Las ballenas francas están llegando: el ritual más esperado comenzó en la Patagonia
Madres con crías, grupos de adultos y soplidos sobre el agua fría anuncian el inicio de una nueva temporada de avistajes en Chubut y Río Negro.

El mar todavía guarda el frío del otoño, pero algo cambia cuando aparecen ellas. Primero es un soplido en el horizonte. Después, una cola inmensa que corta el agua. Más tarde, el silencio de quienes miran desde la costa y entienden que comenzó otra vez el tiempo de las ballenas.
En Puerto Madryn, las primeras francas australes ya comenzaron a llegar al Golfo Nuevo y las postales de la temporada empiezan a repetirse como un rito patagónico que nunca pierde capacidad de asombro. Madres con crías, parejas de adultos, grupos pequeños moviéndose lentos sobre el agua calma.
Aunque la temporada oficial de avistajes embarcados comenzará el 10 de junio desde Puerto Pirámides, el único punto habilitado dentro de Península Valdés para realizar esta actividad, los gigantes del mar ya se dejan ver desde distintos sectores de la costa.
Y hay un lugar donde el encuentro sucede casi sin intermediarios: el Área Natural Protegida El Doradillo. Allí, entre junio y septiembre, las ballenas se acercan a pocos metros de la orilla. No hace falta subir a una embarcación. Basta quedarse quieto frente al mar y esperar.
La geografía hace lo suyo. Las playas de canto rodado y la profundidad cercana permiten que las madres con crías naden pegadas a la costa, buscando resguardo del insistente cortejo de los machos. Entonces ocurre lo extraordinario: una respiración profunda rompe el aire helado y una ballena emerge tan cerca que parece imposible.
Durante la temporada, las excursiones embarcadas desde Puerto Pirámides duran unos 90 minutos y tienen una probabilidad altísima de encuentro. En muchos casos, son las propias ballenas las que se acercan a las lanchas, curiosas, enormes, lentas.
Pero detrás de esa escena turística que emociona a miles de viajeros cada año existe un delicado equilibrio. El modelo patagónico de avistaje es considerado uno de los más respetuosos del mundo.
Desde 2005, la llamada “técnica patagónica” establece distancias, tiempos de permanencia y cantidad de embarcaciones permitidas cerca de los animales. La actividad está regulada y controlada por guardafaunas y Prefectura Naval.
Para promocionar la temporada, este martes, el gobierno de Chubut estará presente en Buenos Aires, a las 18:30 en el Centro Audiovisual Inmersivo (Av. Jorge Newbery 3039 – CABA)
Ballenas en Las Grutas
Más al norte, en Las Grutas y el Golfo San Matías, la temporada suele comenzar un poco más tarde. Sin embargo, este año algo parece adelantarse. La doctora en Ciencias Biológicas Magdalena “Malala” Arias, investigadora del CIMAS-CONICET, asegura que en las últimas semanas hubo registros casi diarios de ballenas en la zona.
“Para esta fecha solemos tener registros esporádicos. Se ve una o dos ballenas y después desaparecen varios días. Pero la semana pasada tuvimos registros casi todos los días en la zona de Las Grutas y la bahía de San Antonio”, explicó.
Y no eran animales aislados. “Vimos grupos de cuatro o cinco ballenas. Encontramos madres con cría, incluso con las crías del año pasado. Todo indica que puede ser una temporada donde las ballenas lleguen un poco más temprano”, contó.
Las Grutas ofrece otro ritmo. Allí los avistajes embarcados comienzan más adelante, entre agosto y octubre, cuando las francas australes ingresan con mayor frecuencia al Golfo San Matías. Mientras tanto, las salidas náuticas permiten observar lobos marinos, delfines, pingüinos y aves costeras en uno de los escenarios más transparentes del litoral patagónico.
La provincia de Río Negro estará promocionando el avistaje de ballenas, junto al lanzamiento de toda la temporada de invierno en Buenos Aires el miércoles 3 de junio a las 19 en Estudio U. House, Aguirre 1410, CABA.
Mientras tanto, el mar sigue llenándose lentamente de soplidos. En El Doradillo, en Puerto Pirámides, en Las Grutas. La temporada apenas comienza y Patagonia vuelve a convertirse en uno de los pocos lugares del mundo donde todavía es posible mirar a una ballena a los ojos desde la costa y sentir, por un instante, que el tiempo se detiene.
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