Zure, paredón y después

El recomendado hoy es este restaurante de la capital neuquina que durante este mes cumple un año. Horno a leña y más de 300 etiquetas de vino.



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Zure, paredón y después

El recomendado hoy es este restaurante de la capital neuquina que durante este mes cumple un año. Horno a leña y más de 300 etiquetas de vino.

Cuando Juan Fernández, cocinero, andaba en bicicleta por el barrio San Pablo hace 10 años jamás se le cruzó por el bocho que el azar lo llevaría a montar su primer restaurante sin planearlo demasiado. La esquina de Puerto Belgrano y 9 De Julio en Cipolletti se alquilaba. Un cartelito colgando en medio de la pedaleada y el momento justo del encuentro. A veces el destino talla con una gubia que inconscientemente preparamos toda la vida. No siempre sucede, pero el deseo, el azar y las oportunidades son primos hermanos.

Esa esquina en cuestión era una vieja carnicería que luego fue alquilada por Juan a partir de esa secuencia de la bici, allí montó uno de los restaurantes más lindos que tuvo Cipolletti en los últimos años. Así nacía Zure, sillas, mesas y vajilla diferente. Mezcla de bodegón cool y almacén de barrio donde generalmente se comía bien y uno formaba parte de ese fotograma de barrio, hermoso, con esa cadencia de película de director argentino que insiste con el folklore de la kermes y el club social.

Luego de surfear momentos increíbles y darle mecha al horno de leña que tenia Zure, Juan decide desembarcar en Neuquén hace un año. Encuentra una casa antigua en el centro de la capital y fiel a su estilo lo reforma manteniendo ese espíritu casero, de sitio acogedor, a su vez moderno y con un concepto casa -restaurante marcado quizá por aquella experiencia cipoleña.

El primer Zure cerró y Juan decidió concentrar la fuerza en el nuevo proyecto neuquino.

Un sitio de 58 cubiertos, con arquitectura muy agradable y una decoración acertada.

La carta tiene genialidades porque entre otras cosas un horno a leña desde el patio marca el ritmo y el ritmo a leña queridos lectores es “el” ritmo.

Como entrada recomiendo una provoleta con tomate asado y panceta crocante hecha obviamente en ese infierno encantador de ladrillos. Destacable la nota ahumada y a leña, obvio.

La terrina de conejo también es una buena opción. El confitado es todo y el bicho es de San Patricio del Chañar, porque a la causa regional se la apoya cocinando con productos regionales.

Una tercera opción puede ser el matrimonio (no se asuste, no es lo que piensa) un chorizo ahumado con una morcilla vasca sobre tostada de pan de campo. Sale con ensalada mixta y chimi con merquén ahumado.

Como principales hay varios buenos. Comí cordero con polenta cremosa y realmente me gustó mucho. Sabores concentrados, equilibrados y sabrosos.

Son pocos los lugares que ponen polenta. De pastas ñoquis de papa y ajo con ragú de ciervo, se gratinan en el horno y uno se pellizca para chequear si es real o un sueño.

Trucha, costeletas, bife de chorizo grillado, lasaña y vegetales de estación asados.

El armario original de la casa funciona como cava y cuenta con más de 300 etiquetas, todas a precio vinoteca, agenden.

Wi fi, tarjetas.

Abre todos los días al mediodía y de noche de martes a sábado.

Tienen sugerencias al mediodía con buen precio.

Postres ricos y clásicos como creme bruleé, mousse y queso y dulce.

Vaya a conocer Zure de cerca, hágame el favor.

Juan B Justo 182 – Neuquén


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