“¿Y nosotros qué?”

Redacción

Por Redacción

Quienes, de una manera u otra, como militantes y dirigentes que somos, hemos tenido la responsabilidad de trabajar para el peronismo hasta nuestros días, tenemos –como decía el general– la obligación de poner las cosas en claro. Somos artífices del más maravilloso proceso político y social gestado en América: el justicialismo, causa humanista y cristiana, forma de vida que regla nuestra conducta y acciones; efervescencia de un pueblo en movimiento que encuentra el marco y contenido de su destino. El peronismo se siente primero y se razona después. Se palpita y se sufre ante la injusticia y la discriminación. Se abraza con todas las fuerzas y se confunden el alma y el corazón. Por ello tiene tanta vigencia luego de más de 60 años. Traído esto hasta nuestra geografía, encontró en un hombre –Carlos Soria– la cabeza conductora a fin de recuperar el gobierno para esta causa noble. Fatalidad, fatalidad y más fatalidad. Muerto quien guió este proceso, la decadencia, la intolerancia, el desasosiego. Quien debía ser el más entusiasta de su proyecto lo trocó por el oportunismo mezquino de quien se cree dueño de todo y no lo es de nada. Un vicegobernador a cargo circunstancialmente del Ejecutivo traicionó el legado peronista en su propio beneficio. ¿Y nosotros qué? Ante esto, ante la evidencia, la más férrea unidad. La adversidad, que suele ser cuna de los débiles, debe ser combatida con todas las fuerzas. Debemos desterrar de nuestras filas a quienes, pensando que somos un simple partido burgués, pelean por cargos y lugares como si el peronismo fuera una simple agencia de empleo. El peronismo es un apostolado, un estado de necesidad y urgencia, una forma de vida donde no caben los avivados y oportunistas. A ellos les decimos que cesen en sus intentos pues, como Perón decía, “cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento”. Al mismo tiempo, creemos conveniente destacar que consideramos que la fórmula que lleve nuestro partido debe ser netamente peronista. ¿Cabe pues otra reflexión en contrario? No debe tan siquiera dudarse de este aserto. Por lo expuesto, la Básica de Stefenelli, en memoria de tantos y tantos, de Sicardi, de Mario Franco, de Jacinto Giménez, de Justino González, del querido Gringo Soria, de José “Gordo” Rodríguez, de Nazareno Fabiani, pide y exige grandeza y unidad. Somos portadores del mensaje de Perón, Evita y Carlos Soria. Por ello apoyamos a sus hijos. Recuerden: a veces la ambición hace perder de vista el triunfo al alcance de la mano. Los rionegrinos poseen en su memoria aquella frase del gobernador muerto: “Creo profundamente en lo que estoy haciendo. Creo que es posible que Río Negro mejore y mucho. Creo en nuestra gente y su potencial, creo en el espíritu pionero de los que hicieron la Patagonia trabajando mucho y hablando poco”. Por él y su memoria, por las generaciones por venir, por la gente, por los que trabajan, por los pobres y desposeídos, marchemos todos juntos rumbo a Viedma. Unidad, unidad y más unidad. Tomás Basile DNI 11.610.326 Roca


Quienes, de una manera u otra, como militantes y dirigentes que somos, hemos tenido la responsabilidad de trabajar para el peronismo hasta nuestros días, tenemos –como decía el general– la obligación de poner las cosas en claro. Somos artífices del más maravilloso proceso político y social gestado en América: el justicialismo, causa humanista y cristiana, forma de vida que regla nuestra conducta y acciones; efervescencia de un pueblo en movimiento que encuentra el marco y contenido de su destino. El peronismo se siente primero y se razona después. Se palpita y se sufre ante la injusticia y la discriminación. Se abraza con todas las fuerzas y se confunden el alma y el corazón. Por ello tiene tanta vigencia luego de más de 60 años. Traído esto hasta nuestra geografía, encontró en un hombre –Carlos Soria– la cabeza conductora a fin de recuperar el gobierno para esta causa noble. Fatalidad, fatalidad y más fatalidad. Muerto quien guió este proceso, la decadencia, la intolerancia, el desasosiego. Quien debía ser el más entusiasta de su proyecto lo trocó por el oportunismo mezquino de quien se cree dueño de todo y no lo es de nada. Un vicegobernador a cargo circunstancialmente del Ejecutivo traicionó el legado peronista en su propio beneficio. ¿Y nosotros qué? Ante esto, ante la evidencia, la más férrea unidad. La adversidad, que suele ser cuna de los débiles, debe ser combatida con todas las fuerzas. Debemos desterrar de nuestras filas a quienes, pensando que somos un simple partido burgués, pelean por cargos y lugares como si el peronismo fuera una simple agencia de empleo. El peronismo es un apostolado, un estado de necesidad y urgencia, una forma de vida donde no caben los avivados y oportunistas. A ellos les decimos que cesen en sus intentos pues, como Perón decía, “cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento”. Al mismo tiempo, creemos conveniente destacar que consideramos que la fórmula que lleve nuestro partido debe ser netamente peronista. ¿Cabe pues otra reflexión en contrario? No debe tan siquiera dudarse de este aserto. Por lo expuesto, la Básica de Stefenelli, en memoria de tantos y tantos, de Sicardi, de Mario Franco, de Jacinto Giménez, de Justino González, del querido Gringo Soria, de José “Gordo” Rodríguez, de Nazareno Fabiani, pide y exige grandeza y unidad. Somos portadores del mensaje de Perón, Evita y Carlos Soria. Por ello apoyamos a sus hijos. Recuerden: a veces la ambición hace perder de vista el triunfo al alcance de la mano. Los rionegrinos poseen en su memoria aquella frase del gobernador muerto: “Creo profundamente en lo que estoy haciendo. Creo que es posible que Río Negro mejore y mucho. Creo en nuestra gente y su potencial, creo en el espíritu pionero de los que hicieron la Patagonia trabajando mucho y hablando poco”. Por él y su memoria, por las generaciones por venir, por la gente, por los que trabajan, por los pobres y desposeídos, marchemos todos juntos rumbo a Viedma. Unidad, unidad y más unidad. Tomás Basile DNI 11.610.326 Roca

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