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Promesa de viaje: dos neuquinos pedalean rumbo a Corea en busca de un amigo

Con la bandera del los Choricletas, Jaime Marino (31) y Santiago Mauri (34) saliron hace un mes desde Buenos Aires hacia Corea en bicicleta.

En Instagram, el viaje se llama @choricletas. Dicen que la elección del nombre fue espontánea, los representa la idea de compartir un asado, en distintos lugares del mundo y en bicicleta.

Jaime Marino y Santiago Mauri son de Neuquén capital, pero se fueron a vivir a Buenos Aires y “allá coincidieron”. Primero jugaban al fútbol, luego compartieron algunos viajes de montaña. Se fueron a vivir juntos. Pedalearon hasta Chile desde la Patagonia y ahora pedalean rumbo a Corea a cumplir una promesa, en “una aventura, sin vuelta atrás”.

Jaime siempre quiso hacer un viaje largo en bicicleta. A los 22 años hizo su primera salida por los el camino de los 7 lagos con dos amigos, Lucas y Esteban. En noviembre de 2022 surgió la primera idea de hacer un viaje a Chile, a la que se sumó Santiago.

“Le conté que hacía tiempo tenía pendiente pedalear por Chile desde Villa la Angostura. Santiago me miró raro. Esa misma noche nos llamó nuestro amigo Emmanuel Guagliardo desde Neuquén y nos invitó a pedalear por Chile”, dicen.

Los sorprendió que estuvieran en la misma sintonía y sin dudar comenzaron a hacer la lista de cosas para encarar el viaje. Armaron un mapa “como si supiéramos lo que hacíamos”, pusieron fecha y lugar de salida. “Ese fue nuestro compromiso infalible. Bajarse del proyecto no era una opción”, escribe Jaime desde Brasil.

Se encontraron en Villa la Angostura el 28 de diciembre del 2022 los cuatro: Santiago, Emma, su hermano Ciro y Jaime. Salieron a las apuradas, con todo el equipo mal armado, ansiosos por cruzar la cordillera. En ese viaje nacieron infinitas historias y una de ellas, motivó la actual aventura hasta Corea.

“En Hornopiren (Chile), conocimos a Kim, un surcoreano que estaba en sus primeros días de pedaleo por la Carretera Austral. Nos hicimos amigos a pesar de las infinitas diferencias, o quizás, gracias a ellas”, relatan. Fueron a pescar con una tanza y una lata a un río que terminaba en el mar, cocinaron junto a un grupo de ciclistas y por la noche llevaron a Kim a unas aguas termales a 10 km de distancia. “Kim no entendía qué hacíamos, pero confiaba, o algo así».

El momento mágico fue cuando mientras estábamos acostados como sardinas en un piletón termal, mirando las estrellas, Kim dijo en castellano: ‘esta es la mejor noche de mi vida’”. Al día siguiente cada uno siguió su viaje, pero quedaron en contacto por mail y Kim les dijo que estaría en Buenos Aires dos días antes de volver a Corea.


Reencuentro en capital


Una vez en Buenos Aires, Kim les escribió. Dijo que se podían ver en una semana. Puso día, hora exacta y dirección. No volvieron a hablar. “Era un compromiso coreano”. Jaime salió antes del trabajo para encontrarse con él y ahí estaba Kim en la calle Lavalle al 1675, arriba de su bicicleta. “Llegué y me estiró la mano para vos, ‘comida coreana’”, dijo.

Le dio un abrazo y lo llevó a pedalear por la ciudad. Esa noche quisieron hacerle un asado y él un ramen. Así fue. Charlaban y Kim no creía varias cosas, entre ellas: cómo el Río de la Plata no es un mar o cómo se puede invitar amigos tan rápido a un asado. Esa noche se quedó en la casa.

“A la mañana, mientras tomábamos mates los tres, Kim cruzado de piernas y acariciando al gato nos invitó a pedalear por Corea y Japón. Luego de desayunar salimos juntos en bici”, escribe Jaime. En el camino al trabajo, Kim quedó atrás y lo llamó. “Volví hacia él. Cuando lo alcancé me esperaba con sus brazos abiertos y la cadena de su bicicleta rota, colgando de mano a mano, con una forma de sonrisa igual a la de su rostro.

“Mi viaje terminó”, dijo y se abrazaron con la promesa que se verían en Corea. “Y así surgió éste viaje. Un poco por amistad y otro poco por una promesa. Cuando Kim llegó a su país nos escribió y nos preguntó cuándo iríamos para organizarse. No había vuelta atrás”.


Preparar pedales


El 21 de marzo de 2023, tomando algo en el bar decidieron que irían pedaleando. Así fue que armaron un mapa rudimentario por Uruguay, Brasil, Europa y Asia. Prepararon las bicicletas, el equipo y la cabeza. Dejaron el departamento, los trabajos.

“Los que más nos padecieron fueron Danis y Daiber, padre e hijo aficionados al ciclismo, mecánicos de bicicletas a los cuales recurrimos casi cada día para aprender. A ellos, nuestro agradecimiento eterno”, dicen.

El 4 de febrero del 2024 salieron desde Buenos Aires rumbo al barco que los cruzaría a Colonia del Sacramento en Uruguay. Llegaron al puerto escoltados por bicicletas de amigos y amigas. Recorrieron la costa uruguaya hasta Brasil. Cruzaron por la frontera del Chuy y actualmente estaban en Bojuru con rumbo hasta Campinas donde nos espera un vuelo a Portugal.

Les pasaron cosas increíbles como hacer un fogón en la playa en Uruguay y que aparezca un león de mar a descansar frente a ellos. Caminar en el mar de noche y ver noctilucas, unos microorganismos del mar que aparecen y cuando el agua se mueve se iluminan y hacen brillar las olas.

“La gente es increíble e inolvidable. Se suma a viajar con vos o que te recibe. Nuestra segunda noche, por ejemplo, escribimos a un contacto de Couchserfing que recibía gente en Santa Ana, Uruguay. Nos dio la dirección y cuando llegamos no había nadie. Le escribimos y nos dijo que la casa estaba abierta, que pasáramos, comiéramos y que nos veía después”, cuentan.


¿Qué se necesita para salir?


Explican que para salir hay que comprometerse con uno mismo y con los demás. Pensarla bien para no tener que pensarla tanto. “En el camino encontrás gente que está hace muchos años pedaleando, que está viajando por poco tiempo, que viaja pesada, liviana, con animales en la bici, con su hija, en pareja, sola, con rumbo, sin rumbo. El viento se siente igual, los problemas mecánicos son los mismos, las necesidades, los caminos y las distancias. El factor común es que todas tienen un propósito y la bicicleta es un lenguaje común”.

Durante todo el año prepararon las cosas. Llevan 40-45 km cada uno más el peso de las bicis y herramientas para casi todo. Hamacas y carpa para dormir. Lo justo y necesario más algunos chiches a gusto de cada uno: Santi lleva su equipo para hacer buen café y sus zapatos de tango por si hay milongas por ahí. Cartas que aún no usaron, un ajedrez, libros y algo para escribir. Una pelota, un fresbi, pero en el camino van quitándose peso, despojándose de lo material.

En este mes de viaje durmieron en bosques, en la playa, en estaciones de servicio y en casas de gente que los recibió. “Hay una red de ciclistas muy grande. Una vez que entras en ella, los circuitos están casi armados. Parajes que casi los únicos que pasan son los ciclistas, te encontrás con pueblos como Bojuru y personas como Luiz que viven en el campo con sus ovejas y reciben ciclistas por compartir y ayudar”.

Desde el invierno de 2017 cuando llegaron dos ciclistas en el medio de la lluvia los recibió y le pareció algo grato. Ellos hicieron, de boca en boca, que la casa de Luiz sea un faro para los ciclistas. Por el registro que lleva debe haber recibido 40 ciclistas.

Así se va armando el camino. Gente que recibe, que te da agua, que te motiva, que se suma incluso a pedalear con vos por unos días como les pasó en Uruguay. Venimos con la suerte de principiante, no nos han tocado momentos duros. Quizás porque nos lo tomamos con calma y nos bancamos. Rompimos un rayo, lo arreglamos. La bici va haciendo ruidos por la suciedad de la arena del mar, la limpian. Hay que tener paciencia, de eso se trata viajar en bicicleta, a su velocidad.


Por qué Choricletas


En Instagram, el viaje se llama @choricletas. Dicen que la elección del nombre fue espontánea, los representa la idea de compartir un asado, en distintos lugares del mundo y en bicicleta. “No pensamos en otra cosa que en llegar a Corea y hacer otro asado con ramen con nuestro amigo Kim”.


Ruta de Viaje


Primera etapa: salimos el 4 de febrero desde Colonia del Sacramento (Uruguay) con la obligación de llegar el 2 de mayo a Campinas (Brasil).

Segunda etapa: Cruzamos en avión a Lisboa (Portugal) de donde pedalearemos hasta Estambul (Turquía) para tomarnos un avión a Seúl (Corea del Sur) el 16 de agosto.

Tercera etapa: comienza nuestro viaje con Kim por su país y por Japón ¡Pedaleando obvio!

Sobre la vuelta, aún no hay plan pero quieren pedalear.


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