Un viaje en familia, con casilla rodante, por la Ruta de los Siete Lagos
Recorrer caminos, frenar sin apuro. Una crónica sobre cómo la casilla rodante transforma el camino en parte de la experiencia, con San Martín de los Andes como punto de partida.
Viajar en familia siempre implica movimiento, acuerdos y tiempos compartidos. Pero hacerlo con casilla rodante suma algo más profundo: libertad, aprendizaje y una manera distinta de mirar el camino. En esta oportunidad, elegimos San Martín de los Andes como punto de partida para una escapada que combinó naturaleza patagónica, lagos de aguas calmas, actividades al aire libre y, sobre todo, la posibilidad de viajar sin apuros.
Esta nueva forma de movernos llegó de la mano de Casillas Bahía Blanca (@casillasbb), que tuvo la intuición, y la convicción, de que viajar en familia en casilla podía ser una experiencia inolvidable, y lo fue. Y sabemos que lo seguirá siendo, porque cuando el viaje se adapta a la familia, todo fluye.
La casilla nos dio algo fundamental cuando se viaja con pequeñas como en nuestro caso: flexibilidad. Adaptar horarios, improvisar paradas, cocinar cuando hacía falta y entender que cada tramo del recorrido también forma parte del viaje. No se trata solo de llegar a un destino, sino de cómo se vive el trayecto, de lo que pasa puertas adentro y también afuera, cuando el paisaje invita a frenar.
Dónde parar con casilla rodante en San Martín de los Andes
Una de las primeras preguntas al planificar un viaje de este tipo es dónde estacionar y pernoctar con comodidad. En la zona hay pocos espacios de acampe libre, que es lo que muchos rodanteros buscan. Uno de ellos es el Camping libre del Lago Villarino, un lugar privilegiado por su entorno, aunque sin servicios. No paramos aquí pero quiero mencionarlo porque es una excelente alternativa.
En nuestro caso, recién estamos dando los primeros pasos en este tipo de viajes y todavía no contamos con la autonomía necesaria para acampar sin asistencia. Por eso, buscando mantenernos en la zona de lagos y con acceso directo a la Ruta Nacional 40, decidimos hacer base en Cabañas Río Hermoso, un complejo que combina cabañas con espacios especialmente preparados para rodanteros.
El lugar está estratégicamente ubicado, a apenas 150 metros del acceso a la ruta que conduce al Lago Meliquina, lo que lo convierte en un punto ideal para moverse con tranquilidad, sumar escapadas diarias y volver siempre a un entorno cómodo y seguro. El lugar cuenta con parcelas amplias y bien organizadas con agua, luz, fogones y wifi. Aunque no cuentan con baño, por lo tanto tuvimos que usar el de la casilla, que por cierto fue la primera experiencia y muy positiva.
Tip rodantero: siempre conviene consultar con anticipación la disponibilidad, el tipo de conexión eléctrica y las normas internas del predio.
Con base sólida y ya bien instalados, salimos a recorrer la Ruta de los Siete Lagos. Una de las grandes ventajas de viajar con casilla rodante es justamente esa: poder desenganchar y salir a explorar livianos, sin cargar la casa a cuestas y sin preocupaciones. El punto fijo queda atrás y el día se abre para descubrir, frenar y volver cuando el cuerpo, o los chicos, lo piden.
Lago Meliquina: playa, calma y naturaleza
Una de nuestras primeras mini escapadas fue al Lago Meliquina, especialmente su Playa Oeste, más agreste y mucho menos concurrida que otros sectores de la región.
El acceso es sencillo, se accede tomando la Ruta 40 (Camino de los Siete Lagos) y luego la Ruta 63, buscando el camino a la izquierda antes del primer puente, donde desemboca el Río Hermoso. Sobre la mano izquierda aparece un cartel que indica alquiler de kayak. Desde allí se accede a un sector de estacionamiento libre, muy utilizado por quienes conocen el lugar.
Conviene llegar temprano, sobre todo en temporada alta, para encontrar un buen espacio para estacionar y algo de sombra natural. Protector solar, gorro y bebidas frescas son casi imprescindibles; en nuestro caso, el mate nunca falta y se convierte en parte del ritual frente al lago.
La Playa Oeste de Meliquina es ideal para disfrutar en familia: playas amplias, pendiente suave y sectores naturales para picnic, con un clima de tranquilidad que se mantiene incluso en días concurridos. Es de esos lugares donde el tiempo parece ir más lento y donde pasar el día entero se vuelve casi inevitable.
Un dato a tener en cuenta: esta playa suele ser ventosa por la tarde, por lo que las primeras horas del día son las más recomendables, especialmente si se viaja con chicos o se piensa en actividades acuáticas.
Kayak en los lagos Machónico y Pichi Machónico
Una de las experiencias más memorables del viaje fue remar en el Lago Machónico y el Lago Pichi Machónico. Nos levantamos temprano, cuando el día recién empieza a desperezarse, preparamos los kayaks y tomamos la Ruta Nacional 40. A pocos metros del mirador hay un sector donde es posible detenerse al costado de la ruta; desde allí se accede a una bajada directa al lago.
Entrar al agua en ese horario tiene algo especial. El lago está quieto, casi inmóvil, cada remada rompe el silencio con un sonido suave y el entorno se refleja como un espejo. Es de esos momentos en los que el cuerpo se relaja y la cabeza se vacía, mientras las chicas miran todo con curiosidad y asombro.
Estos lagos son exclusivos para embarcaciones sin motor, lo que garantiza aguas calmas y un entorno natural prácticamente intacto. Esa tranquilidad los convierte en un lugar ideal para el kayak recreativo y en una actividad segura para familias, siempre que se cuente con el equipamiento adecuado.
El mejor horario para salir es por la mañana, alrededor de las 9, cuando el sol todavía no pega fuerte y la calma del lugar transforma la navegación en una verdadera postal patagónica. En nuestro caso, remar sin apuro, frenar en medio del lago y simplemente dejarse llevar fue parte de la experiencia. Si se viaja con niños, es recomendable realizar la actividad con un guía, no solo por seguridad, sino también por el conocimiento del entorno y las condiciones del lugar.
Tip familiar: usar siempre chaleco salvavidas, chequear el pronóstico del clima antes de salir y evitar horarios de viento, especialmente cuando se navega con chicos.
Lago Hermoso y la Ruta de los Siete Lagos
Otro de los puntos altos del recorrido fue el Lago Hermoso, uno de esos espejos de agua que sorprenden incluso a quienes conocen bien la región. Cada vez que uno llega, el paisaje cambia: la luz, el viento, el color del agua. Y siempre parece distinto.
El acceso es sencillo. Se ingresa desde la Ruta Nacional 40, a pocos kilómetros del ingreso al centro de esquí Lago Hermoso, y desde allí se continúa por el camino señalizado hasta llegar al lago. Es una parada clásica dentro del recorrido de la Ruta de los Siete Lagos, ideal para frenar, estirar las piernas y dejar que el paisaje haga lo suyo.
Lago Hermoso regala postales en cualquier estación del año y suele ser bastante concurrido, especialmente en verano. Por eso, conviene llegar temprano, sobre todo si se busca un lugar con algo de sombra natural, que no abunda. Una buena opción es llevar sombrilla, manta y armar un picnic a orillas del lago.
Un dato importante a tener en cuenta es que está prohibido hacer fuego, por lo que lo ideal es llevar comida preparada. En nuestro caso, disfrutamos del ritual de sentarnos frente al lago, sin apuro, mate de por medio y con las chicas explorando la orilla. Para quienes buscan una experiencia diferente, justo frente al lago se encuentra Malamado, que reabrió sus puertas recientemente con una propuesta gastronómica cuidada y tranquila, perfecta para combinar paisaje y buena cocina.
Tip viajero: en días de mucho viento, lo mejor es caminar la costa y disfrutar del entorno sin apuro. Y como siempre en la Patagonia, llevar abrigo liviano, incluso en pleno verano.
Lagos Falkner y Villarino: el cierre perfecto de la jornada
La jornada se fue cerrando por la tarde, casi de manera natural, sobre la Ruta de los Siete Lagos. Primero recorrimos el Camping libre del Lago Villarino, un espacio muy buscado por rodanteros y viajeros que priorizan el contacto directo con la naturaleza. Es un lugar amplio, sin servicios, pero con una ubicación privilegiada, ideal para quienes cuentan con autonomía y buscan pasar la noche junto al lago.
En nuestro caso, la visita fue más bien contemplativa. Caminamos la zona, miramos el lago desde distintos ángulos y seguimos viaje cuando el sol empezó a bajar. A pocos kilómetros, el Lago Falkner nos esperaba como el escenario perfecto para el final del día.
Ahí sí frenamos sin apuro. Sacamos los mates, nos sentamos a la orilla y dejamos que la tarde hiciera lo suyo. El bosque, el agua quieta y la luz del atardecer construyen un clima especial, de esos que invitan a hablar poco y mirar mucho. Las chicas juegan cerca, el tiempo parece estirarse y el viaje encuentra sentido en esos momentos simples.
Tip viajero: tanto en Villarino como en Falkner es importante respetar las áreas habilitadas, no hacer fuego y llevarse todos los residuos. Para las paradas de tarde, conviene sumar abrigo liviano, ya que el viento suele aparecer con el descenso del sol.
Por la noche ya de regreso, prendimos un fueguito y mientras contemplábamos las estrellas y la imponente lunar sobre la montaña, nos relajamos a dar por culminada nuestra aventura. Luego una ducha calentita en la casilla y a descansar porque todavía quedaba mucho por recorrer y disfrutar.
Viajar en casilla rodante no es solo una forma de trasladarse. Es una manera distinta de habitar el viaje, de compartir más tiempo en familia y de reconectar con lo esencial.
San Martín de los Andes y sus lagos cercanos ofrecen el escenario perfecto para este tipo de experiencias. Naturaleza, caminos bien señalizados y múltiples opciones para detenerse hacen que la región sea ideal tanto para rodanteros experimentados como para quienes dan sus primeros pasos. De a poco iremos desandando más caminos y contándoles más experiencias en nuestra casilla rodante. También les iremos contando como es el equipamiento, recomendaciones básicas para salir a la ruta y mucho más.
Nos vemos en la ruta viajeros.
Marcelo García comparte sus experiencias en @viajoconvos.
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