Una decisión equivocada

Por Redacción

BAUTISTA J. MENDIOROZ (*)

Corrimiento de la barrera sanitaria

El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y el Senasa acaban de tomar la decisión de trasladar en forma intempestiva la barrera sanitaria desde su posición actual al límite de los ríos Barrancas-Colorado. Una medida que, a todas luces, resulta inapropiada para el momento actual y que va a acarrear una serie de importantes perjuicios a la sociedad rionegrina en su conjunto. La discusión del corrimiento de la barrera sanitaria en Río Negro es de larga data y de difícil resolución, porque interactúan intereses políticos y sectoriales, regionales y extrarregionales. Pero aun así hay cuestiones claras y difíciles de obviar por las consecuencias que acarrea una medida de esta naturaleza. El contexto provincial en el que se toma esta medida es el siguiente: venimos de una de las peores sequías de la historia en la región, con nuestro stock ganadero disminuido casi a la mitad desde el 2005 (1.150.000 cabezas) al 2012 (612.000 cabezas), según datos del propio Senasa, siendo el gobierno nacional el que decretó (prorrogó) la situación de emergencia y desastre agropecuario por sequía en nuestra provincia hasta abril del 2013. Pero además en el país en su conjunto nos encontramos con la actividad, o mejor dicho la cadena de valor cárnica, en crisis: el rodeo nacional disminuyó en 10 millones de cabezas del 2005 a la fecha; de los casi 500 frigoríficos habilitados para el tránsito federal en Argentina entre el 2005 y 2007, en el 2012 quedaban 189, de los cuales sólo 58 funcionan con normalidad, cada vez más concentrados en menos manos; las exportaciones de carne vacuna en el 2012 cayeron a niveles similares al 2001, el peor año de la historia; el país se encuentra en un proceso de marcada desaceleración de la actividad económica con una tasa de inflación del orden del 30% anual y en aumento, con mayores índices de desocupación y pérdida creciente de competitividad exportadora. En este contexto se decide correr la barrera para “exportar” carne vacuna al circuito “no aftósico”… Hoy, la barrera del río Colorado está cerrada; por lo tanto no entran animales en pie para faena, no entra vacuno en pie puro por cruza o de pedigrí para campos, tampoco asado con hueso ni otros cortes con hueso para consumo. Esta situación acarreará consecuencias inmediatas a todos los sectores involucrados. La escasez relativa de oferta regional traerá aparejado el aumento del precio de la hacienda en pie destinada a faena de los frigoríficos regionales; más o menos marcada por la estacionalidad de nuestra producción. Este aumento de la materia prima se trasladará al resto de la cadena de valor, terminando en un mayor precio al consumidor. Los frigoríficos regionales dispondrán de menos hacienda para faena para mercado regional y nula para el exportador, que requiere un animal pesado que no se produce habitualmente en la zona. Esto tendrá un efecto directo sobre el funcionamiento de las empresas y sobre el nivel de empleo de las mismas. Es difícil pensar que en el contexto arriba expuesto el solo aumento del kilo vivo produzca una avalancha de inversiones que reviertan la cuestión. Porque, además, los efectos negativos del cierre de barrera son inmediatos y para los supuestos beneficios se debe esperar, como mínimo, entre 3 y 4 años. Sin contar, obviamente, que el aumento de stock sólo podría hacerse vía retención de terneras, con los tiempos y las dificultades que ello acarrearía en una zona como la nuestra, donde el principal producto de los campos de secano es justamente la producción de terneros. La situación tiene varios efectos y actores controvertidos. Así, Haroldo Lebed, funcionario nacional e impulsor de la medida, manifiesta públicamente que no va a haber aumento de precios. No es cierto. Salvo que las reglas de la economía se den vuelta y ante una menor oferta el precio disminuya. El ingreso de carne sin hueso del norte regula sólo parcialmente el precio de la con hueso. Si no, el asado valdría lo mismo (salvo flete) en Río Gallegos que en Bahía Blanca. Y eso no es así. Los diferenciales de precio están en el orden del 60 ó 70% más caro en las zonas con barrera con respecto a aquellas que no las tienen. Cabe agregar también que los frigoríficos locales, al comprar más caro el animal en pie, obtienen un producto más caro no sólo en carne con hueso sino deshuesada también. Esta última competirá con el ingresado del norte, lograda con menores costos de producción y los “sacará” del mercado. Manifesté en reiteradas ocasiones que la región patagónica libre de aftosa sin vacunación y con reconocimiento internacional debería ser un objetivo estratégico de mediano plazo. Pero claramente haciendo las cosas al revés de lo que se acaba de realizar. Tal como lo resaltaban los informes de los técnicos del INTA del 2011, primero hay que recomponer el stock, tomar los recaudos que garanticen el abastecimiento a la industria local y recién después correr la barrera. No hay arte de magia en esto. Frigoríficos como Arroyo en Bariloche, desde el 2007 pertenecen a una zona libre de aftosa sin vacunación, supuestamente integrada con la región patagónica sur y casi toda la provincia del Neuquén y al circuito comercial internacional no aftósico de carnes. Si la conformación de un círculo virtuoso fuera tan fácil, florecería el engorde en la región cordillerana y proliferarían los feed-lots para abastecerlo y no verse en la necesidad de recibir subsidios del gobierno para mantener las fuentes de empleo como hasta ahora. Con el corrimiento de barrera intempestivo no vamos a solucionar nada, sino que igualamos para abajo. Las medidas históricas que por el cuidado sanitario han tomado los gobiernos nacionales a través del Senasa en nuestra provincia merecen un párrafo aparte. Río Negro soportó durante años la provincia dividida en dos por tres barreras sanitarias, el río Colorado, el río Negro y el paralelo 42º. Del límite con Chubut al río Negro se estableció una “zona de vigilancia” y del río Negro al río Colorado una “zona de amortiguación” conocida como “zona buffer”. La “zona de vigilancia” sin vacunación pero sin poder comercializar libremente ganados y carnes con las provincias del sur. La “zona buffer” con vacunación pero no pudiendo entrar animales de rodeo general del norte para repoblar nuestra región cada vez que la sequía obligaba a mal vender y despoblar nuestros campos. Una ingeniería sanitaria difícil de entender. Todos estas restricciones que ocasionaron graves quebrantos al productor rionegrino ahora, con el nuevo corrimiento de la barrera, desaparecieron por arte de magia porque ¡no hay zona de vigilancia ni zona buffer prevista al norte del Colorado! ¡Qué suerte para los productores pampeanos y bonaerenses! A los rionegrinos nos mantuvieron la provincia partida y llena de barreras por más de 10 años con estas decisiones del Senasa. Ahora no son necesarias al norte del río Colorado. Sería bueno que Lebed y los funcionarios del Senasa explicaran esto. Y por favor, no empecemos con que el río Colorado es un límite natural infranqueable para el virus de la aftosa porque de falsedades ya llegamos al hartazgo. Y ojalá eliminar la zona buffer al norte del río Colorado no sea otra medida de la que tengamos que arrepentirnos. Un último párrafo para la actuación del gobierno rionegrino. No se toma una medida de este calibre sin su consentimiento explícito, por lo que sus responsabilidades ante las consecuencias de la misma son claras. Creo sinceramente que esta medida tomada de esta forma y en este momento va a generar una espiral negativa para la cadena de valor cárnica provincial. No hay posibilidades de generar un círculo virtuoso cuando hay sectores tan perjudicados como la industria y el consumidor. Además no hay actividad pujante sin integración vertical producción primaria-industria ( trabajadores). No hay proyecto a futuro exacerbando los enfrentamientos intersectoriales. (*) Ingeniero agrónomo y forestal