Una canción de amor intenso

Haruki Murakami vuelve a sorprendernos con una novela entrañable. "Tokio blues" (Tusquets) es una nueva muestra de su talento para contarnos historias donde el amor, la locura y la muerte se entrelazan en un juego eterno.

Por Redacción

por: CLAUDIO ANDRADE

candradade@rionegro.com.ar

Comentar un libro tiene la secreta aspiración de reconstruirlo de un modo distinto. Es una aspiración inútil y, hasta cierto punto, innecesaria. Un libro maravilloso no requiere ser escrito dos veces. Acaso el cronista, el autor de un artículo periodístico «a propósito de…» pueda sólo referirse a los sentimientos que un autor le ha provocado.

El conflicto surge cuando este cronista se enfrenta a la extraña sensación de haber sido cautivado no una sino varias veces por la obra de un mismo escritor.

¿Cómo retratar entonces tal experiencia, suerte de deja vú, que nos confunde y nos roba el aliento? ¿Cómo decir, una vez más, que tal o cual autor resulta imprescindible, fantástico o plenamente original? ¿Cómo hacerlo si todo esto se ha dicho antes?

La obra de Haruki Murakami ha terminado por poner en un brete semejante a este cronista. Su recientemente publicado en la Argentina «Tokio Blues» (Tusquets), posee una variedad de deliciosos recursos narrativos que ya había mostrado el autor en su novela «Al sur de la frontera, al oeste del sol».

Hay al menos dos elementos en la escritura de Murakami que impresionan a un público latinoamericano. Primero, la engañosa simplicidad de sus personajes que parecen tener tiempo y paciencia para todo; y, segundo, el marcado erotismo que atraviesa sus relaciones interpersonales descrito mediante una línea compositiva tersa y despojada de superficialidad estética.

Los personajes de Murakami hacen el amor como parte de un ritual entrañable que se anexa a las palabras. En «Tokio blues» sobretodo, el sexo tiene un protagonismo que va de lo culposo a lo dionisiaco.

Por otra parte, en la narrativa de Murakami no hay explosiones ni chillidos o gritos aunque a veces la muerte se desencadene con una puntualidad y contundencias pasmosas.

«Tokio blues» es el extenso desarrollo de un recuerdo juvenil. Una canción, «Norwegian Wood», retrotrae a su protagonista, Toru Watanabe, dos décadas atrás cuando se desataron las que serían sus más provocadoras experiencias amorosas.

Murakami deja caer sobre el papel una a una esas pasiones universales que nos identifican a todos. Hay algunas divergencias, por supuesto. Y son precisamente estas las que marcan su literatura y la hacen distinta a cualquier cosa que se haga de este lado del planeta.

Sin embargo, su visión signada por cuestiones culturales, las variables lógicas entre un mundo y otro -Occidente versus Oriente- no hacen más que acercar al lector y comprometerlo con la historia de amor que Murakami cuenta.

El amor, el dolor, la locura y la muerte son piezas infaltables en la obra del escritor. Cada final suyo es un paso hacia el vacío. Un empujoncito al abismo que tanto desdeñamos, y, porqué no, un fragmento de oscuridad en el cual deberíamos internarnos más seguido.

Curiosamente, después de mucho andar con nosotros, sus lectores, Murakami tiene la desfachatez de dejarnos solos.

Solos con nuestros sentimientos.