Podio Radar de Primera

Una cosa es el engaño, otra la trampa

19 jun 2017 - 00:00
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Análisis

Señores que aparecen en la tele moralizan sobre los problemas del fútbol-juego. Dedican horas a debatir si Tevez tiene razón en criticar a Riquelme. Algunos, más papistas que el Papa, gritan indignados porque, dicen, el presidente de Estudiantes, Verón, fue irrespetuoso con un “monumento” del club (por Bilardo) al querer poner como DT a “un cuatro de copas”, como describen a Nardi (frustrado sucesor de Vivas por sus supuestos tuits críticos al Narigón). Gritan si Icardi deberá o no reemplazar a Higuaín cuando Sampaoli debute oficialmente como DT de Argentina, contra Uruguay en el Centenario. Avivan la polémica. Pero cuando les llega un informe detallado sobre qué movimientos tácticos realizó la selección en la última práctica, es decir, cuando pueden debatir sobre el juego, se enojan, dicen que no lo entienden, que es una tontera. Y pasan a otro tema. Vuelven a hablar de Tevez vs Riquelme, Verón vs Bilardo o Icardi vs Higuaín.

“No hacen terrorismo, hacen periodismo”, se lamentó Verón. Acaso él tuvo alguna responsabilidad en la debacle última de un Estudiantes que asomaba interesante pero que terminó sacándose de encima a Vivas. Acaso no supo en su momento sobrellevar su retiro y forzó un retorno como jugador de 40 años cuando el equipo estaba en buena racha. Y acaso no pudo defender a capa y espada su decisión de mantener a Nardi como sucesor de Vivas, sin escuchar la furia de los que pidieron defender el monumento llamado Bilardo. Un monumento en Estudiantes, es cierto, y también figura clave en la historia del fútbol argentino. Pero también una figura que se encargó él mismo de darle alimento a situaciones para nada superficiales, como planificar el caso del bidón contaminado ante Brasil en Italia 90, por citar apenas uno de los más emblemáticos.

La polémica, claro, se reabrió por el caso de los alfileres, la estupidez elevada a picardía en una entrevista radial del jugador de Pacífico, Federico Allende, sobre sus pinchazos con un alfiler en el heroico partido de Copa Argentina que su equipo ganó justamente a Estudiantes, el rival sospechado de haber utilizado ese mismo método en los ’70, cuando –primero a partir de 1967- rompió la hegemonía de los cinco grandes que monopolizaban los títulos del fútbol argentino. Claro que aquel Estudiantes fue mucho más que alfileres. Y claro que Pacífico no venció a los pincharratas por el alfiler de Allende. Pero todo tiene un límite. El fútbol argentino se refugió históricamente en victimizaciones, picardías, folklore y códigos para apañar claras violaciones reglamentarias. Es cierto que el fútbol es un juego de engaño. Pero una cosa es el engaño. Y otra la trampa.

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