Violencia familiar y de género



Plottier

Desde hace años se viene hablando, cada vez con más asiduidad, de este flagelo que afecta a personas y grupos familiares en todo el país.

El hecho sigue teniendo a mi entender una importante asignatura pendiente: no haberse establecido las causas de dicha violencia y solo atacarse los efectos. Es como darle a una persona una aspirina para el dolor sin saber siquiera el origen del mismo o, lo que sería peor, agravarle la enfermedad.

Considero que hay que partir de la base de que nuestra ciudadanía, en general, está de mal humor. ¿Causas? Seguramente decenas, y cada una con la influencia sobre el carácter y el temperamento de la persona. La sociedad argentina está atravesando desde hace años una crisis de valores que la tiene en un estado de angustia e incertidumbre. Seguramente, a la buena salud psíquica debe acompañarla cierto bienestar afectivo y económico, que equilibre el humor y no lleve a exacerbar posiciones extremas.

El destrato y el maltrato son consecuencias de lo anterior, a lo que debemos agregar cierto grado de intransigencia manifiesto por parte de cualquiera que siente que tiene algún espacio de poder y, por ende, de presunta superioridad sobre el resto de los mortales.

Dos cuestiones hemos heredado de la última dictadura cívico-militar (1976/83), la “prepotencia” y el “mensaje único”. Desde 1984 en adelante, todos los gobiernos “democráticos” abonaron a estas plantas parásitas de la debilidad por conveniencia política. Admitir la existencia de la enfermedad es el primer paso para intentar una cura. Sería bueno que algunos sociólogos domésticos se preocuparan más en buscar las causas de nuestra situación en lugar de filosofar mediáticamente.

Fernando Abel Trebino

DNI 7.826.484


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