Votando al centro
Santiago Fernández*

La idea principal en torno al resultado electoral es que la sociedad respondió a una propuesta que le hablaba a sus problemas. La mirada retrospectiva de las propuestas electorales muestra que el macrismo debió responder al desafío de la debacle de su gobierno y la descomposición política de su alianza, fortaleciendo un discurso monolítico de defensa del proyecto elegido. “Es por acá, este es el camino”, “vamos a hacer lo mismo pero más rápido”, resultan ser los slogans en que se expresaron las líneas conceptuales del macrismo que representan el camino elegido. En cambio el Frente de Todos tomó el sentido inverso y pretendió confluir con las demandas sociales vigentes.
A la idea fuerza, que hasta retoma el macrismo en aras de discutirla, aquella del “gobierno de ricos para los ricos”, el candidato peronista propuso “entre los bancos y los jubilados elijo a los jubilados”, “entre los especuladores y los que trabajan y producen elijo a los que trabajan y producen”.
Este pantallazo propio del diario del lunes sobre el resultado electoral pretendiendo cruzarlo con las propuestas discursivas de los proyectos en pugna, puede analizarse del mismo modo con el cristal de 2015.
Con igual lógica pero con proyectos cambiados, el gobierno nacional de entonces cerró su discurso en el ensalzamiento de un presunto “modelo virtuoso” que no tenía más que aspectos reivindicables que, a su vez, constituían banderas en un proyecto de fuerte intervención en el sentido común, con la pretensión de asentar principios culturales entramados en la larga historia nacional popular argentina.
Pero ese producto no fue una “oferta electoral”, es decir no constituyó una estrategia de intervención en el escenario de disputa electoral, no fue un cálculo que buscó cruzar a una demanda social de cara a un hipotético cambio de mando.
El proceso se fue construyendo antes, más precisamente desde 2011 en adelante, a partir de lo que puede observarse el principio de resultar elegible el proyecto que mejor interpreta conflictos y demandas de época.
Los dos kirchnerismos
El kirchnerismo no fue uno, fue al menos dos. La primera etapa de Néstor Kirchner constituyó un verdadero movimiento que articuló las demandas sociales destituyentes de la crisis post 2001. Su espíritu fue fuertemente ecléctico, con una búsqueda permanente de ampliar la base de sustentación antagonizando con significantes culturales neoliberales más que con actores representativos de esos significantes caídos en desgracia.
La etapa siguiente de Cristina, nació atravesada por el conflicto antagonista.
El 18 de mayo Cristina mostró comprender sus limitaciones de cara a la heterogeneidad social. Macri quedó desconcertado, perdió su centro ordenador y no supo reinterpretar el escenario.
La valija de Antonini Wilson inauguró una disputa política con el mayor multimedio argentino, que se vio profundizada por la denominada “crisis del campo”, en la que a los multimedios se le sumo un actor económico central con fuerte raigambre en el imaginario de la argentina aspiración.
El segundo kirchnerismo tiene dos aspectos centrales: es tanto su etapa instituyente del “modelo”, a través de leyes e hitos (ley de Medios, matrimonio igualitario, identidad de género, estatización de YPF, AUH, estatización de AFJP y moratorias jubilatorias, etc); así como la de constitución de su impronta ideológica, de su núcleo duro, de su “Cámpora” por oposición a la Concertación Plural. Esa etapa encerró al peronismo dentro del kirchnerismo, hizo per se lo que Kirchner le adjudicaba a la voluntad de sus oponentes: se definió kirchnerismo y se bajó el precio.
Esa dinámica lo llevó a Zannini vice de Scioli y a Aníbal Fernández-Martín Sabatella en provincia de Buenos Aires.
El resultado: un discurso cerrado sobre sí mismo, defensivo y resistiendo las interpelaciones de lo que acontecía en la Argentina de entonces.
El macrismo de entonces, el camino inverso. La frase que lo sintetiza fue: “mantener lo que está bien y mejorar lo que está mal”. Reivindicó el rol de Estado, las empresas estatizadas y la ampliación de derechos, criticó la politización excesiva de la vida pública, la lógica por la cual el kirchnerismo solidificaba a sus adherentes y expulsaba al tercio que resistía el engrietamiento político.
El kirchnerismo se habló a sí mismo y el macrismo al tercio en disputa. Una auténtica inversión de lo sucedido este año y hasta aquí.
Pareciera resultar evidente que aquella mañana del 18 de mayo, video mediante, Cristina dio muestra de la comprensión de sus limitaciones de cara a la heterogeneidad social y Macri quedó desconcertado, perdió su centro ordenador y no supo reinterpretar el escenario.
*Profesor de Historia, San Martín de los Andes.