Volvió la neuquina que recibió el hígado de su hijo
Verónica, Luisina, Ana Sol, Nicolás, Juan María Soto y su padre, Luis, recibieron ayer con toda la alegría del mundo a su mamá, Graciela, en plena recuperación tras haber recibido el trasplante de una parte del hígado de Matías, el hijo mayor que se lo donó. Juntos y en su casa neuquina se deshicieron en agradecimientos por la asistencia y el apoyo que obtuvieron.
NEUQUEN (AN).- A dos meses de la operación, a dos meses del sí que produjo el milagro, Graciela y su hijo mayor Matías volvieron a su casa más unidos que nunca tras haberse dado la vida mutuamente.
Graciela aparece debajo del dintel de la puerta que todavía luce orgulloso el cartel de «Bienvenidos» con que los recibió su familia. Tan sorprendidos como felices, los más chicos de la familia -Verónica, Luisina, Ana Sol, Nicolás y Juan María- se enteraron de la vuelta cuando los vieron entrar.
Graciela Capo recibió el sesenta por ciento del hígado de su hijo mayor Matías y gracias a él recuperó su vida. Tras 19 meses en lista de espera, Graciela vio la posibilidad de recibir el trasplante de un donante vivo que debería ser de su familia.
Aunque Matías estaba decidido desde un primer momento, la primera en hacerse los estudios fue Cristina, una hermana de su mamá. Ella no pudo ser donante por un defecto congénito y entonces llegó el turno del hijo mayor.
Era la primera vez para todos, donante, receptor y equipo médico. Nunca se había realizado un trasplante entre dos adultos vivos. Por lo general se efectuaban de un adulto a un niño, por la porción de tejido que se debe extraer.
Matías habla de la donación, de la vida que le devolvió a su mamá como si fuera lo más sencillo del mundo.
Se acuerda que al principio pensaba más en su aversión por el olor del hospital que en la operación misma. Todavía sorprendido comenta «pero en la Fundación (Favaloro) no había ese olor, todo estaba limpio».
Desde las caras y las palabras hasta los gestos demuestran el agradecimiento de esta familia. Graciela no sabe cómo hacer para decirle el gracias enorme que se merece Matías, tampoco Luis, su papá tiene palabras para felicitarlo.
Gratitud
No quieren olvidarse de nadie. Mil veces repiten que el Instituto de Seguridad Social del Neuquén cubrió los estudios, la operación e incluso trató a Matías como si estuviese asociado.
Luis Soto recordó emocionado lo importante que fueron para él los llamados que el intendente Horacio Quiroga hizo a Buenos Aires para decirle que no tenía de qué preocuparse, que su familia estaba bien. «Era muy importante eso para mí, yo hacía dos meses que no trabajaba y aunque allá no nos cobraban nada, acá seguían todos los gastos».
No faltaron los elogios y el agradecimiento para con los médicos y el personal de la Fundación Favaloro que, insistieron, «se portaron muy bien con nosotros pero no por la operación. Son muy profesionales».
Graciela sonríe todo el tiempo mientras cuenta que no podía creer cuando le contaban «lo que le habían hecho». Casi catorce horas estuvieron los dos en el quirófano y aunque los médicos le habían advertido que eso pasaría, Matías no pudo evitar impresionarse por la cantidad de mangueras y cables a los que estaba conectado cuando reaccionó.
A los dos días él ya caminaba pero su mamá, aunque su hígado ya funcionaba perfectamente, tuvo una infección en un pulmón que la obligó a permanecer en el hospital hasta el viernes a la tarde.
«A las tres de la tarde nos avisaron que nos podíamos ir. Ahí nomás agarramos la ropa, hasta bolsas de residuos pedimos para embalar la ropa y nos tomamos el avión. No le avisamos a nadie».