Una cocción temeraria

Carlos Torrengo ctorrengo@rionegro.com.ar

Cocinada a fuego lento por la gente, la política busca razones para seguir.

No tiene la culpa de estar en la cacerola.

Porque si de sus pecados se trata, hay que buscarlos en la dirigencia.

No en la política.

Pero como la política en sí misma es un abstracto, está indemne ante la necedad de la dirigencia.

Especialmente cuando la dirigencia está en el poder, o sea es gobierno.

Y éstos son días en los que la necedad humilla a la política.

Lo hace sin mayor reparo.

Suceden casos asombrosos en esta materia. Veamos.

El gobierno rionegrino se resistía con tenacidad asiática a reflexionar sobre la denuncia que, formulada por el Grupo Agenda, sostiene que Nación no devenga correctamente las regalías petroleras y gasíferas de acuerdo con lo establecido por la ley 23.697. No la aplica porque mantiene vigente el decreto 1.757 que puso en suspenso aquella ley.

Para Agenda como para la provincia del Neuquén en su momento, el decreto es inconstitucional en tanto no puede poner en suspenso «sine die» una ley.

O sea, no paga lo que corresponde. Una conducta que -siempre según Agenda- tiene su origen en el «90. Total de la deuda: 70 millones de pesos.

La administración Verani trató con desdén la denuncia de Agenda.

La consideró más un ataque a su integridad formulado desde intereses políticos, que un tema a analizar.

Desde la cúpula del poder se llegó a calificar de «boludez» la iniciativa de Agenda.

En los hechos, el desdén del gobierno tomó forma de lápida sobre el tema.

Pero piruetas tiene la historia. Sorpresivamente, el 5 de abril el fiscal de Estado Cecci envió tres cartas documento.

Intimó al presidente de la Nación, al ministro de Economía y al secretario de Energía a que liquiden en 30 días las regalías de acuerdo con la ley.

La Fiscalía hizo suya además la tesis de la inconstitucionalidad del decreto.

La pregunta surge sola.

¿Hasta qué punto el gobierno rionegrino está en su sano juicio cuando, munido de un desdén terminante, descalifica con total impunidad lo que luego en silencio hace suyo y defiende?

¿Hasta dónde este tipo de conducta no inflige un inmenso daño a la política?

Pero hay más. Y también atañe a la administración Verani.

En setiembre Agenda presentó un proyecto de ley destinado a gravar con el Impuesto Inmobiliario los bienes de las empresas que tomaron en la provincia los servicios públicos privatizados.

El gobierno chilló fuerte: otra boludez, se reiteró desde la cúpula del poder. Pero sin ganas, el sector veranista de la bancada radical dio luz verde al proyecto.

Pero inmediatamente el Ejecutivo advirtió que la aplicación efectiva de la ley se demoraría casi una centuria debido a que el Catastro tortuga que tiene la provincia tardaría mucho en cargarse.

Ahora, ante el conflicto docente, desde la Legislatura surgió la alternativa de lograr fondos mediante una moratoria amplia y la aplicación del Inmobiliario a las privatizadas.

Y esta semana, con la velocidad del rayo, el Ejecutivo reglamentó la ley fijando valores referenciales para que las empresas paguen a partir del 2002.

También aquí la pregunta surge sola. ¿Por qué el gobierno se opuso con argumentos descalificadores a una iniciativa que ahora se apura en instrumentar con la ligereza del desesperado?

¿Ante tanta ligereza, hasta qué punto tienen rigor los valores referenciales que pone en vigencia el gobierno para que las empresas paguen?

Grave.

Un sistema de decisión que, movido a los bandazos, sigue forjando una historia densa en favor del descrédito de la política.

Tan grave como una deserción achacable al Grupo Agenda, ese plano del Poder Legislativo empeñado en poner distancia de quienes dañan a la política desde la política.

Una deserción significativa.

Tanto que en alguna medida siembra dudas sobre la disposición de Agenda de operar en todos los frentes donde se requiera hacer más cristalina la acción política.

Vayamos al grano:

¿Por qué razón -si es que existe- Agenda no ha expresado el más mínimo interés en la denuncia formulada por este diario tres semanas atrás sobre el oscuro manejo con el que desde el poder se acreditaron los casinos en la provincia?

Ni una expresión de los «agendas».

A lo sumo, un «interesante, interesante…¡Muy bien che, muy bien!»

Casi una palmada y luego seguir silbando bajito.

Con voluntad férrea para apelar incluso a la cortina de humo, para eludir un mayor compromiso ante el tema.

¿Hasta dónde no es una contradicción flagrante que Agenda esté empeñada en investigar todo atisbo de decisiones oscuras del poder y no muestre el mayor interés en determinar los alcances de lo denunciado por este diario en relación con los casinos?

Si evidencia una sana preocupación por investigar incluso los motivos del vuelo rasante de un gorrión sobre la testa de unos de sus miembros. ¿Por qué el Grupo Agenda no dice nada sobre el tema casinos?

Esta conducta también daña la imagen de la política.

Qué inocente, sigue en la cacerola.

Y si se termina de cocinar, la noche en la Argentina será negra, muy negra. Y larga.


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