les puede pasar y lo que hace seguir sosteniendo sus matrimonios. Griselda se había criado entre monjas, siempre trató de tener fe, de ser una persona correcta que hace todo bien. Después, el enloquecer, el que nada le importe a punto de matar. La construí observando mujeres de clase social muy alta con las que me juntaba a charlar también en Chaco para ver su modo de hablar. Ellas tratan de no tener tono, porque la chica que limpia la casa habla como chaqueña. Las señoras de dinero viajan mucho al exterior, a Buenos Aires, en Resistencia viven holgadamente, están muy bien vestidas. Pero no tienen acento, lo tratan de disimular. Cosa que me jugó a favor… – Actuar es tu juego y los directores te dicen jugá a ser Juana a quien quieren echar de su tierra, a la que los hombres pretenden avasallar; o a esta otra que escapa del tedio y se dispara sin más hacia la locura. – Cuando regresaba a la habitación del hotel, quedaba sacudida, movilizada. Y después también… Al volver a Buenos Aires, tras filmar en Chaco, tuve un gran estrés porque fue una película que se rodó durante muchas noches. Dormía de día y eso me provocó una sensación de irritación grande que para el personaje me vino genial. Estaba al borde todo, realmente. El jugar y pensar en matar es un tema riesgoso. Sabemos que podemos hacerlo y cuando, como actriz, lo empiezo a provocar, es fuerte, diabólico. Hay algo ahí oscuro que toca fibras propias. – Son además personajes que aparecen diariamente en las noticias, víctimas de la violencia de género. – Sí. Esta forma de violencia es un tema cada vez más recurrente. Griselda es más fuerte, pero es una violenta, una mujer con ira. La película comienza cuando entre ella y su amante (Contreras), deciden matar al marido. Allí arranca un viaje para seguir matando. Lo interesante o lo raro es que nadie los sigue. Es un policial negro donde ellos mismos se persiguen y van del amor al odio en un solo paso. – ¿Cuándo descubriste tu vocación de actriz? – Yo tenía 16 años, un poco menos, cuando empecé a sentir que no tenía que ver con lo que mis compañeros de secundario pensaban hacer, medicina, abogacía. Quería ser actriz. En mi casa no había actores pero de niña iba mucho al cineclub con mis padres. Ver una película, debatirla, yo sentadita en el piso viendo todo eso, me quedó muy marcado. Como no había cine en Cutral Co, llegaban películas de Buenos Aires y ellos armaron un grupo para verlas. Mis padres participaban en ese momento en política, en época de la dictadura, y yo iba sintiendo que mostrar un filme, debatirlo apasionadamente, era muy interesante aunque había cosas que no comprendía porque era chica. Que hubiera una mujer capaz de contar una historia ajena y la gente pudiera emocionarse, reír, llorar, me resultaba increíble, maravilloso. Y cómo uno podía durante hora y media meterse en un mundo infinito, en el ritual del cine que no debe desaparecer, y olvidarse de todo. Hoy Aymará escribe dos guiones que ya tienen título, “La Virgen”, grito silencioso de miles de mujeres que no tienen posibilidades de un tratamiento de fertilidad; y “La Primera” sobre la vida de la cantante mapuche Aimé Painé, junto a la guionista y directora rionegrina María Paula Rithner y el director y productor neuquino Luis María Rey.

Eduardo rouillet


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