Viaje a la laguna más alta de Neuquén
La Fea está a 2.500 metros sobre el nivel del mar.
Yamil Regules
Grupo Malambo 4×4
Una imagen de hace seis años, antes de la gran sequía, tomada por un grupo safari.
RODOLFO chávEZ
rchavez@rionegro.com.ar
Aquí en el techo de la cordillera de los Andes, volando sobre la laguna que alguien llamó La Fea sólo se puede pensar en una injusticia bautismal. Es bellísima. De un azul profundo, como ése imposible que inventaron los fabricantes de bebidas para deportistas. Sí, ése es color. Un azul de fantasía pero definitivamente natural que se rompe en una costa de piedritas blancas y livianas. Azul y blanco en contraste como las postales del Mediterráneo, sólo que aquí arriba, a unos 2.500 metros sobre el nivel del mar y apenas a unos metros de la frontera con Chile.
Nunca un medio de prensa llegó hasta La Fea y si lo hizo por lo menos no la mostró.
Y aquí estamos, en la laguna que en rigor es un lago y que es la/el más alta/alto de la provincia de Neuquén. Hay una sensación de apunamiento que es más que eso y piedras del tamaño de un balde de diez litros que no llega al kilo de peso.
Un istmo separa a esta laguna de su prima hermana, La Negra, mas oscura y más chica que su vecina, unos seis kilómetros más allá. Y unos kilómetros después está la laguna del Maule, ya en Chile, muy cerca. En el aire se cuida el piloto Enrique Bonsergent y desde el helicóptero marca el límite entre los dos países. No vaya a ser cosa… Vamos por aire argentino, asegura.
Desde hace algún tiempo se habla de ellas, de La Fea y de La Negra, y de los movimientos sísmicos podrían hacerlas colapsar, estallar y hacer que sus aguas bajen con furia por el río Barrancas. Y desde allí al Colorado y pum: Rincón de los Sauces, 25 de Mayo y otros pueblos podrían ser inundados por las aguas azules mezcladas con otras aguas. Una catástrofe que aseguran los expertos no ocurrirá pues no hay cambios en La Fea más allá de una bajante de seis metros producida por una intensa sequía que lleva seis años.
Lo cierto es que la laguna que tiene dos por diez kilómetros y unos 250 metros como máxima profundidad está cada vez más baja y que los sensores que deben sondear los descensos quedaron “en el aire” y no funcionan.
“No se observan evidencias que denoten que se hayan producido modificaciones sobre el frente de filtraciones; tampoco se observan desprendimientos de roca o deslizamientos de relevancia –ya sea de roca o de suelo–, más allá de aquellos que normalmente acompañan a todos los procesos geomórficos (…). La situación inspeccionada, presenta características equivalentes a las que se pueden observar desde el Google Earth, cuya última imagen es de mayo de 2012”, certifica la dirección de Recursos Hídricos de Neuquén sobre La Fea, que en invierno queda tapada por cuatro metros de nieve y tiene temperaturas que llegan hasta los 15 grados bajo cero.
A estas lagunas, ubicadas en un lugar al que suelen llegar arrieros con demasiadas ganas de andar desde Cochico, por caso, o por las camionetas 4×4 que llegan, precisamente, hasta donde estiman que nadie ha llegado. Lo cierto es que por aquí sólo se ven repetidos pero impactantes los cóndores que no se amilanan con el Bell de la provincia y de hecho posan con osadía entre los picos del techo de los Andes.
Con cierta de sensación de caminata lunar –por eso de la piedras pómez que parecen granito por fuera– descubrimos una araucaria empecinada en cambiar este escenario único. No llegaremos a saber del éxito de su epopeya, pero ahí está, preciosa, y breve como una mata.
Vemos las paredes que resguardan a La Fea y las filtraciones laterales que dejan al descubierto el tributo del arroyo Curamilio, el primer aportante del río Barrancas. Esos manantiales son los que despiertan temores aguas abajo. Es que la historia mantiene alertas luego del estallido que hace 99 años se produjo en otra linda laguna cercana, Cari Lauquen, junto a Cochico, 110 muertos. Pero fueron otras condiciones.
“No se evidencian desprendimientos de roca o deslizamientos en ninguna de las dos lagunas, no se identificaron modificaciones significativas sobre los frentes de filtraciones”, dice taxativo el informe de Recursos Hídricos.
En La Fea, hay una estación hidrometeorológica, propiedad del Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (Coirco), que tiene un sensor que mide y trasmite diariamente el nivel de la laguna.
“Tras varios años de sequía, el nivel de la laguna bajo, y el sensor quedó muy alejado de modo que no se puede medir el nivel de la misma. Es de suma importancia realizar la obra ya que los pobladores de las localidades de 25 de Mayo y Rincón de los Sauces temen por el desborde de la laguna”, aconsejaron Marcela González, Betina Laurenzano y Marcelo Neme.
Volamos. A las seis de la tarde de un otoño que parece verano, entre los azules del enorme manchón de agua se divisan los saltos de truchas entre las crestas blancas de un oleaje incipiente. La belleza es definitiva. No hay temores sí atención. Hay mucha vida allí abajo.
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