“Yo no traiciono”

Redacción

Por Redacción

Vivo en Roca desde 1957. Tengo 61 años y estoy afiliado a la UCR desde 1982 (33 años), cuando como tantos otros me sentí identificado con las propuestas de Raúl Alfonsín en relación con los principios y los valores del hoy centenario partido. Aunque nunca milité activamente, me siento tan radical como los que creen que hacerlo consiste únicamente en pegar afiches y recorrer los barrios un mes antes de cada elección, generalmente a cambio de obtener por esa desinteresada tarea algún lugarcito en una lista como autoridad partidaria, concejal municipal o legislador por circuito, dependiendo de los contactos que cada uno posea. Nunca fui puntero, así que nunca conseguí votos para ningún candidato, aunque también estoy seguro de que nunca tampoco le hice perder votos a ningún candidato. Con esa libertad que me dieron el convencimiento y la identificación ideológica con los principios y valores del partido, siempre voté por convencimiento y no únicamente por disciplina partidaria (nunca me gustó el papel de oveja de ningún rebaño, porque soy un ciudadano con criterio propio). Así fue que voté con total convencimiento a Raúl Alfonsín y a Osvaldo Álvarez Guerrero en 1983 y el paso de los años hizo que continuara votando a los candidatos de la UCR, aunque debo decir que con menos convencimiento cada vez. En cada elección posterior a aquella fundacional de la democracia, ya sea para legisladores o cargos ejecutivos, me preguntaba si era yo el que estaba cambiando su compromiso con los principios del partido o eran los dirigentes y candidatos los que iban disminuyendo su compromiso con esos principios y valores y la ideología partidaria. Puedo afirmar sin lugar a dudas que yo no cambié de principios, de ideología ni de valores: sigo siendo radical. En cambio, las conductas de algunos que fueron (y aún son) dirigentes y candidatos de la UCR de tan cambiantes se convirtieron en camaleónicas. Esas conductas camaleónicas, que originaron el engendro de “radicales K”, hicieron que me convenciera de que algunos (muchos) radicales estaban –en la práctica– dejando de serlo aunque en las boletas que contenían a los candidatos siguiera apareciendo el escudo de la UCR. Leo y escucho ahora a quienes dicen que esa adhesión al kirchnerismo fue resuelta en una Convención partidaria, lo que no deja lugar a ninguna duda de que se hizo con el único objetivo de conservar una cuota de poder importante para sus participantes. En aquella Convención, de haberse defendido los principios partidarios con la misma firmeza con que me quieren hacer creer que los están defendiendo ahora, nunca hubieran existido los “radicales K”. ¿Están conformes esos convencionales con que el juicio de la historia los identifique como socios políticos del que hoy sabemos indudablemente que ha sido el gobierno nacional más corrupto de la historia democrática argentina? Esa adhesión (en realidad, rendición) incondicional al kirchnerismo les quita –en mi humilde opinión– la autoridad moral necesaria para decirme ahora que si no voto el domingo a la UCR soy un traidor. ¿Qué queda en pie de la UCR, después de asociarse a los delincuentes que conforman el “gobierno nacional y popular” más nefasto de la historia? ¿Qué oxigenación ha habido en la UCR si el mejor candidato que el partido puede presentar en el 2015 ya fue gobernador hace nada menos que 20 años? ¿Qué autocrítica han hecho los responsables de haber perdido la provincia después de 28 años de gobernarla para que Barbeito siga integrando las listas de candidatos para la elección del domingo? ¿Qué es lo que ha hecho tan bien la dirigencia partidaria –y que yo no advierto– como para tener que improvisar, en la última elección, un candidato a intendente para Roca dos meses antes del acto eleccionario? Para tranquilidad de los impolutos, el domingo no voy a votar a Pichetto para que gobierne la provincia. Yo no traiciono. Siempre fui coherente, conducta que muchos “radicales K” no pueden exhibir. Antes, desde mucho antes, hubo muchos otros que sí traicionaron a la UCR hasta llevarla al estado en el que hoy se encuentra, y son los que ahora se creen con derecho a decirme a quién tengo que votar para no traicionar al partido. Ricardo Martín, DNI 10.913.485 – Roca

Ricardo Martín, DNI 10.913.485 – Roca


Vivo en Roca desde 1957. Tengo 61 años y estoy afiliado a la UCR desde 1982 (33 años), cuando como tantos otros me sentí identificado con las propuestas de Raúl Alfonsín en relación con los principios y los valores del hoy centenario partido. Aunque nunca milité activamente, me siento tan radical como los que creen que hacerlo consiste únicamente en pegar afiches y recorrer los barrios un mes antes de cada elección, generalmente a cambio de obtener por esa desinteresada tarea algún lugarcito en una lista como autoridad partidaria, concejal municipal o legislador por circuito, dependiendo de los contactos que cada uno posea. Nunca fui puntero, así que nunca conseguí votos para ningún candidato, aunque también estoy seguro de que nunca tampoco le hice perder votos a ningún candidato. Con esa libertad que me dieron el convencimiento y la identificación ideológica con los principios y valores del partido, siempre voté por convencimiento y no únicamente por disciplina partidaria (nunca me gustó el papel de oveja de ningún rebaño, porque soy un ciudadano con criterio propio). Así fue que voté con total convencimiento a Raúl Alfonsín y a Osvaldo Álvarez Guerrero en 1983 y el paso de los años hizo que continuara votando a los candidatos de la UCR, aunque debo decir que con menos convencimiento cada vez. En cada elección posterior a aquella fundacional de la democracia, ya sea para legisladores o cargos ejecutivos, me preguntaba si era yo el que estaba cambiando su compromiso con los principios del partido o eran los dirigentes y candidatos los que iban disminuyendo su compromiso con esos principios y valores y la ideología partidaria. Puedo afirmar sin lugar a dudas que yo no cambié de principios, de ideología ni de valores: sigo siendo radical. En cambio, las conductas de algunos que fueron (y aún son) dirigentes y candidatos de la UCR de tan cambiantes se convirtieron en camaleónicas. Esas conductas camaleónicas, que originaron el engendro de “radicales K”, hicieron que me convenciera de que algunos (muchos) radicales estaban –en la práctica– dejando de serlo aunque en las boletas que contenían a los candidatos siguiera apareciendo el escudo de la UCR. Leo y escucho ahora a quienes dicen que esa adhesión al kirchnerismo fue resuelta en una Convención partidaria, lo que no deja lugar a ninguna duda de que se hizo con el único objetivo de conservar una cuota de poder importante para sus participantes. En aquella Convención, de haberse defendido los principios partidarios con la misma firmeza con que me quieren hacer creer que los están defendiendo ahora, nunca hubieran existido los “radicales K”. ¿Están conformes esos convencionales con que el juicio de la historia los identifique como socios políticos del que hoy sabemos indudablemente que ha sido el gobierno nacional más corrupto de la historia democrática argentina? Esa adhesión (en realidad, rendición) incondicional al kirchnerismo les quita –en mi humilde opinión– la autoridad moral necesaria para decirme ahora que si no voto el domingo a la UCR soy un traidor. ¿Qué queda en pie de la UCR, después de asociarse a los delincuentes que conforman el “gobierno nacional y popular” más nefasto de la historia? ¿Qué oxigenación ha habido en la UCR si el mejor candidato que el partido puede presentar en el 2015 ya fue gobernador hace nada menos que 20 años? ¿Qué autocrítica han hecho los responsables de haber perdido la provincia después de 28 años de gobernarla para que Barbeito siga integrando las listas de candidatos para la elección del domingo? ¿Qué es lo que ha hecho tan bien la dirigencia partidaria –y que yo no advierto– como para tener que improvisar, en la última elección, un candidato a intendente para Roca dos meses antes del acto eleccionario? Para tranquilidad de los impolutos, el domingo no voy a votar a Pichetto para que gobierne la provincia. Yo no traiciono. Siempre fui coherente, conducta que muchos “radicales K” no pueden exhibir. Antes, desde mucho antes, hubo muchos otros que sí traicionaron a la UCR hasta llevarla al estado en el que hoy se encuentra, y son los que ahora se creen con derecho a decirme a quién tengo que votar para no traicionar al partido. Ricardo Martín, DNI 10.913.485 - Roca

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