Una pueblada que marcó la historia de Allen



Carlos A. D’Amico

El 16 de marzo de 1999 en Allen se cerraba un proceso inédito en el país. Comenzó con la presentación formal de un vecino, quien invocando el derecho ciudadano de peticionar estipulado en la Carta Orgánica municipal solicitaba al Concejo Deliberante la revocatoria del mandato del entonces intendente cuestionando el desempeño de su gestión. Esta solicitud fue apoyada por un grupo de vecinos quienes se constituyeron en una Comisión Multisectorial que libró una ardua lucha en pos del cumplimiento de las sucesivas etapas que contempla este proceso.

En este trámite donde los ciudadanos tienen competencia exclusiva sólo se reserva al Concejo Deliberante la función de velar por el correcto trámite administrativo que requieren las sucesivas fases de la revocatoria. Sin embargo, los concejales de entonces, acostumbrados a actuar corporativamente en el manejo de la cosa pública a espaldas de los ciudadanos, intentaron, utilizando todas las argucias posibles, obstaculizar e impedir que este proceso se desarrollara normalmente.

Para dar fin a todas estas artimañas, la Multisectorial después de más de ocho meses de dura lucha presentó ante la Justicia un recurso de amparo destinado a limitar la intervención de ese cuerpo. Dicho recurso fue considerado favorablemente por la Justicia que ordenó al CD proporcionar a los vecinos demandantes las facilidades necesarias para llevar adelante la iniciativa en condiciones normales.

Una primera etapa consistió en la presentación de la solicitud, avalada con la firma del 10% del padrón electoral.

La segunda etapa requería un aval que sumara el 20% de electores, en un plazo de treinta días mediante el registro de firmas en libros dispuestos a tal fin en diferentes lugares de la localidad.

Este procedimiento requiere de un gran compromiso y conciencia ciudadana, puesto que equivale a un voto cantado e implica exponerse ante la comunidad y, en muchos casos, vencer los temores y las amenazas con las que el poder suele amedrentar a los ciudadanos. Fue una larga espera plagada de ansiedades, dado que se agotaba el plazo sin expectativas de alcanzar la cantidad mínima necesaria. El último día, la concurrencia que venía a registrar su firma era de manera intermitente.

Sorpresivamente el caudal de vecinos se comenzó a incrementar y a media tarde era un aluvión imparable. A horas de la finalización del plazo, ya se había sobrepasado holgadamente el mínimo de firmas requerido.

El júbilo ganó las calles de Allen. Caravanas de vecinos expresaban a viva voz su entusiasmo. Como cierre de esta jornada histórica, la multitud se concentró como un símbolo en la Plazoleta de la Paz, donde una integrante de la Multisectorial destacó el compromiso y participación de los vecinos en función de lograr el objetivo alcanzado.

A pocos días de esta gesta popular y, ante el temor de que en plena campaña electoral esta experiencia pudiera causar un efecto dominó en otras localidades, el gobernador Verani le indicó al intendente Gentile la conveniencia de dar un paso al costado presentando su renuncia al cargo.

El proceso de revocatoria se cerró sin que se pudiera concretar la tercera etapa, que consiste en el llamado a un referéndum popular. Esta aclaración es importante por cuanto si bien es cierto el proceso de revocatoria es promovido y avalado en dos secuencias por un sector de vecinos, la continuidad o no del funcionario cuestionado depende de esa instancia de la que participa la totalidad del electorado.

Fue una pueblada que marcó la historia y que se refrendó con la aprobación de la OM 004/01l que declaró al 16 de marzo Día de la Reafirmación de los Derechos Ciudadanos de Allen.

Un excelente análisis publicado en este medio por el periodista Carlos Torrengo, en referencia a lo actuado por los vecinos, concluía: “Nada fuera de lo que corresponde: la legislación. No es poco lo que han protagonizado los allenses. Y mucho menos si recordamos que vivimos en Argentina”.


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