Una escalera que nunca termina
Llevan veintiocho años de actividad ininterrumpida y una historia de sacrificios, apoyada sobre todo en la ayuda de los vecinos. Los frutos están a la vista: el teatro está vivo.
Grupo Teatro Libres de Luis Beltrán
Eduardo Rouillet
eduardorouillet@gmail.com
El 4 de agosto, el Grupo Teatro Libres presentó en Luis Beltrán, el varieté “La più bella del mondo II”, donde participaron los músicos locales, jóvenes patinadores, el conjunto TRabiosos, Ukelina y Pipistrela, el equipo del Taller de Clown, cantantes e imitadores, todos reunidos en el escenario del Teatro El Galpón. El 17 de marzo, en el Festival Provincial de El Bolsón, ofreció “De envases cuerpos y presencias líquidas”, danza- teatro creación del Grupo Teatro Libre, con actuación de Mauricio Jorquera y dirección de Pablo Otazú. Dos de las tantas actividades que el grupo organiza en el año de su cumple veintiocho, de trayectoria teatral ininterrumpida. Por sus manos han pasado muchas obras y premios provinciales, patagónicos, nacionales e internacionales.
En una ciudad chica no es fácil sostener la actividad. Pareciera que la demanda es poca. Pero Beltrán llena salas y es la única localidad del Valle Medio con un espacio totalmente equipado para teatro. Creado el 28 de Agosto del 84, el Grupo Teatro Libre exhibe una historia de sacrificios, con su mayor basamento en el apoyo de los vecinos. Un aspecto que Otazú (55, nieto de vascos de Pamplona y papá de Paula de 28, Agustina de 24 y Facundo de 21) puntualiza en la entrevista que mantuvo con Río Negro.
“Soy uno de los antiguos miembros del Grupo Teatro Libre que acompañamos a Hugo Cognigni, fundador del Grupo, José Reverte, Eduardo Montangero, mi señora Nidia Palomo y yo. La mayoría de los que nos juntamos en aquella oportunidad, habíamos hecho teatro en el secundario y teníamos necesidad de armar algo. Ninguno era especialista, habíamos picoteado un poco. Y nos sucedió como aquellas compañías de teatro vocacional… Al principio, dirigían los que más sabían, hasta que llegó Hugo Aristimuño. Ahí el teatro toma el cariz de oficio, digamos, empezamos a tomar talleres, a ser más criteriosos y exigentes. Desde su llegada comienza a profesionalizarse el grupo. Influyó también la apertura democrática, había muchos deseos de participación, entonces fuimos uno de los fundadores de la Coordinadora del Teatro Rionegrino. Y como Beltrán tiene una característica muy particular ya que cuenta con mucho alojamiento, la mayoría de los talleres y cursos provinciales, se realizan aquí. Nosotros nos contactamos con compañeros de la provincia y además sentimos la necesidad de subir unos peldaños más de esta escalera que nunca termina”, le dice a “Río Negro”.
Así realizamos la primera obra de otro estilo, porque el nuestro era muy costumbrista, vocacional, y Hugo proponía un teatro mucho más exigente y asumiendo muchos riesgos. Sus propuestas escénicas eran, y son, absolutamente diferentes a lo que estábamos acostumbrados. La primera puesta de esta nueva instancia, se llamó “Marí Marí Huinca” (reconocida a nivel nacional, se llegó a presentar en la sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes, en Buenos Aires) que provenía de un estudio que se había hecho en el Consejo de Educación sobre la migración de comunidades mapuches hacia zonas más pobladas como Viedma, Roca o Cipolletti, y lo que ocurría con ellas. Con esa obra recorrimos todo el país y ganamos el Festival Provincial de Teatro (85) y la posibilidad de estar en el Nacional y en el primer encuentro de Teatro Independiente que se hizo con la vuelta de la democracia.”
–A medida que Aristimuño les fue planteando nuevos horizontes, aparecieron posibilidades de desarrollo y también límites…
–Toda cosa nueva produce algunos reacomodamientos en las agrupaciones. En nuestro caso, éramos un grupo numeroso y se propuso quienes quisieran seguir con la línea de trabajo que veníamos trayendo, lo hicieran, y los que querían abordar un trabajo nuevo como el que proponía Hugo, lo hiciéramos. En eso fuimos democráticos… Y se produjo la primera ruptura, pero no por problemas internos, sino porque el miedo a lo desconocido hizo que algunos se quedaran en su camino. En mi caso particular, me fascinaba la idea de Aristimuño, tenía ganas de hacer otra cosa, así que no me fue difícil. Pero admito que si bien produjo una ruptura, fue para bien. Esta es mi mirada…
La imaginación al volar
“Nos lleva mucho tiempo armar una obra y como Beltrán es una comunidad muy chiquita, hay poco margen en la zona para ponerla en escena. Somos unas cuarenta mil personas desde Chimpay hasta Pomona. El mercado es chico y tenemos que salir, llevando nuestro producto a otros lugares. El teatro en Beltrán (El Galpón) lo construimos con la gente. Cuando ocupamos ese espacio, no tenía ni siquiera techo y hoy es una sala teatral. Hemos pasado las crisis del país, trabajando comunitariamente. En mi cabeza, lo comunitario está primero. En general, lo digo. A veces me preguntan por qué no pido subsidios al Instituto (Nacional del Teatro)… La mayoría de las obras que he dirigido son subsidiadas por gente de Beltrán. Al interesar a un carpintero para que me dé tres maderas para una escenografía, estoy involucrándolo en un producto y hace a esta cuestión de la mirada comunitaria que ha mantenido nuestra actividad durante casi, pronto, treinta años, con mucho público en la sala. En un pueblo de poco más de cinco mil habitantes…”
¿“Si no trabajamos con el otro, no queda otra. No hubiéramos superado algunas etapas de haberlo hecho de otra manera. Hubo momentos muy duros, por ejemplo, que no teníamos plata para pagar el gas. Los hemos ido sorteando y en cuanto a lo artístico, las crisis son etapas de resistencia en las que se sacan fuerzas y la imaginación vuela hacia lugares impensados. Nosotros, cuando asume (Carlos) Menem, que fue una época nefasta, hicimos la obra “Aqueronte”, partiendo de la leyenda local de la Salamanca del Bajo del Gualicho donde la gente va a pactar con el diablo, también dirigida por Hugo. El personaje principal era un guitarrero que residía en Valcheta y nosotros lo cambiamos por un político… Casi como un presagio de lo que iba a pasar. Nos fue muy bien con ella. Hubo personas que nos dijeron que éramos como un oráculo que predecía el futuro (sonríe Pablo Otazú). Eso nos asustaba un poco… Generamos las cosas a partir de necesidades personales del grupo. Pero, bueno, así sucedió.
–¿En qué estado los encuentra el presente?
–Estamos en otro proceso de cambio. El primero fue éste que te acabo de contar, con la llegada de Aristimuño. Muy importante porque nos permitió descubrir el oficio. Luego, cuando él se fue, yo presenté un proyecto de teatro comunitario porque el grupo se había cerrado mucho, ocupado en la investigación, casi como un gueto, adentro de nuestro teatro… Así abrimos las puertas de El Galpón y llegamos a tener una puesta en escena de trescientas personas, al aire libre, con “La Pasión”, que se repitió durante diez años, con personas del pueblo que no tenían experiencia teatral, donde participaba el que quisiera. Usando elementos que utiliza Adhemar Bianchi en La Boca, o Ricardo Talento en Barracas. Con la misma visión, nosotros trabajábamos en Beltrán… Ahora viene otro período en el que comenzamos a dar testimonio, con chicos nuevos que llegaron a Beltrán no hace mucho y trajeron ideas jóvenes. Está muy bueno que eso pase, aunque a los viejos nos cuesta (ríe nuevamente Pablo) largar el muñeco. Y andan trabajando muy bien, la parte institucional la manejan ellos. En lo creativo estamos por poner una obra que nos dio muchas satisfacciones, “El Amateur” de (Mauricio) Dayub, con la que ganamos el Festival Provincial en 2005, y por estrenar un texto infantil de Adela Basch, con un elenco novel, todos debutantes. Además tenemos unas ochenta, cien personas que pasan por el teatro, haciendo talleres, entre niños, adolescentes y adultos. Y también a nuestro nene más preciado, el Encuentro de Teatro Adolescente, generado por adolescentes desde hace seis años atrás. Realmente maravilloso. Nosotros nos hemos desprendido de su organización y ellos han tomado la posta. Desde ese punto de vista, la continuidad está asegurada.