Una catástrofe esperable



Federico Horne *


Los sistemas económicos no incluyen en sus flujos monetarios el valor del sistema natural.

Una mesa tiene un precio relacionado con el costo de cortar el árbol, aserrarlo, transportarlo y fabricar la mesa. No se incluye el “costo natural” en el ecosistema, equivalente al beneficio natural que cumple el árbol -los árboles- en él. Costo natural cero es el valor del agua que viene por el río, del aire puro que respiramos, el mar limpio o del clima benéfico que tenemos.

Se llama externalidades de la economía porque no las incluye el sistema -o modelo- de funcionamiento. Al no incluirlas tampoco valora su “feedback” o impacto retroactivo del sistema económico sobre el sistema natural.

“Lo que la naturaleza nos da, es gratis” lema sobre el cual la intensidad de uso por el sistema económico lo regula la propia voracidad económica neoclásica.

Karl Marx en su esquema de reproducción económica tampoco incluye el valor del bien natural. El precio está dado por el valor social incorporado, se olvida de sumar el valor natural agregado.

La humanidad tiene dos fuentes de energía; la que surte el sol y la que proviene de la corteza terrestre. La primera es provista a un ritmo que no se puede modificar. La segunda puede ser intervenida al rimo que se quiera, tal como incendiar la selva amazónica para transformarla en soja.

El aporte que cumple el Amazona al sistema natural global es cero para el capitalismo neoclásico. Los tratados internacionales que restringen el uso del sistema natural para hacerlo sostenible no necesariamente se cumplen.

Lo vemos a diario en las políticas de los países hegemónicos. Estos acuerdos pretenden administrar o suplir con leyes y tratados las externalidades.

¿Podrá compensarse o repararse el daño como se pretende con las normativas proteccionistas? Difícilmente.

La alta intensidad (o magnitud del flujo) con que se insume el bien natural, o energía natural, es inverso a su posibilidad de generar trabajo útil, es ley de la física demostrada elegantemente por Georgescu Roegen ya en los 70 en “La ley de entropía en los procesos económicos”.

El limite a la velocidad de crecimiento (o consumo) es una componente imprescindible para la sustentabilidad de los recursos en el tiempo.

¿Hay métodos para incluir las externalidades en el análisis del sistema económico? Sí las hay.

Enfocado así, un análisis evaluativo para usar tierras del Amazona destinadas a cultivos arrojaría resultados negativos -no rentable- al igual que la extracción intensiva petrolera, la pesca indiscriminada y muchas otras actividades de la economía que incluyen el sistema natural.

¿Puede esta racionalidad enfrentar al poder económico de las corporaciones? Difícilmente. ¿Podrá compensarse o repararse el daño como se pretende con las normativas proteccionistas? Difícilmente.

El escenario del Amazona en llamas es un indicador del camino que sigue el capitalismo avaro y voraz que irá siempre por más.

Parece más posible que la propia presión de la conciencia cognitiva de los pueblos, el clamor y la protesta a lo estatuido sea el camino a un nuevo paradigma que nos saque de este rumbo.

* Doctor , profesor titular del Área Recursos Hidráulicos, director ITAMA e investigador de la Universidad Nacional del Comahue.


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