Copahue: excavó para salir de su casa tapada por 4 metros de nieve y mirá el espectáculo que encontró…

Nico Canter es el único habitante civil de la villa termal neuquina en el invierno. Después de una gran nevada, tuvo que palear unas tres horas para poder salir. No te pierdas las fotos y el video de lo que vio después en esta maravilla de la Patagonia...

¿Cónocés la historia de Nicolás Canter, el único habitante de la villa termal neuquina que en los meses más fríos del año queda tapada por la nieve? Desde que llegó a Copahue desde Zapala en los 90 para acompañar a su madre en el trabajo de la temporada de verano supo que había encontrado su lugar en el mundo entre esas lagunas de aguas calientes que vienen del volcán, picos nevados que invitan a ser explorados, araucarias milenarias y lagos que espejan tanta belleza cuando no sopla con furia el viento, ese innombrable que los pioneros de Caviahue (a 19 km) no quieren convocar. Con el tiempo consiguió su propio empleo y desde que hace cinco años se mantiene la conexión eléctrica en el invierno, cada vez que termina la temporada estival se queda al cuidado de la hostería Hualcupen en uno de los departamentos y disfruta de ese paraíso en soledad para salir a caminar y encontrar los mejores lugares para esquiar sobre nieve virgen. Claro que a veces se acumula tanta que se le complica para salir de la casa. Mirá lo que le pasó la semana pasada…

La pared de nieve con que se encontró Nico cuando abrió la puerta. Arriba, el boquete que abrió para salir.

Después de que terminó el vendaval de copos abrió la puerta y se encontró con una pared de nieve. Como tantas otras veces, agarró la pala y empezó a darle arriba, en el ángulo izquierdo de la puerta, como para hacer un huequito por el que pudiera pasar un hombre flaco como él.

La primera paladas las arrojó en el baño. Y cuando tuvo listo el huequito, se trepó. «Salí como una lombriz», cuenta. Después, liberó el camino hacia la casa desde afuera. «Uno va aprendiendo sobre el pucho», agrega. ¿Cuántos metros de nieve habría? «Le calculo que unos cuatro metros«, continúa.

-¿Y que encontraste cuando pudiste salir, Nico?

-Un paraíso blanco.

No te pierdas las fotos de la recorrida que hizo después por esta maravilla de la Patagonia a unos 375 km de Neuquén capital.


El paraíso blanco de Nico


Después de que pudo salir de la casa, inició la recorrida. Aquí, vista de la villa termal cubierta por la nieve, excepto las lagunas. Foto: Nico Canter
Nieve, nieve y más nieve, el panorama que encontró al salir. Foto: Nico Canter
Así estaba el lugar donde vive Nico en el invierno. Foto: Nico Canter.

Nico toma tanta belleza como algo natural. «Pero igual cada invierno es diferente», dice. Por estos días, solo lo acompañan cuatro efectivos de Gendarmería que rotan cada 15 días en el destacamento a unos 800 metros de donde para él. “Siempre digo que vivo en un paraíso, espero todo el año este momento”, dice Nicolás, enamorado de esta tierra como la primera vez. 

Nico en una selfie del invierno pasado.

Una vez por semana, según cómo venga de provisiones, baja a Caviahue, a 1600 msnm. Son 19 km por el camino intransitable en estos días, pero 8 km en línea recta que recorre feliz en unos 45 minutos de snowboard sobre nieve virgen, entre los pehuenes y las lagunas congeladas donde los efectivos del Ejército que irán a la Antártida hacen el entrenamiento previo por la similitud de condiciones extremas.

El viento define la forma en que se acumula la nieve en bardones. Foto: Nico Canter
Copahue después de la última nevada. Foto: Nico Canter

Copahue después de la última nevada.. Foto: Nico Canter
Copahue después de la última nevada.. Foto: Nico Canter

Para volver desde Caviahue, le mete unas tres horas de trepada, porque Copahue está a 2050 metros, 450 más arriba. Y para eso transforma la tabla de splitboard en esquíes de travesía con piel símil foca para evitar deslizarse hacia atrás. Y así, paso a paso, sube con la mochila de 60 litros cargada con yerba, fideos, arroz, galletitas, frutas y verduras, nada rebuscado.

Además de chequear que todo esté en orden en la hostería, otros amigos le piden que se dé una vuelta por sus cabañas que dejan bien cerradas para cuando llegue la nieve. Como un sereno solitario en la villa, él va, mira y les comparte fotos. “No me cuesta nada”, explica.

Copahue rebosante de nieve en la mañana del lunes 11 de julio. Foto Nico Canter
Copahue rebosante de nieve en la mañana del lunes 11 de julio. Foto Nico Canter

Y desde que el año pasado Adrián de Caviahue Aventuras alquiló el Refugio El Montañés en Copahue, también tiene trabajo en el invierno: desde excursiones en moto de nieve y travesías sobre tablas a pasar bien tempranito a encender la calefacción y controlar que el agua corra en el refugio para que cuando arriben desde Caviahue los turistas todo esté en orden. Este año, por primera vez, quienes lleguen hasta ahí primera vez podrán dormir en Copahue en el invierno, en la Hostería Hualcupén. Llegarán en orugas y motos de nieve. “Va a estar bueno”; dice Nico.


Esquiar sobre nieve virgen


Mientras espera que comiencen las actividades invernales, nada mejor para Nico que salir a explorar ese mundo blanco que se abre ante sus ojos. Si bien disfruta el esquí en las pistas pisadas de los cerros, esto es otra cosa. “Esto es Disneylandia”, dice.

Nico sale a recorrer la zona y hace snowboard sobre nieve virgen.

Por eso, si el viento no está furioso, sale a buscar desde donde tirarse. «Hasta unos 30 km/h se banca bien. Si sopla más fuerte se complica», cuenta Nico que chequea el pronóstico en Snow Forecat.

Suele acompañarlo su amigo Matías que se acerca desde Caviahue para caminar y trepar rumbo a Chile, pero sin cruzar la frontera como sí hacen los artesanos trasandinos que vienen desde Trapa Trapa y ofrecen sus productos en el verano en Copahue. Ahora es invierno, tiempo blanco.

Una trepada de esas puede llevar tres horas para un descenso de cinco minutos, pero vale la pena, algo así como la épica escena de Alterio en Caballos Salvajes pero en Copahue, las splitboards en modo snowboard y cóndores que sobrevuelan curiosos. “Se disfruta cada segundo”, dice Nico.  “A veces vamos parando para estirarlo un poquito”, relata.

Nico en uno de los descensos. «Cuesta subir, pero bajar es increíble»

Cargan y comparten toda la info del recorrido en Wikiloc y toman precauciones: no pierden nunca contacto visual y llevan un handy cada uno que solo permite el contacto entre ellos. ¿Es peligroso? “Puede serlo, depende de cómo tomes este deporte. Sabemos que hay riesgos, es parte de la adrenalina. La clave es bajarlos lo más posible”, responde Nico. Aunque lo han hecho, es raro que hagan dos descensos en un día, porque come mucha pierna y lleva muchas horas.

¿Cuándo será la próxima salida? Eso depende del viento. «Ahora está soplando», responde Nico en la mañana del lunes antes de salir a da una vuelta por esa bendita tierra que eligió para vivir.


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