Victor Wooten, en busca de la pureza

El próximo jueves este verdadero prodigio del bajo se presenta en Neuquén.

Por Redacción

Este jueves a las 22 en el Teatro Español, junto a su hermano Regi en guitarra, el tecladista Karlton Taylor, Derico Watson en batería y el vocalista Krystal Petersen, Victor Wooten tocará en Neuquén. Innovador compositor, arreglista, productor, cantante y multiinstrumentista, maestro, escritor, esposo y padre de cuatro hijos, son particularidades que sólo comienzan a contar la historia de este prodigio que en 2011, la revista “Rolling Stone” consideró entre los diez mayores ejecutantes de bajo eléctrico de todos los tiempos. Hermano menor de Regi, Roy, Rudy y Joseph, comenzó a tocar a muy temprana edad bajo la tutela del mayor, que hoy lo sigue acompañando. Cuando tenía tres años, ya daba conciertos con ellos en el jardín de su casa en Hawaii. A los seis, giraban como banda soporte de la leyenda del soul Curtis Mayfield. Después de vivir en Sacramento, California, su familia se mudó al este, donde los Wooten Brothers (WB) continuaron perfeccionando sus habilidades en clubes y conciertos a lo largo de esa costa. Influido por Stanley Clarke, Larry Graham y Bootsy Collins, el bajista aclara que “en la música y en la vida, mis padres y hermanos me prepararon para vivir con amor y honestidad. También me enseñaron a mantener mi mente abierta y a aprender a adaptarme a las circunstancias cambiantes de la vida. Su guía me ha ayudado hasta hoy, a mantenerme conectado a tierra”. A principios de los 80, viviendo en Newport News, Virginia, los WB se convirtieron en pilares del parque temático Busch Gardens, donde Victor fue contratado como violinista por recomendación de su hermano Roy. “Recuerdo que recibí una llamada telefónica suya, diciéndome que me había conseguido un trabajo para tocar violín. Nunca lo había hecho en mi vida. Roy me preguntó si yo podría aprenderlo y le contesté que sí. Pedí prestado uno en mi escuela secundaria y aprendí algunas canciones. Allí trabajé durante muchos años”. Mientras tanto, los Wooten hicieron contacto con músicos de Nashville y Nueva York. Rápidamente se convirtieron en figuras crecientes y para los 80, realizaron recitales en Alemania, Italia, y los Estados Unidos. En 1988, Vic tocó con el cantante Jonell Mosser y conoció al intérprete de banjo Bela Fleck, quien, ese mismo año lo convocó junto a Roy y al armoniquista y tecladista Howard Levy para formar Flecktones. Después de tres exitosos álbumes, Levy salió en el 93. El nuevo formato de trío permitió a Victor desarrollar y mostrar una asombrosa variedad de destrezas en el diapasón del bajo, ayudando a ganar el primer Grammy del grupo. Con los Flecktones en pleno vuelo, puso su mirada en la actividad más independiente, formando primero Bass Extremes con su colega bajista Steve Bailey (más Derico Watson y Oteil Burbridge), y lanzando finalmente su debut en solitario, “A show of hands” (96). Poco después, de la unión con el baterista JD Blair, salieron “What did he say?” (1997), el nominado Grammy “Yin-Yang” (1999), y el compacto doble “Live in America” (2001). Su capacidad y su creciente popularidad lo condujeron a grabaciones y actuaciones con Branford Marsalis, Mike Stern, Bruce Hornsby, Chick Corea, Dave Matthews, Prince, Keb Mo, Gov’t Mule, Susan Tedeschi, Vital Tech Tones –más Scott Henderson y Steve Smith-, el trío Extraction (Greg Howe, Dennis Chambers) y la Jaco Pastorius Word of Mouth Big Band. En 2005 retomó el sendero solista lanzando “Soul Circus” (05), con invitados como los WB, Bootsy Collins, Howard Levy, Dennis Chambers y la cantante Saundra Williams. “Palmystery” (08), último trabajo propio, muestra su gran variedad musical y sus habilidades compositivas en temas como “Left, right and center”, “Miss U”, “Us 2”, donde tocó bajo slide, o “He look like me – She look like you”. También lideró las ideas de SMV junto a Stanley Clarke y Marcus Milller, cuyo “Thunder” se convirtió rápidamente en disco imprescindible. Su creación, el Bass Victor Wooten / Nature Camp, ayudó a cientos de músicos de las más diversas edades y rincones del mundo, comunicando sus experiencias de toda la vida. Siempre está dispuesto a compartir con los que quieren aprender, ofreciendo CD, DVD, conferencias, talleres y campamentos, así como su novela “The Music Lesson: A Spiritual Search for Growth Through Music” (Berklee Publishing). “Después de tantos años de dar clínicas, aprendí que mejor es empezar tocando un poco. Es ahí donde expongo mi visión de la música. Si toco algo primero, encuentro el canal adecuado para las preguntas que puedan hacerme”, asegura. –Según tu experiencia en visitas anteriores a Sudamérica, notás diferencias entre nuestro público y el de otros lugares? –Si. Aunque proponemos nuestros propios ritmos, también nos nutrimos de los de ustedes. Hay una retroalimentación y acá entienden muy bien lo que hacemos. La gente enloquece de buena manera y eso luce bien, porque es una reacción ante la música. En otras parte, particularmente en Asia, es más moderada porque no quiere entorpecer la presentación. Tocás un concierto completo y pensás que no les gustó porque no responden como ustedes, pero después reaccionan. Es algo que se debe aprender. Ahora es muy fácil tener acceso a lo que pasa en el mundo y todo está mezclado, la gente, la comida, la religión, la política y la música. De hecho, tocar con latinos me empuja a una dirección distinta, que me gusta porque quiero crecer, estar lanzado a nuevas cosas. Pero no me interesa cuando alguien abandona su cultura, que le es propia, en busca de lo estadounidense. –¿Cómo fue tu proceso de hacer al bajo solista? –Él y todos los demás instrumentos rítmicos –guitarra, piano, batería– fueron diseñados para acompañar, para hacer que otras personas se sientan bien. Así que primero tuve que saber eso y cuánto significaba. Felizmente, lo aprendí antes de transformarme en solista. La banda de mis hermanos necesitaba un bajista, así que pude aprender ese rol siendo muy niño. Practicaba por mi cuenta pero los escuchaba y empecé a incluir cosas que ellos hacían, en mi forma de tocar bajo. Muchos aprenden técnicas nuevas solo por aprenderlas y no saben qué expresan. Es fácil formarse cuando tenés qué decir y cuando sabés adónde vas. Nadie nace sabiendo estas cuestiones, se van adquiriendo, pero tampoco se pone un énfasis en el aprendizaje. Por eso siento que puedo guiar de alguna forma y que logro traspasar lo que aprendí; mostrar ese punto en el que uno se comunica bien con el instrumento y él sólo responde. Mi idea es recuperar el sentimiento más puro. Cuando tocás imaginariamente una guitarra, una batería, o cantás en la ducha, te ponés bien porque se relaciona con la pureza del sentimiento, algo que olvidamos cuando empezamos a aprender.

Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com


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