De París a Colmar en auto: la escala de Alsacia que pide tres días y un plan para los pueblos vecinos

Una ciudad que se camina en un día y que igual pide tres noches. Los costos reales de una escala en Colmar con chicos: dónde dormir, cómo estacionar casi gratis, qué hacer con lluvia y la salida que nos quedó pendiente.

Redacción

Por Marcelo García

La Petite Venise es uno de los rincones más conocidos de Colmar, con canales, puentes y casas de colores que se pueden recorrer a pie. Fotos @viajoconvos.

Llegamos a Colmar de noche, con las chicas ya dormidas atrás. Habíamos salido bien temprano de París y decidimos cortar el viaje en Estrasburgo, donde recorrimos el centro y cenamos antes de hacer los últimos kilómetros hacia el sur. Éramos cinco: Vicky, Ema y Luchi, de 8 y 4 años, mi suegra Mónica y yo. Era abril de 2026, plena Semana Santa, y esta ciudad de Alsacia era una escala dentro de un road trip de cuatro semanas por Europa.

La pregunta que traíamos es la de cualquiera que mira el mapa: si una ciudad que se recorre caminando en un día justifica tres noches. La respuesta corta es que sí. La larga incluye un error nuestro, y te la voy a contar con todos los números.


Dormir en el casco histórico: por qué acá conviene


Alquilamos un departamento en pleno casco histórico, a 150 metros de la Petite Venise: 270 dólares por las tres noches para los cinco, en abril de 2026. Son 90 dólares por noche para toda la familia.

En una ciudad chica, dormir en el centro no es un lujo, es logística. Bajábamos y ya estábamos en las calles de las casas de entramado de madera, sin tener que tomar transporte o mover el coche. Y cuando Luchi no daba más, la siesta quedaba a cinco minutos. Un consejo, si viajas con chicos, prioriza la ubicación. En Colmar la diferencia de precio entre el centro y las afueras es chica, y lo que ahorrás en traslados y en paciencia no figura en ninguna tarifa.

a decoración de Pascua transformó las calles y plazas de Colmar durante abril sorprendieron a las chicas.

El miedo de dormir en un centro histórico europeo es el auto. Nosotros lo dejamos en un estacionamiento a una cuadra del departamento, con una regla que conviene aprenderse: en Colmar el estacionamiento en la calle es gratuito de 12 a 14 y de 19 a 9 de la mañana siguiente, también domingos y feriados. El resto del día pagamos 1 euro la hora.

Llegar de noche nos jugó a favor: a esa hora el estacionamiento ya era gratis y estaba casi vacio, y no tuvimos que buscar parquímetro, ni monedas con las chicas dormidas. Hacé la cuenta: si no movés el auto, solo pagás las franjas de 9 a 12 y de 14 a 19. La tarifa cambia según la zona, así que mirá el color del parquímetro antes de festejar el lugar que encontraste.


Cómo llegar: rutas de otra categoría y peajes que duelen


El tramo desde París lo hicimos en el Fiat Doblo de siete plazas, que nos brindaron nuestros amigos de Alamo Rent a Car, que nos acompañó las 21 noches de ruta por Europa. Son unos 540 kilómetros y unas seis horas de manejo, pero nosotros los partimos en dos. Estrasburgo queda de paso, a menos de una hora de Colmar, y frenar ahí convirtió una jornada de pura autopista en un día de descubrimientos.

Las casas de entramado de madera y las calles empedradas forman parte del paisaje del casco histórico de Colmar.

Dejamos el auto en un estacionamiento cerca de la estación de tren y desde ahí seguimos a pie. Caminamos su casco histórico, bordeamos los canales y terminamos en La Petite France, el barrio de las casas de entramado sobre el agua que anticipa lo que después íbamos a encontrar en Colmar. Cenamos ahí mismo, sin buscarle la vuelta: pizzas, una hamburguesa y cervezas para los grandes, unos 110 euros para los cinco. Con chicos que venían de horas de ruta, lo conocido fue la mejor decisión de la noche.

Si hacés la misma ruta, parar en Estrasburgo a la tarde y cenar ahí tiene una ventaja que no se ve en el mapa: llegás a Colmar con los chicos comidos y listos para dormir, y la primera mañana ya arranca en la ciudad. Dejá el auto en la zona de la estación: te ahorrás meterte con el auto en el centro, que tiene calles peatonales, y La Petite France queda a una caminata corta.

Las rutas francesas son un placer: bien señalizadas, parejas, preparadas para viajar descansado. Los peajes son la otra cara. En algunos tramos llegamos a pagar 40 euros de una sola vez, y el trayecto completo entre París y Colmar ronda los 50 euros. Presupuestalo aparte, igual que la nafta, que en Europa cuesta bastante más que acá.

Estrasburgo fue una escala en el camino desde París hacia Colmar.

Si no vas en auto, hay tren: el TGV sale de París Gare de l’Est y el directo de la mañana tarda menos de dos horas y media. Hay pocos servicios directos por día; el resto combina en Estrasburgo.


Tres días a pie, con lluvia y con conejos


El clima no acompañó. Llovió de a ratos y estuvo fresco, que es lo que abril suele traer en Alsacia. Nos dio lo mismo: Colmar se camina entera, es llana y todo queda cerca, así que cuando arreciaba nos metíamos bajo un alero o café a tomar algo y seguíamos. Consejo: traigan paraguas.

La Petite Venise, el barrio de los canales y las casas de colores, nos quedaba a la vuelta, así que la recorrimos varias veces y a distintas horas. Pasamos por el mercado callejero de pascuas y dimos vueltas por el casco histórico sin mapa. Lo que no habíamos previsto fue la Pascua.

La ciudad estaba decorada de punta a punta, con huevos, flores y conejos por todos lados. Ema y Luchi estaban como en una juguetería gitante: cada cuadra era buscar el siguiente. Fue lo que sostuvo las caminatas bajo la llovizna sin una sola queja.

Los canales de la Petite Venise también se pueden recorrer en barcas de fondo plano, una alternativa para conocer desde el agua uno de los sectores más pintorescos.

No fue casualidad. Colmar arma cada año su fiesta de primavera: en 2026 fue del 2 al 26 de abril, con dos mercados en la Place des Dominicains y la Place de l’Ancienne Douane, abiertos de 10 a 19, y una minigranja con conejos, cabras y ovejas pensada para los chicos. Si podés elegir la fecha, hacela coincidir.

Para ver los canales desde el agua, las barcas de fondo plano salen del puente Saint-Pierre. El paseo dura 25 minutos y ronda los 8 euros por adulto y la mitad para chicos de 4 a 10 años. Llevá campera impermeable y calzado que aguante el empedrado mojado.


El colmarense que iluminó Nueva York


Pocos lo saben antes de llegar, pero Colmar es la ciudad natal de Auguste Bartholdi, el escultor que diseñó la Estatua de la Libertad. Nació acá en 1834 y la ciudad lo trata como a su artista más ilustre.

La señal más visible está a la entrada. En la rotonda de la ruta de Estrasburgo, unos tres kilómetros al norte del casco histórico, hay una réplica de 12 metros de la estatua, más o menos la cuarta parte de la original. Es de resina con el color verde del cobre envejecido, y la instalaron en 2004, cuando se cumplieron cien años de la muerte del escultor. Nosotros llegamos de noche y no la pudimos disfrutar.

La otra parada está en pleno centro. La casa donde nació Bartholdi es hoy un museo dedicado a su obra, abierto desde 1922, con maquetas de distintos tamaños que hizo mientras diseñaba la estatua. Con chicos que ya la vieron en películas, ver cómo se pensó en pequeño antes de llegar a Nueva York es una forma distinta de entrar a la historia, y sirve también como refugio para una tarde de lluvia, aunque el día que quisimos visitarlo estaba cerrado.


Mediodía en el departamento, cena afuera


Con chicos, el esquema que mejor nos funciona en Europa es cocinar una comida y salir por la otra. En Colmar fue más fácil que nunca, porque el departamento quedaba a un paso de todo. Al mediodía cocinábamos, las chicas descansaban y a la tarde volvíamos a salir.

La cena la hacíamos afuera: unos 120 euros para los cinco, en promedio. En la carta alsaciana, la tarte flambée, masa fina con crema, cebolla y panceta, es lo más parecido a una pizza y suele ser la salida fácil con chicos. Sumando, el piso diario para los cinco fue de 90 dólares de alojamiento más 120 euros de cena, sin contar el supermercado. Cocinar una de las dos comidas es lo que hace cerrar el número.


El error: no salir a los pueblos vecinos


Decidimos no mover el auto. Veníamos de un día largo de ruta, nos esperaban muchas más horas hacia Suiza, y nos pareció razonable quedarnos quietos los tres días. Hoy creo que fue un error. Colmar está en el medio de la Ruta de los Vinos de Alsacia y los pueblos quedan cerca: Eguisheim a 7 kilómetros, Kaysersberg a 12 y Riquewihr a 16. Son quince o veinte minutos de auto.

Colmar, en la región francesa de Alsacia, fue una de las paradas de un road trip de cuatro semanas por Europa.

Tres noches es la medida justa, pero repartidas distinto: dos días para la ciudad sin apuro y una mañana para uno o dos pueblos. Si vas sin auto, hay colectivos desde la estación. Nosotros nos quedamos con las ganas, y es lo primero que haríamos al volver.


Info útil para el viajero


  • Requisitos de ingreso: con pasaporte argentino no se necesita visa para estadías de hasta 90 días en el espacio Schengen. Antes de viajar, chequeá si ya rige la autorización electrónica ETIAS.
  • Cómo llegar: en tren desde París (Gare de l’Est), directo o con cambio en Estrasburgo. En auto, unas cinco horas y alrededor de 50 euros de peajes; Estrasburgo es una buena parada intermedia.
  • Cuándo ir: abril, por la fiesta de primavera y los mercados de Pascua, sabiendo que puede llover. Diciembre, por los mercados navideños, es la época de más gente y de precios más altos.
  • Estacionamiento: gratis en la calle de 12 a 14 y de 19 a 9; el resto del día se paga por hora según la zona.
    Moneda: euro. Se paga con tarjeta en casi todos lados; llevá monedas para el parquímetro.
  • Seguro de viaje: no salgas sin cobertura. La atención privada en Francia se paga en el momento y en euros.

Marcelo García comparte sus historias viajeras en @viajoconvos.

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La Petite Venise es uno de los rincones más conocidos de Colmar, con canales, puentes y casas de colores que se pueden recorrer a pie. Fotos @viajoconvos.

Llegamos a Colmar de noche, con las chicas ya dormidas atrás. Habíamos salido bien temprano de París y decidimos cortar el viaje en Estrasburgo, donde recorrimos el centro y cenamos antes de hacer los últimos kilómetros hacia el sur. Éramos cinco: Vicky, Ema y Luchi, de 8 y 4 años, mi suegra Mónica y yo. Era abril de 2026, plena Semana Santa, y esta ciudad de Alsacia era una escala dentro de un road trip de cuatro semanas por Europa.

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