Guido transita por París con una pincelada de amigos
El viaje del pintor de Villa La Angostura continúa. En esta octava entrega Guido Ferrari se enfrenta a una tormenta en medio del bosque. La gente solidaria alivia el cansancio del viaje, y al llegar a París el arte y los amigos llegan a su punto máximo.
Cruzar el Rin de Alemania a Francia fue algo muy emotivo, intuía que era el fin de una etapa.
Después de Stuttgart Alemania, sentía que ya no tenía mas energías para las montañas, todo el mundo me decía que Francia es llano, pero no, las montañas, aunque no como en los Alpes, seguían demandando un gran esfuerzo.

Al parecer fui escuchado y, al segundo día en Francia, iba por una calle de tierra, entre viñedos, la lluvia estaba llegando de atrás de la montaña. Un hombre en un tractor gigante se paró a mi lado y me empieza a gritar, para traspasar el ruido del motor. Le pregunté si hablaba inglés, porque yo no hablo Francés y me preguntó a dónde iba. La charla fue incómoda con el ruido del tractor y la hija a su lado, que al parecer tenía, síndrome de Rett o algo que no soy capaz de describir, no paraba de golpearse muy fuerte y gritar.
Él me ayudo muchísimo, y no creo que sepa cuánto. Me contó que si iba a Hagenau, una de las ciudades más grandes de alrededores, encontraría un canal que me podría llevar directamente hasta París, mi objetivo. Ni lo dude. Los canales no tienen mucha diferencia de elevación entonces no tendría que esforzarme tanto.
Contra el clima
Los siguientes días fueron raros: viento en contra y lluvias constantes, varias situaciones fueron de mucho peligro. Una noche cerca de Hagenau me adentré 10 kilómetros en un bosque de árboles inmensos. Allí encontré un lugar refugiado, la noche llegó y con la luz de la luna, los vientos empezaron a ser más y más fuertes.

Recuerdo a las 23 me desperté y salí de la carpa; las copas de los arboles se revoleaban de lado a lado y no podía creer lo que empezaba a vivir. Traté de dormirme de nuevo, pero una hora después los vientos eran más fuertes aún. Árboles inmensos y ramas empezaron a caer en todo el bosque. Salí de la carpa para ver si habían espacios para protegerme, pero no veía con claridad.
Estaba a 10 kilómetros de la autopista y desde la autopista a unos 20 kilómetros más de Hagenau, así que decidí pasarla mal dentro de la carpa. Cada vez que un árbol se caía me acurrucaba en la esquina de la carpa que chocaba contra un gran árbol. Los vientos no cesaron hasta que salió el sol, alrededor de las 7:30 ni bien sentí los primeros rayos, armé todo rápido y salí volando.
Cuando sale el sol
Efectivamente llegue a Hagenau, ahora debía encontrar el canal. Compré algo para almorzar y cenar, pregunté cómo podía llegar, el sol empezó a sentirse cariñoso, luego de tanta lluvia. En el camino una mujer me vio con todo el circo de la bici. “Bounjour” y una sonrisa, a la que respondí, empezamos a hablar en inglés. Me ofreció frutos de su huerto para motivar el viaje y me mostró dónde estaba el canal.
Llegar al canal fue una hermosa emoción, era un extravagante proyecto de unir capitales con estos canales y transportar diferentes materiales de diferentes granjas, hoy en día lo usan como paseo de barcos.

El canal tiene ruta para la bicicleta y depende de la región algunas pavimentadas y otras huella en la tierra. Por lo que el camino se hizo mucho más fácil y agradable.
En un momento el canal se metió en un parque nacional, realmente olvidado con una energía muy pesada. Cazadores que no saludaban y en cada exclusa una casa abandonada, que en otro momento fue una vivienda de familia en el medio de la naturaleza.
A veces debía alejarme del canal porque la huella estaba muy invadida por la naturaleza, fue así que pasé Nancy y me metí en una ruta paralela a la autopista, no tan linda cómo el canal, pero más directa.
La bici ya se venía quejando cientos de kilómetros. Luego de una gran bajada, por tierra, los rayos cedieron por el peso del equipaje y se quebraron, por lo que tuve que continuar caminando hasta el siguiente pueblo. Había mucho que arreglar y no tenía mucha plata para invertir en la bicicleta, así que 200 km antes de llegar a París decidí dejar la bici tirada en algún pueblito y continuar en transporte público. Así fue que al siguiente día llegué a París.
“Hola paisano”
Uno de los primeros días en París, iba caminando por una zona para nada turística y un hombre me ve en la misma cuadra y me dice “ah! vos sos mas campero que yo” Maxi es de la Pampa bonaerense y tiene hace 9 años una linea de carnicerías, nos tomamos unos mates, nos intercambiamos las historias y a la noche me invitó a un evento a pintar en vivo en el que él cocinaría.
Lo ayude con lo que pude y a la noche empezaron a llegar las personas, un mundo de argentinos afrancesados, entre ellos el expresidente de Francia François Hollande, nótese el divertido contraste: yo volvería esa noche a dormir a los bosques en las afueras de París. Concreté dos ventas esa noche con lo que me sirvió para ir más cómodamente a los museos de París.

Adopté una linda rutina allí conociendo los museos y durmiendo en el bosque. Una amiga me prestó el código de las bicis de la ciudad, así que seguía sobre ruedas.
Pintar el Sena, o pintar desde cualquier punto en París es demasiado cliché, pero no me impediría hacer mi labor e hice muchas amistades.

Nunca me había sentido tan saturado de arte, en el Louvre estuve 12 horas el día que abren largo, completo y así con los siguientes. El 18 empezaría la exhibición en la que formaría parte mi pintura, en el Carrousel du Louvre y Reinold, un amigo que hice en los Alpes vendría a pasar el fin de semana, así que terminamos yendo a un montón de museos.
Al finalizar saco ticket de bus a los Alpes, para realizar la siguiente exhibición en Bludenz Austria.
Página www.guidoferrari.com Facebook: Guido Franco Ferrari Instagram: Guido Franco Ferrari
Cruzar el Rin de Alemania a Francia fue algo muy emotivo, intuía que era el fin de una etapa.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora