“Una reflexión educativa”
Al pensar la escuela que queremos construir, establecemos, desde concepciones previas, los fines hacia los cuales guiaremos nuestro accionar. Me pregunto: ¿cuál es el objetivo fundacional del colegio? ¿Cómo se podría caracterizar el estilo institucional? ¿Cuáles son los valores básicos compartidos –por la mayoría de sus miembros– que determinan la cultura escolar? Ante la certeza de que el currículum institucional –entendido como el eje vertebral de la institución, como un proyecto socio-político-cultural que orienta la práctica educativa– sea abierto y flexible, y desde el mismo se propicie la integración entre la familia y la escuela, ¿cuáles son los lineamientos a seguir? ¿Cuál es el rol asignado a los diferentes actores institucionales? La articulación familia-escuela es fundamental en pos de trabajar por el alumno, a los efectos de ayudarlo en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Si se logra una buena comunicación, las posibilidades de éxito son mucho mayores. En los últimos años surge un fenómeno muy particular: algunas familias llegan con enojos a y hacia la escuela, y en lugar de trabajar en conjunto rompen esa alianza, a veces se colocan en el lugar del alumno y de su crítica. Entendemos que este posicionamiento es radicalmente erróneo, suele generar muchas dificultades y, obviamente, complica las relaciones. Una reflexión de este tipo remite al concepto de autoridad, concepto temido, rechazado, pero que llevado a un justo lugar propiciaría procesos mucho más equilibrados. Los padres colaboran con el proceso, no determinan cuestiones no atinentes a su rol (no definen la organización de la institución, las estrategias docentes, los materiales curriculares, no eligen los textos, etc.). No corresponde –no debe permitirse bajo ningún concepto– que participen, por ejemplo, actores ajenos a la propia institución; sí la participación activa, participativa y de colaboración por parte de la familia. Es una total falta de respeto al docente a cargo de la cátedra el permitir acciones en contra de lo expresado, para lo cual recordamos que el docente es la autoridad pedagógica con toda la responsabilidad que este rol le confiere. Estas acciones deshabilitan, desautorizan, al propio docente, y debilitan aún más a la propia institución. Si se posibilitan intervenciones activas de estos hechos, ¿cuál es el clima que se genera a partir de ello? Ésta es una reflexión que no me pertenece, pero que podría hacer mía porque de hecho comparto gran parte de sus apreciaciones: nos preguntamos, ¿qué papel juegan la familia y la escuela? Nuestra respuesta es categórica: la escuela y la familia no producen ciudadanos, producen clientes y parientes. La escuela no trata a los niños como ciudadanos y por tanto no les enseña a serlo. Produce clientes porque trata a los niños y sus familias como tales. Esto ocurre tanto en el ámbito específico de las escuelas como del sistema educativo en general. Otro tanto sucede con las familias: socializan a los niños sin respeto al otro (a menos que sea pariente) y sin considerar a la ley como reguladora de la convivencia social (a menos que me convenga o pueda utilizarla). Estos enunciados pueden ser tomados como provocación e inspiración inicial. No es nuestra intención desacreditar a la familia y a la escuela como formadores de ciudadanía y ámbitos de ejercicio de derechos. Por el contrario, tratamos de indicar el punto en que estas instituciones sociales se encuentran respecto de esas tareas. Es necesario profundizar este debate para enriquecer su contenido. Nos preocupan, por ejemplo, las diversas manifestaciones que este clima sociocultural tiene en función de algunas variables de contexto. Los niños de las clases altas, por ejemplo, son impulsados por la familia y la escuela, desde temprana edad, a comportarse como si sólo tuvieran derechos y ninguna obligación. Sin embargo, cada día aumenta la cantidad de niños que crecen en un ambiente de abandono emocional. El trato prepotente de los adolescentes y jóvenes de este estrato nos evidencia que, tratándose de cultura democrática y valores ciudadanos, la situación socioeconómica no es una variable que influya positivamente. Los adolescentes necesitan de adultos que se asuman como tales para poder constituirse. Es tremendo el error que podemos cometer cuando los minusvaloramos, cuando no posibilitamos que se puedan ubicar en el lugar de sujetos. Desde Vigotsky, no respetamos a nuestros alumnos cuando pretendemos nivelar hacia abajo. Existe una zona de aprendizaje potencial y debemos trabajar en función de ello. El concepto básico de “zona de desarrollo próximo” es de gran interés, ya que define un lugar donde la acción del profesor es de especial incidencia. En este sentido la teoría de Vigotsky concede al docente un papel esencial al considerarlo facilitador del desarrollo de estructuras mentales en el alumno para que sea capaz de construir aprendizajes más complejos. Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Cinco Saltos
Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Cinco Saltos