Una vez más el basural de la meseta de Neuquén desnuda el desamparo y el peligro

Pese al riesgo de contagio de coronavirus, los vecinos de Nueva Esperanza siguen buscando desechos para alimentar a sus animales o productos para vender. Pelean contra el hambre.





Lo que para la mayoría es solo basura, para otros es su única fuente de Ingreso. Es lo que ocurre en el Complejo Ambiental de Neuquén (CAN), donde por lo menos cien personas cada día revisan entre las pilas de basura elementos que puedan vender o reutilizarse. Otros obtienen de ahí el alimento para criar sus animales.

Ante la emergencia sanitaria por el coronavirus, el lugar se cerró para el ingreso de estas personas y los vecinos reclaman que se los deje ingresar ya que es su único medio de subsistencia.

“Hay gente que se mete igual porque hay necesidad y porque se les están muriendo los animales. Por eso corren el riesgo. La mayoría ha decidido ya no entrar”, contó Micaela, una de las personas que reclama que se les permita entrar y seguir realizando la tarea cómo hacían antes de la llegada del coronavirus.

“Todo lo que se ve como basura es un trabajo para uno”, expresó Micaela y sumó que no han tenido ninguna ayuda para cubrir sus necesidades básicas.
Los que se acercan cada día al basural llegan en autos, motos, camionetas o con carros tirados por caballos. Ahora, desde que se bloqueó el ingreso, entran unos pocos desafiando la seguridad e impulsados por la única forma de obtener un ingreso.

“La economía prioritaria del barrio, es el basurero. Al estar cerrado, le corta las piernas a los vecinos”, señaló el presidente de la comisión vecinal de Colonia Rural Nueva Esperanza, Ever Urrutia.

El vecinalista contó que “son recicladores y otros que juntan comida para los animales”. Afirmó que el 70 por ciento de la economía del barrio pasa por lo que se pueda encontrar en el relleno sanitario. “Hay una economía donde se junta la basura, se saca lo que puede servir y se recicla o se vende en el barrio. Otros productos se venden en otro lado. Hay gente del barrio que compra cobre por ejemplo”, describió el vecinalista.

Entre la basura se busca aluminio, cobre, cartón, hierro, papel, entre otros. Una parte de los productores revisa para encontrar frutas o verduras, para alimentar a sus animales.

Dentro del grupo de recicladores hay crianceros. El 80 por ciento de los productores son porcinos y el resto tiene aves de corral. Urrutia dijo que la semana pasada se logró que el Estado entregara 352 bolsas de forrajes a los productores para 120 productores, pero señaló que “quedó gente afuera”.

También recordó que los productores, atravesaron otro inconveniente. El matadero estuvo 90 días cerrados y recién ahora está pronto a reabrirse por la Asociación de Fomento Rural.

“Para ellos la basura es dinero, es supervivencia. Un vecino que trabaja en la basura gana por día entre 600 y 900 pesos”.

Ever Urrutia es el presidente de la comisión de Nueva Esperanza.

Desde el municipio se reafirmó
la decisión de mantener la prohibición de ingreso de personas que no tengan que ver con el sistema de residuos domiciliarios y patógenos de la ciudad.
“Seguridad pública de la provincia no permite que se reuna gente en ningun lugar. Hay un decreto que no permite la aglomeración de personas”, explicó Santiago Morán, secretario de Movilidad y Servicios al Ciudadano del municipio.
Subrayó que la medida la acompañan y sostienen “porque si entra un caso de coronavirus en el CAM estamos obligados a cerrarlo porque entra todo el mundo en cuarentena”. Dijo que si eso ocurre no habría dónde poder hacer la disposición final.
Por este motivo, “se trabaja
con la seguridad para contener el ingreso de las personas”, declaró Morán aunque apuntó que es “complejo porque es un lugar muy grande”.
Al respecto, Ever Urrutia, presidente de la vecinal
propuso que “la empresa que administra, apelando a su responsabilidad empresarial, dé unos permisos a los vecinos del barrio que trabajan en el basural.
“Hay más de 150 personas diarias, pero hay de otras ciudades. Pedí y entregué un listado con más de 60 vecinos del barrio para que puedan ir a trabajar. Esas personas en un predio de 10 hectáreas no es aglomeración”, sostuvo.

Análisis. La mano que ayuda queda corta con los vulnerables

Las necesidades básicas de los sectores super vulnerables siempre se hacen más evidentes en situaciones extraordinarias como la que nos toca vivir hoy con la pandemia por el coronavirus. Y es cuando los Estados demuestran estar prestos y prontos a aportar soluciones de manera rápida y eficiente. Pero siempre esa mirada y esa mano de ayuda se queda corta.
El intendente Mariano Gaido prometió hace días asistir a los comedores y merenderos “institucionalizados”. Su propuesta fue ayudarlos a pagar el gas que utilizan para cocinar. Una medida que ayuda mucho, nadie lo duda.
Pero en el caso de los que van a buscar “desechos” al complejo ambiental, la mano queda corta. Planteada la situación, el Ejecutivo dijo que nadie puede entrar allí y que se entregaron forrajes a los productores de la meseta (principales “consumidores” del basural), pero se olvidó de los que no son productores. De los que crían animales para autoabastecimiento, para que sus hijos puedan comer. Para no morir de hambre. Son los que mayoritariamente van al basural todos los días.
Ysí. Tienen miedo, miedo a contagiarse. Miedo a que sus hijos enfermen. Miedo, mucho miedo. Pero más miedo tienen a no poner un plato de comida ante las caritas hambrientas y saben que para ellos no hay otra alternativa más que exponerse.
Y es ahí donde la mirada y la mano queda corta. ¿Basta con decir que se están analizando alternativas para contener a esa población? ¿Es oportuna la declaración ahora cuando hace años los postergados de verdad de la meseta esperan contención?
No son oportunos los “analizamos”. Esa gente necesita acciones concretas y las necesita ahora.

Rosana Rins


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