230 millones

Los cuatro usos que los neuquinos hacen de la avenida Argentina

Hay un tramo de práctica deportiva, otro de trámites administrativos y bancarios, el del Bajo está circunscripto a las compras y hacia la costa del río, la recreación.

13 ene 2018 - 00:00
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La avenida Argentina es la calle que atraviesa a los neuquinos así como su traza marca a la ciudad de un extremo hacia el otro: es parte de la agenda, de la vida cotidiana. La generosa sombra de sus bulevares integra la planificación de las caminatas o salidas, y los descansos en la zona bancaria y comercial forma parte del recorrido de cualquier trámite que se hace.

Los foráneos que necesitan ubicarse en la capital, deben saber cuán lejos o cerca va a estar de la avenida Argentina, mientras que para los que la cruzan todos los días, es la calle de referencia para indicar hacia dónde está un barrio, dónde nace una calle, enfilarse hacia su lugar de trabajo, o el comercio que necesita ubicar.

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Los neuquinos hablan de la avenida Argentina como la de sus afectos y recuerdos, y aunque en la vía del ferrocarril cambia su nombre a Olascoaga, la describen como una sola calle desde la barda al río: “en la parte de la avenida Argentina que cambia a Olascoaga”, señalan con normalidad.

Tiene 4.725 metros de extensión desde el río Limay hasta la plaza de Las Banderas. La avenida Argentina nace en las vías y llega hasta el Parque Norte, en un recorrido de casi 2.000 metros; mientras que el resto corresponde al sector de Olascoaga que nace en el mismo punto y finaliza en la calle Democracia, a la vera del Limay.

“Hace 20 años que tengo mi negocio sobre la avenida, es la calle más importante y la de mayor movimiento; en esta zona (Olascoaga y Alcorta) sacaron los árboles, el estacionamiento adentro del bulevar al medio y mejoró un montón la vista y se ordenó el tránsito“, dijo María Luz Fiorillo, que tiene su negocio en el bajo neuquino.

Según María Luz, si se sacara una foto en una calle de Neuquén, sería en la avenida “pero en la plaza de las Banderas, o en el río, que está muy lindo para allá”, dijo.

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Para Luisa Fernández, la avenida Argentina es la calle que marcó su vida. “Soy una enamorada de esta avenida; viví en un departamento a media cuadra por la Elordi; y es el lugar donde se criaron mis hijos; vine al hospital (Castro Rendón) para espera que mi esposo salga del trabajo y el mejor lugar para esperarlo es éste, bajo la sombra, tengo el recuerdo de amigos, de tomar mates”, describió.

Luisa vive actualmente en Mercantiles, a varios kilómetros de la avenida y del centro; pero no dudó en plantear que si tuviera que elegir una calle, sería cualquier bulevar de la avenida Argentina.

“Funciona muy bien, prefiero que no la modifiquen y transformen en autopista; da bronca que la quieran convertir en una ruta al barrio de Pechi: tiene pulmón verde, puede servir de estacionamiento, si no existiera estaríamos peor comunicados”, dijo Juan Ercole, quien habitualmente usa la avenida desde Antártida Argentina hasta Rincón de Emilio.

“Vendo fruta desde que mis hijos estaban en un changuito. Tomé agua del Limay que me dio Don Felipe y no me fui más”.
Jorge Calio vende frutas y verduras en una esquina de la avenida.
Las vías del tren dividen el ritmo entre el Bajo y el Alto

Hacia el 800 de su recorrido, la avenida Argentina tiene un ritmo de urbe y microcentro; las escuelas y los supermercados marcan sus laterales, los bocinazos de los autos se suman a la proliferación de semáforos y a los grupos de peatones en las esquinas con paso presuroso.

Las veredas de la avenida se tornan en tumulto de gente en la zona bancaria, peatones que discuten por celular; mientras revisan papeles en sus bolsos o mochilas, o esquivan a otros apurados por terminar a tiempo .

En los semáforos, los artistas callejeros despliegan sus colores y piruetas, mientras en los refugios de colectivos se agrupan los pasajeros del transporte público.

Las vías del tren y el Parque Central, donde la avenida nace con el nombre de Olascoaga, le cambian el humor a la multitud urbana y los peatones sobre las veredas se mueven en grupos, pero miran vidrieras, se detienen para que los chicos jueguen en algún descanso o compran en un puesto de panchos.

Buscan un taxi, ingresan a una confitería o ver las ofertas de los comercios y quieren ganarle al semáforo en cada esquina.

A partir de la ruta 22, la avenida cambia su perfil : los bulevares vuelven a recuperar el parquizado y en las esquinas los vehículos se agolpan para replegarse hacia los diferentes barrios del bajo neuquino: los coquetos chalets hacia la zona ribereña; o los barrios de esfuerzo propio que le dieron la impronta de zonas tranquilas de viviendas en el bajo.

“Los escritores y la gente de la cultura vienen a escribir en el fresco de la sombra; los jóvenes se sientan en el pasto ”.
Pedro Gil, placero en la zona del microcentro de la ciudad.
Neuquén

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