Una mirada a "Rocketman", la biopic sobre Elton John

¿Qué nos dejó el estreno de la biopic de Elton John? La primera lección: esquivarle a la comparación con “Bohemian Rhapsody”. Logrado esto, la película nos revela el lado luminoso de una vida compleja.





Las comparaciones entre Elton John y Freddie Mercury pueden dar como resultado varios puntos en común, pero está claro que sus historias no siguieron los mismos rumbos. Además, en este renovado fanatismo por las biopic, compararlas no pareciera ser una tarea con demasiado sentido. Pese a esto, muchas críticas que apuntaron a “Rocketman”, la biopic sobre Elton John recientemente estrenada, siguieron ese patrón, desafortunadamente.
Tal vez porque Elton vive y Freddie no, su película biográfica tiene una fidelidad muy superior, y esto podría ser una de las grandes diferencias que vuelven más disfrutable a “Rocketman”.

“Tenes que matar a la persona como la que naciste para poder convertirte en la persona que querés ser”, le dice en el film un colega al todavía por entonces Reginald Kenneth Dwight, que poco después se convertiría en una de las figuras más relevantes de la industria musical de los años 80 y los 90.

Elton John, en los años 70.

La frase no sólo tiene un enorme poder, sino que recupera aquella cosa psicoanalítica de “matar al padre” como bálsamo terapéutico que busca evitar la repetición de una historia y que , aplicada a este autor, se torna casi un eje central y da valor al relato, además de una especie de moraleja que tiene mucha vigencia.

Dicho esto, “Rocketman” le escapa por momentos al género biopic para meterse, a veces, en el terreno del musical, o bien un drama lacrimógeno, y por momentos se acerca a una comedia teenager, acaso su costado menos rescatable.
La acertada dirección que hizo el director Dexter Fletcher (dato nada menor es que fue el encargado de terminar “Bohemian Rhapsody, tras el despido de Brian Singer) se sumó a la reveladora interpretación de Taron Egerton, que da justo en el talle de un personaje excéntrico y volátil. A esto le agregó valor la jugadísima producción de Matthew Vaughn, que supo recrear todas las realidades que conjuga “Rocketman”.

Elton John en tiempos de "Rocketman", la canción. (Foto: Sam Emerson)

Podría decirse, como contracara, que se trató de una película de “autobombo”, ya que el mismo Elton John participó activamente en su creación, y efectivamente, queda muy bien parado. No se puede negar que toda producción de taquilla engrandece a algún personaje, y escapar a esto sería demasiado pedirle a una biopic.

El vestuario viene siendo un gran caballito de batalla de las películas históricas y esta no será la excepción. Se rescatan los mejores disfraces que usó el artista en sus presentaciones más emblemáticas, y le suman al producto final esa extravagancia que lo caracterizó desde siempre.
Por momentos, y casi inevitablemente como parte de este género, la trama cae en esa cosa dramática un tanto gastada que amaga con aburrir, pero afortunadamente el histrionismo de Egerton revive el relato. Lo mismo pasa con los abusos del musical, que terminan por acercarse a las escenas de la peor parte de Bollywood.

Elton John y Taron Egerton, durante el reciente festival de Cannes.


Otro punto empalagoso es el personaje que recrea Jamie Bell, retratando al amigo de Elton, Bernie Taupin. Su benevolencia y sonrisa extremadamente amigable lo vuelven una carta predecible que resta más de lo que suma, totalmente alejado de aquel Billy Elliot


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