El refugio de cabañas, tinajas y spa, donde el estrés pierde la partida, a minutos de Neuquén
Hace ocho años era una media hectárea desértica. Hoy, entre árboles, cabañas de madera, tinajas de agua caliente y un spa, Cabañas San Francisco se convirtió en un refugio para quienes buscan escapar, aunque sea por un fin de semana, del ritmo de la ciudad. Iván Soto, su creador, construyó el complejo casi con sus propias manos y transformó una apuesta incierta en un destino de descanso.

Entre Neuquén y Cipolletti hay un paréntesis. No tiene forma de signo de puntuación, sino de árboles, cabañas de madera y vapor saliendo de las tinajas. Se siente apenas se apaga el motor del auto. El aire huele a árboles, los pájaros ocupan el silencio, las cabañas de madera invitan a quedarse y el spa, terminan de convencer al cuerpo de que la ciudad quedó lejos, aunque apenas esté a unos minutos y el estrés pierde la partida.
Iván Soto camina despacio por los senderos de ripio. Saluda a una pareja que sale de una cabaña, acomoda una silla de madera y señala, casi con orgullo, un álamo que da sombra sobre el quincho. Cuesta imaginar que hace apenas ocho años todo era un descampado cubierto de yuyos. «Compré este lugar para vivir. Era una media hectárea completamente desértica. Terminé mi casa y justo estaban terminando esta ruta, que todavía no estaba inaugurada. Pensé que era un lugar con potencial y decidí construir un par de cabañas para ver qué pasaba», recuerda.
Mientras avanzamos entre los árboles, las cabañas aparecen una detrás de otra. La madera, el estanque en el que los peces permanecen quietos por el invierno y el canto de los pájaros construyen una postal inesperada para una ciudad que muchos asocian únicamente con barrios, chacras y tránsito. Ivan sonríe cuando recuerda que, en ese momento, nadie entendía demasiado su apuesta.

«Yo decía: ‘Cuando habiliten la ruta esto va a quedar en un punto bastante estratégico’. Hice dos cabañas y empezaron a llegar reservas por Airbnb y Booking. Ahí me di cuenta de que podía ser un buen negocio. La idea era hacerlo muy tranquilo, pero empecé a construir dos cabañas más porque la demanda no paraba de crecer. La gente viene, se hospeda, la pasa bien, pero quería que tuviera otra experiencia. Un masajista que venía seguido me insistía: «Poné un spa, contratame y hacemos masajes». Al principio no lo veía. No me cerraba la idea. Hasta que me animé y empecé a construirlo».
El recorrido se detiene frente a la pileta. Vacía, duerme su siesta invernal pero la historia vuelve a moverse. «Después vino la pandemia y fue un golpe durísimo, se frenó todo. Tenía otro negocio en Plottier y también se cayó. Estaba levantando más cabañas y no tenía un peso. Había comprado los sillones masajeadores, el sauna, las camillas… quedó todo parado durante un año».
«Todo el mundo llamaba y preguntaba si tenía pileta. Siempre respondía que no. Ahí entendí que, antes del spa, necesitaba hacer una.» La construyó en apenas dos meses junto a un amigo. La inauguraron justo cuando terminaban las restricciones sanitarias. «Fue un boom. Ahí empezamos a recuperarnos.»

Las puertas del spa se abren y el ambiente cambia por completo. La luz es tenue, el aire tibio huele a eucalipto. Un sillón de gravedad cero espera junto a una camilla automática de piedras de jade, mientras el sauna ya está caliente para el próximo turno. Soto explica que el circuito dura cerca de tres horas y que fue pensado para quienes necesitan detener el reloj.
«El spa es relajante, descontracturante y también desintoxicante. Tiene sauna, dos tipos de masajes, la camilla con piedras de jade y un sillón que masajea desde la planta de los pies hasta el cuello. Después viene la ducha escocesa y el baño en las tinajas».
Afuera, el vapor sale lentamente de una de ellas. El agua se mantiene entre los 37 y los 38 grados. «En la cordillera y en Chile las tinajas son muy comunes. Nosotros les agregamos hidromasajes y sales de Epsom, que ayudan a relajar los músculos, mejoran la circulación y tienen beneficios para la piel. Es casi como un baño termal y lo mas lindo, es cuando nieva, o llueve, o es de noche, estar ahi metido, en el agua caliente, es una experiencia muy linda»

El recorrido todavía no termina. Iván abre otra puerta y muestra una de las incorporaciones más recientes del complejo: una cámara de flotación. A simple vista parece una cápsula futurista, pero su funcionamiento es sencillo. «Se pone agua con una alta concentración de sales de Epsom. El agua está a la misma temperatura que la piel y, una vez que se apagan la luz y los sonidos, el cuerpo pierde las referencias del entorno. La sensación es de ingravidez absoluta», explica Ivan y todo lleva al recuerdo de Lisa Simpson para los fanáticos de los dibujos de Springfield.
Mientras caminamos hacia el quincho, donde hay parrillas, mesas largas, metegol y una terraza con vista al predio, explica que nunca quiso que las personas llegaran solo a dormir. «La idea siempre fue que tengan motivos para quedarse más tiempo. Que hagan un asado, usen el spa, se junten con amigos o con la familia. No quería que vinieran una noche y se fueran.»

Por eso, los viernes y sábados ese espacio cambia otra vez. Se encienden las luces, llegan músicos de la región, se sirven tragos y el quincho se transforma en un pequeño escenario. «Se arma un ambiente muy familiar. La gente vuelve. Ya nos conocemos por el nombre. Más que clientes, terminan siendo amigos.»
Cuando empezó, muchos le preguntaban quién iba a elegir Plottier para descansar. Él mismo admite que la duda era razonable. «Nadie veía a Plottier como un destino turístico. Todos decían: ‘¿Quién va a venir hasta acá?'». La respuesta llegó sola. Hoy recibe visitantes del Alto Valle, de Zapala, Cutral Co, Buenos Aires, Córdoba y otras provincias. Algunos vienen por trabajo. Otros para visitar familiares.

«Hay gente que tiene hijos viviendo en departamentos y no tienen dónde juntarse. Entonces alquilan una cabaña, usan el quincho, hacen un asado y pasan todo el día juntos. Antes de tener las cabañas yo tampoco entendía por qué alguien elegiría venir a Plottier. Hoy veo que, cuando ofrecés una buena experiencia, la gente viene. Y vuelve».
Antes de despedirse vuelve sobre una idea que parece resumir todo el proyecto. «La gente busca desconectarse de verdad. Después de una semana de trabajo, de problemas o de la empresa, llegás acá y bajás un cambio.» Quizás por eso el mayor atractivo de Cabañas San Francisco no sea el spa, ni las tinajas, ni las cabañas de madera. Tal vez sea ese instante, apenas se cierra el portón, en el que el ruido de la ciudad deja de escucharse, en el que te reciben como un amigo que llegó de visita y los pájaros vuelven a ocupar el silencio. Ese paréntesis que Iván imaginó cuando solo había yuyos hoy tiene forma de refugio.

Precios y todo lo que podés hacer
El Spa incluye el circuito relajante que dura aproximadamente 3 horas incluye sesión de sauna con ducha escocesa más masajes relajantes con camilla de piedra jade y sillón masajeador de gravedad cero y baño en la tinaja de agua caliente con hidromasajes y sales minerales que es de aproximadamente 45 minutos una hora. Tiene un costo de $169.000 para dos personas.
Gastronomía: Restobar abierto al público. Pizzas gourmet., lomos, bondiolas, picadas. Cervezas artesanales. Música en vivo.
Extra: comenzaron a dictar clases de danzas folclórica gratis en el bar todos los viernes de 19 a 20:30. Y luego un show de folklore en vivo. Está destinado para principiantes que quieren bailar y no saben cómo o no se animan. La idea es que puedan ir a una Peña y disfrutar del baile y de la música.

Capacidad: 10 cabañas equipadas para 4 a 8 personas. Servicios en las cabañas: Ropa blanca, vajilla completa. WiFi. DirecTV. Aire acondicionado. Estufas a leña. Cabaña para dos salen $149.000 por noche.
Están en Colonia San Francisco, entre Plottier y Senillosa a 1000 metros de la intersección de ruta de circunvalación y Ruta 22. Frente al conocido barrio Las Lilas. Si vas desde Neuquén por la autovía es a 1000 metros antes de llegar a la Ruta 22.
@cabanas_san_francisco_plottier.


Entre Neuquén y Cipolletti hay un paréntesis. No tiene forma de signo de puntuación, sino de árboles, cabañas de madera y vapor saliendo de las tinajas. Se siente apenas se apaga el motor del auto. El aire huele a árboles, los pájaros ocupan el silencio, las cabañas de madera invitan a quedarse y el spa, terminan de convencer al cuerpo de que la ciudad quedó lejos, aunque apenas esté a unos minutos y el estrés pierde la partida.
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