Vacaciones

Columna semanal

Por Redacción

El disparador

A los 33 años, el Enano se pregunta: ¿Y si estas vacaciones me quedo en mi casa? ¿Quién dice que hay que irse para descansar? Y no lo hace por falta de planes o posibilidades económicas. No, lo suyo pasa por otro lado.

Se enfocó todo el año en diferentes proyectos profesionales y de esparcimiento. Entre tantas actividades, relegó lo que él llama algo así como “lo casero”, ese terreno en el que fue cediendo espacio, absorbido por el resto de las cuestiones. Así, el jardín de su casa se transformó en una especie de selva, con el césped alto, las enredaderas descontroladas invadiendo los techos y la pileta con el agua verde.

Deseos como estudiar teatro, dedicar más horas a perfeccionar su habilidad con el acordeón o leer “Mascaró el cazador americano”, de Haroldo Conti, también se fueron postergando por otras actividades de una supuesta mayor urgencia, aunque de dudosa importancia. Trabajar doce horas al día tampoco cree ya que sea una garantía de nada.

De hecho, lo reafirmó cuando en la calle escuchó al pasar a una mujer de unos 40 años que decía: “Los chicos de ahora no están dispuestos a pasarse mil años, ni siquiera muchas horas, sentados en el mismo lugar, en la misma empresa, porque ya saben que el cielo está en otro lado, no en el trabajo”. La mujer siguió caminando y el Enano se quedó con las ganas de decirle: “Sí, está bien, coincidimos en que el cielo no está en el trabajo, ¿pero dónde está?”.

El Enano siguió caminando, con la duda. Y enseguida le surgieron otras preguntas, así que ya se olvidó del interrogante que lo ocupaba dos segundos antes. Ahora quería encontrar una respuesta a por qué a veces parece que nunca hay tiempo.

Así, volvió a lo mismo, a sus vacaciones. La idea era ir en auto desde Buenos Aires hasta La Quiaca. Le encanta viajar, recorrer, conocer pueblos perdidos a los que casi nadie va de visita.

Como era un etapa de hacerse preguntas, se planteó: ¿Qué buscamos en un viaje? ¿Es necesario irse en vacaciones para encontrar el ansiado “relax”?

Mejor, dicho, ¿es posible descansar recorriendo lugares y desplazándose miles de kilómetros? ¿No será mejor hallar un ritmo de vida más ameno en lo cotidiano para bajar las expectativas y lo que uno le exige a las vacaciones?

Ensimismado y algo confundido, el Enano le escribió un mail a una gran amiga en el que le preguntó por qué será que cuando puede no hacer nada, un sábado, un domingo o en las vacaciones, termina haciendo mil cosas menos descansar o involucrarse en lo que viene postergando.

Su amiga le respondió, en un tono algo poético: “Tengo que hacer mi tesis y no tengo ganas. Tengo ideas para 2015, todas sobre mi vocación. Tengo deseos de irme de vacaciones. Y esperanzas de que se cumplan. Tengo ganas de hacer nada en verano. Creo que me hace bien. Dos meses, al menos. Como que me oxigeno, debe ser por el sol. De lo que preguntás, no tengo ni idea. Creo que está mal distribuido el tiempo laboral. Y encima están los que te dicen ‘cuando ames tu trabajo no te va a importar’. Y no lo creo. Bah, no creo que la vida sea excluyente: cuando esto, aquello. No. Creo que pueden ser las dos, muchas veces: amar tu trabajo y amar rascarte la panza. Yo eso lo siento como si fuera libertad”.

Juan Ignacio Pereyra

pereyrajuanignacio@gmail.com


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