Una obra social deberá cubrir el tratamiento de una mujer transgénero

La jueza Erika Fontela hizo lugar al pedido de la denunciante, quien pudo acceder a un microimplante capilar para reflejar socialmente su “imagen autopercibida”.





Una obra social deberá cubrir el tratamiento de una mujer transgénero

Erika Fontela, titular del Juzgado de Familia y Civil de El Bolsón, hizo lugar a un amparo presentado por una mujer transgénero para que su obra social le cubra un tratamiento que le permita adaptar su cuerpo a como se autopercibe.

La denunciante requirió un tratamiento de microimplante capilar, para poder evitar el uso de una peluca, que actualmente es su única manera de reflejar socialmente su “imagen autopercibida”.

La presentación de la amparista incluyó el rechazo de la obra social a cubrir el tratamiento y los informes psicológicos, y en audiencia relató su experiencia de vida.

El pedido logró el acompañamiento de Marcela Romero, presidenta de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, y la defensora del Pueblo, Beatriz Oñate, bajo la figura de Amicus Curiae.

La representante legal de la prestadora dijo que la obra social no negó la prestación, sino que consideró que el implante solicitado no se encuentra dentro de la cobertura obligatoria según la Ley de Identidad de Género.

En el fallo, la Jueza señaló que la ley prevé que las prestaciones enumeradas son enunciativas. “La pregunta que debemos responder es si corresponde que una obra social rechace una prestación cuando no está expresamente indicada en la ejemplificación del anexo I de la ley o si el implante capilar es estético y no debe encuadrarse dentro de las prestaciones del Plan Médico Obligatorio (PMO)”, expresó.

Para Fontela la obra social no logró demostrar cuál es la razón por la cual no otorgó la prestación y “no basta con la genérica indicación de que no se encuentra en el PMO”.

En la audiencia, la amparista relató que “se autopercibe como mujer desde muy pequeña” y que desde muy corta edad “comenzó a utilizar las prendas de sus hermanas”. Así, “la sensación era de sentirse completa, aunque ello ocurría de a ratos, puesto que luego tenía que volver a su estado ´normal´, ya que le producía culpa, vergüenza y tristeza por no poder continuar vestida como lo deseaba, lo que la llevó a vivir en un permanente estado de enojo”.

Explicó que “si bien realizó terapia con varios psicólogos, luego de hacer catarsis, volvía a su vida como hombre sin cuestionarse, y por su educación católica, el solo hecho de sentirse diferente le producía mucho desasosiego”. Luego se casó y tuvo niños, pero “la sensación de desasosiego continuó, a lo que se sumó el rechazo a ciertas partes de su cuerpo, como la falta de pelo en la cabeza”.

“Luego de informarse respecto a la identidad de género y de las mujeres transgénero, el proceso iniciado en su niñez se aceleró, al punto de contarle a su pareja e hijos, lo que llevó a la separación pese al dolor que ello significa, puesto que se siguen amando pero no puede renunciar a lo que es”, explicó. En este proceso tuvo “un apoyo incondicional de sus hijos”.

Contó que “ahora queda adaptar su cuerpo a como se autopercibe, razón por la cual retomó hace ya casi un año terapia, acompañando con ello el tratamiento de hormonización. Pretende verse al espejo sin calvicie, que es su gran molestia, y se angustia al día de hoy, por lo que necesita el microimplante a fin de no utilizar peluca con los riesgos de que se le corra”.


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